(Foto @PresidencialVen)
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El presidente Nicolás Maduro, quien logró este domingo sacar adelante la elección de una controvertida Asamblea Constituyente, es un exconductor de autobús y protagonista de una de las mayores crisis de Venezuela.

“Es la votación más grande que haya sacado la revolución bolivariana en toda la historia electoral en 18 años”, celebró Maduro, luego que el poder electoral anunció que sufragaron más de ocho millones de ciudadanos, 41,5% del padrón electoral, en una contienda a la que no acudió la oposición por considerarla “fraudulenta”.

De 54 años, es el heredero político del fallecido Hugo Chávez, quien lo ungió tres meses antes de su muerte -el 5 de marzo de 2013- para que liderara la “revolución bolivariana”.

Sin el carisma de su mentor, intenta imitarlo con apariciones diarias en televisión, un vocabulario popular y discursos cargados de retórica antiestadounidense y denuncias de golpe de Estado.

Pero también ha ido construyendo un estilo propio. Maneja su camioneta y tiene cuentas prácticamente en todas las redes sociales.

En plena ofensiva opositora para sacarlo del poder mediante un referendo revocatorio que fue cancelado, lanzó en 2016 “la hora de la salsa”, un programa radial en el que hacía gala de bailarín.

En las tarimas suele bailar con su esposa, Cilia Flores, a quien llama “primera combatiente”, y toca la tambora.

Todo ello enfurece a sus oponentes, que le llaman “dictador” y le reprochan que se divierta cuando el país vive un colapso económico y protestas que dejan unos 125 muertos en los últimos cuatro meses.

“Amargados”, les responde Maduro, elegido hasta 2019 y quien suele poner motes a sus principales adversarios como “cejotas”, “capriloca” y “pichón de Hitler”.

– A contracorriente –
Maduro gobierna desde el primer día en convulsión, pues un sector opositor impugnó su triunfo por estrecho margen sobre Henrique Capriles, quien lo llama “vago” y le critica que engorde mientras otros venezolanos sufren la escasez de alimentos o buscan comida en la basura.

Con poco más de un año en el gobierno, los precios del petróleo cayeron 50%, una calamidad para un país históricamente dependiente del crudo.

Su popularidad se derrumbó hasta 21,8%, según Datanálisis, lejos de la alta aprobación de un Chávez que se zambulló en petrodólares.

El gobernante atribuye la crisis a una “guerra económica de la derecha”, apoyada por Estados Unidos, para derrocarlo y se justifica en que la oposición no le ha dado un solo día de tregua.

En 2014 enfrentó una primera ola de manifestaciones liderada por el opositor Leopoldo López, que dejó 43 fallecidos.

– Sin el liderazgo de Chávez –
“Será madurista, pero chavista no es”, comentó a la AFP la exministra Ana Elisa Osorio, resumiendo el sentimiento de un sector de la izquierda que ve cómo la revolución se desmorona.

Osorio y otros exministros chavistas como Héctor Navarro consideran que Maduro pasó la raya con la Constituyente, al no someter a referendo su convocatoria y elegirla con reglas “amañadas” para eliminar contrapesos.

Pero el mandatario afirma que es el mayor defensor del legado de Chávez, quien lo definió como “un revolucionario a carta cabal”, y que su intención es mejorar la Carta Magna que promulgó su padre político en 1999.

También reivindica que hace de “tripas corazón” para mantener los programas sociales que catapultaron al chavismo, una fuerza que desde el origen estuvo ligada al ingreso petrolero y acusada de una profunda corrupción.

Vivió el mayor revés oficialista con la pérdida del Parlamento en 2015 a manos de la oposición, pero maniobró con el apoyo de los militares y los poderes judicial y electoral.

– Rockero y católico – 
Nacido en Caracas, se declara católico y en su adolescencia fue guitarrista de una banda de rock llamada “Enigma”. Está casado con Cilia Flores, poderosa dirigente y ahora constituyente. La oposición asegura que nació en Colombia, pero él lo niega.

De 1,90 metros de estatura y poblado bigote negro, es padre de “Nicolasito”, también aspirante a asambleísta fruto de un matrimonio anterior a Flores.

“Es un buen político, pero no un estadista”, opina Nicmer Evans, politólogo chavista crítico del actual gobierno.

Exsindicalista del Metro de Caracas, recibió formación comunista en Cuba en los años 1980 y con frecuencia viaja a la isla.

Antes de ser canciller presidió el Parlamento (2005-2006), aunque su actividad legislativa arrancó en 1999, elegido por un movimiento que fundó Chávez.

Sus destinos se habían cruzado en el Movimiento Bolivariano Revolucionario 200 (MBR-200), con el que Chávez lideró un fallido golpe de Estado en 1992 contra Carlos Andrés Pérez.

Los chavistas disidentes, como la fiscal general Luis Ortega, han mostrado preocupación por lo que consideran derivas autoritarias de Maduro para mantenerse en el poder.

“Maduro se ha convertido en el dueño y señor que decide qué se hace y qué no”, comentó Osorio.




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