Estos ataques incrementan la preocupación sobre la creciente situación de inseguridad en Afganistán, donde unos 10.000 soldados estadounidenses ayudan a las fuerzas afganas. (Foto AFP)
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Cerca de 50 muertos y un centenar de heridos fue el saldo de una serie de atentados este martes en tres diferentes ciudades afganas, entre ellas la capital Kabul, escenario de un ataque contra un anexo del Parlamento, reivindicado por los talibanes.

Al menos 30 muertos y 80 heridos se registraron en la capital en el doble atentado perpetrado por un kamikaze a pie que se hizo detonar al lado de un bus que esperaba a los empleados del legislativo a la hora de salida del trabajo y poco después por un coche bomba.

“El balance se puede agravar dado que algunos heridos se encuentran en estado crítico”, dijo  una fuente del ministerio de Salud.

Una fuente de los servicios de seguridad afirmó, por su parte, que entre los muertos figuraban cuatro policías, en su mayoría miembros de los servicios de inteligencia afganos.

Los insurgentes talibanes reivindicaron inmediatamente estas dos explosiones.

El portavoz talibán Zabihulá Muyahid aseguró que las explosiones tenían como objetivo un vehículo perteneciente a la principal agencia de inteligencia de Afganistán.

 

La mayoría de las víctimas son civiles y entre ellos empleados del parlamento, declaró un responsable de seguridad que pidió el anonimato.

Otros atentados en el interior

Por la mañana, un kamikaze mató a siete personas al hacerse estallar en Lashkar Gah, la capital de la volátil provincia de Helmand, en el sur del país, informó el jefe de la policía local.

Y por la noche doce personas murieron en un atentado contra residencia del gobernador de Kandahar (sur). Resultaron heridos el gobernador y el embajador de Emiratos Árabes Unidos, dijo el jefe de policía local, Abdul Raziq.

Reiterados intentos para lanzar negociaciones con los talibanes fracasaron recientemente y se espera que tras el invierno comience una nueva temporada de violentos enfrentamientos.

Estos ataques incrementan la preocupación sobre la creciente situación de inseguridad en Afganistán, donde unos 10.000 soldados estadounidenses ayudan a las fuerzas afganas a combatir a los insurgentes talibanes, además de a los combatientes de las organizaciones yihadistas Al Qaida y Estado Islámico.

Afganistán aplaudió la semana pasada la decisión del Pentágono de desplegar más de 300 marines en Helmand, donde las tropas norteamericanas habían participado en intensos combates hasta que su misión finalizó en 2014.

Los marines llegarán a esa región productora de opio la próxima primavera boreal para cooperar con una misión dirigida por la OTAN en el entrenamiento de fuerzas afganas. Esta ayuda es considerada como una muestra más de que las fuerzas extranjeras están regresando crecientemente al país a medida que el conflicto se agrava.

Afganistán mereció apenas una breve mención en la agria campaña presidencial estadounidense entre Donald Trump y Hillary Clinton, pese a que la situación en este país azotado por la guerra será uno de los temas más urgentes para el nuevo inquilino de la Casa Blanca.

Trump, que tomará sus funciones en Washington el 20 de enero, ha dado pocos detalles sobre su futura política exterior y aún menos sobre cómo piensa abordar la guerra en Afganistán.




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