Un joven revisa su celular mientras descansa en el piso de un salón de clases en Tampa. (AFP)
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“Voy a rezar mucho, mucho, con mi papá y mis hermanas”, asegura Keilyn Mora en un refugio para personas evacuadas en Florida, donde pasará la noche ante la inminente llegada del huracán Irma a Estados Unidos.

Esta adolescente de 16 años, de origen costarricense, aprovecha sus últimos momentos al aire libre en este centro de la ciudad de Naples, en la costa suroeste.

El lugar, ya golpeado por los primeros vientos que anuncian el devastador ciclón que ha dejado 25 muertos en el Caribe, fue escogido por sus robustas edificaciones y su lejanía del mar.

El albergue tiene un gimnasio, una piscina con toboganes, un sendero con palmeras y un cuidado jardín.

(Foto AFP)

Las decenas de personas llegadas son acomodadas en distintas salas, que no tienen ventanas o cuyos accesos están protegidos en caso de inundaciones, una de las potenciales consecuencias del huracán.

Las autoridades estatales estiman que 6,3 millones de habitantes han recibido la orden de evacuación, equivalente a más de la cuarta parte de la población de Florida.

Irma se aproxima al sureste de Estados Unidos como categoría 3 –en una escala de 5–, pero las previsiones indican que se fortalecerá antes de tocar tierra el domingo por la mañana.

– Mascotas –
El refugio también admite mascotas: se les ha destinado una zona contigua a donde duermen sus dueños.

Habilitar albergues que aceptan animales de compañía ayuda a convencer más fácilmente a las familias a desalojar sus hogares, ya que muchas prefieren quedarse en casa antes que abandonarles.

Florida es un estado donde viven muchos jubilados, atraídos por el buen clima.

Pero la península, especialmente la zona de Naples, será golpeada el domingo por vientos de “enorme poder destructivo”, advirtió el sábado el presidente Donald Trump.

Robert Nicodemo, un médico retirado de 71 años, reside en el tercer piso de un edificio construido hace un año y confía en que aguantará los embates de las ráfagas, pero su familia insistió para que se fuera a un lugar más seguro.

Al final, este dominicano que lleva cuatro décadas viviendo en Estados Unidos admite que se ha dejó vencer por el miedo.

– Un amigo de hace 60 años –
“Me asusté, mucho. No solo por mí, recibí llamadas de mi hija, de mucha gente, y mensajes, todo el mundo estaba preocupado, incluso recibí una extraña llamada de un amigo a quien no he visto en sesenta años”, relata.

Finalmente se fue al refugio con su esposa y su pequeño yorkshire llamado Charlie, convencido de que no se arrepentirá de haberse ido.

Viviana Serra también dejó su casa y se instaló con sus padres, un hermano y su perro.

“Siempre podremos reparar los daños materiales, pero no las vidas”, reflexiona esta empleada de hotel.




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