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Dayrí Blanco

Son las 7:00 p.m. de un día cualquiera. Solo una de las
cuatro freidoras de papas fritas está encendida. Es suficiente con eso y con
los dos únicos trabajadores del lugar, uno de ellos aprendiz. Entre ambos
reciben pedidos, cobran, hacen facturas, cocinan, entregan las órdenes, limpian
y vigilan en el lugar. Pero no hace falta más nadie. Ya no hay clientes
esperando por una mesa ni una larga fila. Eso es historia del pasado. La
realidad es que en más de 60% han caído las ventas en ese y el resto de los
restaurantes de las ferias de comida de la ciudad.

Samuel Cordero tiene cuatro años siendo parte de la nómina
del sitio. Recuerda que alrededor de 100 personas en cada una de sus cuatro
cajas se atendían en seis horas de jornada en ese lugar. Ese número cambió.
Ahora solo facturan unas 150 compras por una única taquilla que se habilita, lo
que es igual a una disminución de 62,5%.

El personal tampoco es el mismo. En horas pico al menos
cuatro cajeros, cuatro asistentes de barra, seis cocineros y dos supervisores
estaban activos. La nómina se redujo a máximo cuatro personas por turno que es
lo que permite de manera ajustada la estructura de costos, explicó el gerente.

Dos locales más a la derecha hay un negocio de comida
asiática que siempre lucía repleto. Ya cerca de las 8:00 p.m. solo dos personas
esperaban por hacer su pedido y tres de las 15 mesas estaban ocupadas. La falta
de variedad ha sido determinante en ese lugar. De un menú compuesto por 20
platos solo pueden ofrecer tres como consecuencia de la escasez de ingredientes
básicos. “Estamos haciendo hasta lo imposible por no cerrar”, explicó uno de
los supervisores.

Lo mismo pasa en una de las pizzerías del centro comercial.
Luzmila Orca, acostumbrada a pedir una “especial”, tuvo que hacer algunas
variaciones al cambiar maíz, champiñones y salami por tocineta y doble ración
de queso. También se evidenció la falta de opciones en cuanto a la bebida
cuando la empleada del lugar dijo “solo hay té de limón”.

Ya pasadas las 8:30 p.m. la desolación se instaló en la
feria de comida. “La gente se va a sus casas temprano”, exclamó una trabajadora
de la empresa de mantenimiento. La inseguridad ha sido factor fundamental para
que la actividad termine más temprano y los últimos clientes coman más rápido o
hagan sus pedidos para llevar.




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