Foto: Ángel Chacón
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Dos disparos se escucharon en el Centro Comercial Trigal Sur este lunes a la 1:31 p.m.. Los que se encontraban en el sitio pensaron que se trataba de guarimberos que lanzaban cohetes, pero cuando voltearon a ver se encontraron con el cuerpo de José Luis Acosta de 42 años tirado en el piso.

Un tiro en la cabeza fue suficiente para apagar su vida. Lo querían robar y el hombre forcejeó, incluso logró defenderse por unos instantes de su asesino a quien empujó e hizo caer pero logró incorporarse y le disparó a la víctima. En ese instante sonó la primera detonación, pero luego no tendría tanta suerte cuando el delincuente le disparó por segunda vez

Acosta se encontraba en el segundo piso del centro comercial, frente a la notaría. Esperaba a su esposa que firmaba unos papeles cuando fue abordado por el antisocial. Todo fue muy rápido. La mayoría de los presentes no detalló lo ocurrido, pero uno de los familiares del asesinado, un señor delgado de cabello canoso corrió detrás del delincuente, pero no lo alcanzó. Sin embargo vio cuando se montó en una moto que lo esperaba en la parte trasera del C.C para perderse de vista con un bolso, el anillo de matrimonio y un celular de Acosta.

La esposa del fallecido seguía sentada en un banco de metal dentro de la notaría. Su semblante era devastador. Mirada perdida y un color pálido en su rostro mientras lágrimas brotaban de sus ojos. No quería hablar.

El pasillo en el que se encontraba el cuerpo del fallecido era oscuro. Había muy poca luz. Los locales estaban cerrados y una cinta de “No pase” impedía a los fisgones acercarse a la escena del crimen. La Brigada de Homicidios presente en el sitio hacía el peritaje pertinente mientras recababa evidencias del hecho.

Un grupo de compañeros de trabajo de Acosta llegó al lugar. Llevaban la misma camisa blanca con el logo de una compañía llamada Aptein; la de José Luis estaba manchada de sangre. La víctima se desempeñaba como ingeniero de ventas en la empresa.

Una vez retirado el cuerpo del sitio. Los familiares se colocaron en la entrada del C.C a esperar que el tiempo pasara y a calmar un poco las emociones que en ese momento se encontraban desbocadas. La viuda fue la primera en retirarse.

El hombre tenía un hijo de dos años al que aún no le han revelado el estado de su padre. El llanto inundaba los pasillos desolados del lugar, mientras unos obreros del antiguo Abasto Bicentenario comentaban sobre lo ocurrido.




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