Seis niños fallecieron por falta de fármacos y práctica de quimioterapias en la Fundación Hospital de Especialidades Pediátricas (FHEP) del estado Zulia
Fundación Hospital de Especialidades Pediátricas (Foto referencial).
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Scarlet abraza el libro de vida de su hijo, Ángel. No necesita consultarlo con frecuencia. Su memoria es casi prodigiosa, no hay nombre de medicamentos contra el cáncer o cuentas de plaquetas que olvide.

El cuadernillo es una bitácora del tratamiento de quimioterapias al que se sometía el pequeño desde diciembre. Su colorida portada es fachada de los datos que evocan una terrible enfermedad: la leucemia. Lagrimea al hojearlo. Sus páginas repasan su semana más infernal.

“El martes murió Camila. Johnny siguió el jueves. Natalia el sábado”. Esa misma tarde falleció su pequeño Ángel. “El domingo falleció Valerie Mora, una pequeña con síndrome de Down. El lunes, Rusmary; y el miércoles, Michell Palmar”.

A la lista suma tres niños más del departamento de Oncología del Hospital de Especialidades Pediátricas de Maracaibo. En total, 10 menores perecieron en solo ocho días entre el martes 2 y el miércoles 10 de mayo.

Scarlet junto a Sergio Ortega, su esposo. Tratan de hallar una explicación a la neumonía que menguó la vida de su hijo hasta extinguirla.

Sospechan de los efectos de una bacteria que pudo haberse fortalecido por las fallas de los aires acondicionados del centro. Maracaibo tiene un promedio de sensación térmica de 35-40 grados centígrados.

Culpa del tiempo perdido en sus intentos de adquirir medicinas en largos y costosos viajes a Colombia. Desconfían del médico residente quien, durante 11 horas de quejidos del niño, no logró detectarle la neumonía que colapsó la mañana siguiente uno de sus pulmones.

Ángel había sido declarado sano tras su tercer bloque de quimioterapias, pero continuaba con en tratamiento preventivo. Las muertes repentinas alimentan el temor entre los padres de los sobrevivientes.

Sergio exige una respuesta. Quiere que le aclaren la muerte de su hijo. No quiere que sigan muriendo más niños.

El Hospital de Especialidades Pediátricas, inaugurado en 1999 y dependiente de una fundación integrada por médicos, funcionarios de la Gobernación local, dirigentes empresariales, alcaldes y benefactores, es lo que los ciudadanos llaman “una tacita de oro”. El coloquio reserva el apodo a las instituciones que operan con eficiencia, pero esos nichos de honorabilidad escasean hoy en Venezuela tanto como las medicinas, los equipos médicos y los tratamientos a tiempo.

 

En el centro asistencial hay atención especializada en áreas de Consulta, Pediatría, Cuidados Intensivos, Terapia Respiratoria, Oncología, Odontopediatría, Laboratorio, Imágenes, Banco de Sangre, Hospitalización, Unidad de Cirugía del Pie y Oncología.

Tiene incluso una unidad de Psicología para pacientes y parientes, donde reciben asistencia para sobrellevar sus padecimientos e, incluso, sus duelos.

Se calcula que el hospital atiende 2.000 pacientes cada día.

Contexto de muerte y escasez

Image captionDoctores denuncian la importación de medicamentos a Venezuela desde la India sin ningún control de calidad.

La sucesión de muertes infantiles es atípica en Especialidades Pediátricas. Inédita. Hasta el episodio de mayo, se le creía el único hospital inmune al déficit de insumos o los problemas de infraestructura en una Venezuela lúgubremente acostumbrada a los decesos en masa.

Hace un año, hubo reportes del fallecimiento de 11 neonatos en una semana en el hospital José Gregorio Hernández de Amazonas. En el hospital de Cumaná fallecía un promedio de un niño cada 24 horas. Solo en un centro materno de Cumaná murieron 26 infantes en un mes.

El ministerio de Salud divulgó a inicios de mayo su primer boletín oficial en dos años, en el que admite un aumento de 30 por ciento en la mortalidad infantil, de 65 por ciento en la fatalidad materna y de los casos de enfermedad del tercer mundo como la malaria o la difteria.

 

Disfraz interno, perjuicio importado

Jorge Aguilar labora en el hospital desde el 2000. Como cirujano y urólogo pediátrico, ha atestiguado su involución. Denuncia que la falta de medicamentos y de una infraestructura de calidad se agrava con la politización de los servicios.

Acota que el hospital importa fármacos, suturas y adhesivos de la India, que a su juicio, no tienen control de calidad porque no causan efecto alguno en el paciente, pues la concentración de sus componentes no serían las que dictan sus recipientes.

Cuando operan, los médicos de Especialidades Pediátricas no tienen ni siquiera jabón para desinfectar sus manos. Tampoco hay gasas, ni insumos esenciales, cuando operaban realmente. Hace un mes comenzaron a pintar el pabellón y desde entonces no hay cirugías.

Pavor ante la muerte

Anyelin tiene terror. Erick, su niño de siete años, tiene leucemia linfoblástica aguda desde hace cinco años. Hoy duda de si Especialidades Pediátricas es sinónimo de esperanza o de fatalidad. Anyelin ha tenido que comprar insumos que no hay en el centro. Erick ha tenido que recibir el tratamiento incompleto.

Participó en una protesta colectiva hace dos semanas: madres armadas con pancartas y niños con sus tapabocas hablaron con la prensa en el hospital. Yésica Páez contó entonces que cinco de los 10 compañeros de cuarto de su hija, Estefany, fallecieron en cuestión de días. No quiera que su hija se sume al conteo.

Richard Hill, secretario regional de Salud, quien también preside la fundación que rige el hospital. Admitió la escasez de fármacos por algunas fallas en el Seguro Social, que centraliza la administración, dotación y distribución de medicinas de alto costo.

“El propósito del hospital es contribuir en la mejora de la calidad de vida y la disminución de la morbilidad infanto-juvenil. El paciente y su representante es tratado con respeto y amabilidad”, expresó en un comunicado reciente.

BBC Mundo.

 




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