“La historia cuenta lo que sucedió; la poesía lo que debió suceder”. Aristóteles

Hace varios años, al momento de recibir el Doctorado “Honoris Causa” que le otorgaba la Universidad de Carabobo, escuchábamos decir al insigne poeta Rafael Cadenas, en un tiempo ávido de poesía y saturado de política…”La megalomanía de los presidentes es más costosa que la inflación…Nuestro país tiene una Constitución que no es buena, porque una persona se sitúa por encima de ella para hacer su voluntad, y una Constitución burlada, no es una Constitución”… En una condensada exposición, nos recordaba que la poesía obedece a la circunstancia misma de la vida del poeta, pues hablando por todos, el poeta toma la voz de los no escuchados. Y entre prosa y relato, nos llevó en un recorrido en aquel bucólico tren que le llevaba a Caracas… y de allí al exilio, al oponerse al régimen perejimenista, como militante del PCV.

Definitivamente, política y poesía comparten su raíz con la expresión griega poiesis que significa básicamente crear. En su vehemente defensa de la Universidad libertaria presentó como una inseparable simbiosis a ésta con la Democracia….”Ambas van juntas. La Universidad es la ciudadela del pensamiento sin ataduras…”

En estos aciagos momentos, cuando no es fácil encontrar ni rima ni musa, cuando la estrofa se escapa y el verso es un fugitivo, es la hora de valorar la condición del poeta y de su entorno, particularmente cuando el antagonismo se encuentra tan a flor de piel, tal vez como diría algún iracundo bardo, llega ese momento en el cual la poesía sustituye toda idea de subordinación.

Apartando elementos rítmicos, ya que hoy y aquí la métrica la marca un compás totalitario, henos enfrentados a un régimen que se empeñó en la fractura social, estimulando el resentimiento; en tanto que los poetas quieren la concordia y la armonía para poder expresar la bondad de su prosa sin ataduras, angustias o temores. Henos ante un régimen que se dice defensor de la cultura, pero tan sólo se empeña en controlarla, pues sabe muy bien que en la historia siempre llega ese momento en el cual la fuerza de la cultura se une y enfrenta con coraje y decisión a la totalitaria imposición del hegemón; pues el noble canto del poeta siempre llega al corazón del desdichado, del desamparado y del olvidado, allí radica la fuerza de un poeta.

La poesía, aun siendo “irremediablemente subjetiva” – tal como sostenía Sartre – lleva consigo, en su significación última, una tremenda carga social; su esencia, su vitalidad y su sentido han de buscarse no tan sólo en el lenguaje convenido, sino en la sensibilidad y en la razón de cuanto defiende.
Así la encontramos en las raíces de nuestra historia contemporánea, en la palabra inmortal de Andrés Eloy Blanco, “El poeta del pueblo” de quien encontramos la universalidad de su pensamiento cuando se dirige, en septiembre de 1948, no sólo al auditorio de las Naciones Unidas, sino a toda la Humanidad (recordemos que para esa época, se iniciaba la Guerra Fría) con esta sentencia:…”Hablo del miedo del mundo…No del temor de una nación a otra. Hablo de la inquietud de los hombres, las mujeres y los niños que ignoran qué noche no van a poder dormir o qué día no van a poder despertar, hablo del sobresalto de la Humanidad inocente de todas nuestras naciones…Hablo de esa clase de miedo íntimo y familiar que no permite al mundo su propia recuperación…”.

Citando a Rimbaud, poco antes de morir, Octavio Paz – otro gran poeta desilusionado del comunismo – nos ilustraba acerca de la poesía de esta manera: “La poesía quiere cambiar la vida. No piensa embellecerla como piensan los estetas y los literatos, ni hacerla más justa o buena, como sueñan los moralistas. Mediante la palabra, mediante la expresión de su experiencia, procura hacer sagrado al mundo; con la palabra consagra la experiencia de los hombres y las relaciones entre el hombre y el mundo, entre el hombre y la mujer, entre el hombre y su propia conciencia…”

Recientemente el poeta Rafael Cadenas recibió el más importante premio para la poesía hispanoamericana: el Premio Reina Sofía.
En esta ocasión, dejando de lado el suave verso y la expresión lírica como tal, expresó:
“El totalitarismo ha sobrevivido y ha vuelto, y no hay que descuidarse…hay que defender la democracia, puesto que, está siendo amenazada en muchos países… La democracia trasciende de lo político llegando incluso a ser algo espiritual… En Venezuela llegó a haber práctica democrática, fueron 40 años luminosos que también tuvieron corrupción, pero fueron los mejores años… Sin embargo, no hubo educación democrática…”




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