La cifra de los niños que viven en inseguridad alimentaria en Valencia es alarmante.  Al menos 500 menores sufren de desnutrición en la otrora ciudad industrial más grande de Venezuela, cuya nueva generación padece los embates de la crisis económica, política y social que atraviesa el país.

Mía tenía apenas tres años cuando llegó al comedor de Alimenta La Solidaridad en Trapichito, al sur de Valencia. Su extrema delgadez no le permitía sostenerse en sus propios pies. Llegó a la sede de la organización en brazos de su madre, quien pedía  ayuda porque no podía alimentar a sus nueve hijos.

Tres de los hermanos tenían una condición más crítica para el 2019. Ellos fueron incluidos en un programa de desnutrición avanzada. Poco a poco fueron subiendo de peso y Mía parecía otra niña. Ya iba al comedor caminando.

Con la llegada de la pandemia las actividades en el comedor cambiaron: Los niños ya no comían en la pequeña sede, sino que llevaban sus tazas y regresaban a sus casas para comer. También el programa aumentó de 40 a 140 niños beneficiados solo en ese lugar.

 

Durante la pandemia, Alimenta La Solidaridad vio la necesidad de crear más comedores. De cuatro pasaron a nueve. Entre 480 y 520 niños fueron evaluados por médicos que colaboran con la organización, quienes determinaron que tenían problemas relacionados con desnutrición o inseguridad alimentaria. “Todos estos chamos que están en diferentes comedores en el municipio Valencia sufren de desnutrición. 140 de esos niños entraron en el programa de desnutrición avanzada”, comentó Néstor Olleros, coordinador en Carabobo de Alimenta La Solidaridad.

El pasado enero, la organización  evaluó nuevamente a los niños: Mía había bajado de peso porque las tres tazas de comida que llegaban a su vivienda eran dividas entre todos los hermanos. Entonces, abrieron espacio para alimentar a todos los hemanos, contó Olleros. Ya para este mes de abril Mía logró subir de peso y, aunque no está en el ideal, no está en peligro de morir.

En un intento por combatir la inseguridad alimentaria, el coordinador de Alimenta La Solidaridad dijo que a diario proporcionan almuerzos a los niños, con una carga calórica por encima de los 700  a base de arroz, proteínas, vegetales. Es un menú realizado por un nutricionista, muy necesario para la recuperación de los niños.

Además, cuentan con “super alimentos” hechos a base de maní, con una alta proporción calórica. Según el nutricionista, estos no pueden ser consumidos por niños con desnutrición extrema, pues primero deben recuperarse para que luego los vayan consumiendo progresivamente.

Desnutrición y salud

La desnutrición es consecuencia de la privación nutricional, pero también puede estar relacionada a problemas de salud.

De acuerdo a la estimación de Cáritas, 14.4% de los niños que llega pidiendo ayuda a esa organización sufre de desnutrición moderada y severa. “Es una cifra alta. Son niños severamente desnutridos y que pueden morir en seis semanas”, dijo Susana Raffalli, nutricionista especializada en gestión de seguridad alimentaria, en una entrevista concedida a La Vida de Nos.

En 2020 se estimó que unos 190 mil niños padecían desnutrición aguda y otros 100 mil estaban severamente desnutridos. Son niños en situación de pobreza, que tienen cinco vez más riesgo de morir con enfermedades asociadas. “Hay niños que se salvan de una desnutrición aguda, pero vuelven a hacer otro episodio el mes siguiente.También está el niño que nunca hace una desnutrición aguda porque come suficiente para no bajar de peso, pero sin los nutrientes adecuados, es lo que se conoce como desnutrición crónica, que no se expresa por la delgadez o pérdida de peso, sino que se mueve entre la privación nutricional y dejar de crecer”.

De acuerdo a la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (Encovi) sobre seguridad alimentaria en los hogares, en el 2018 de cada 10 hogares solamente uno podría categorizarse como Sin Inseguridad Alimentaria (SIA).

Crece el porcentaje de hogares en Inseguridad Alimentaria Moderada (IAM) porque, más allá de la preocupación por la falta de alimentos, que durante el tiempo de pandemia subió de 88% a 93%, también hay ajustes en la disponibilidad de recursos que afectan la calidad de la dieta. De cada cuatro hogares, en al menos uno la inseguridad alimentaria es severa porque se conjuga la angustia por la falta de alimentos, con el hecho de que hay menos recursos para atender cantidad y calidad de la dieta.




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