CHET
(Foto: Archivo)

Fueron varios los momentos cargados de esperanza los que vivió Elianne Riera en el área pediátrica de la Ciudad Hospitalaria dr. Enrique Tejera (CHET). Elías, su hijo de 10 años, mostró signos de recuperación determinantes, tras ser diagnosticado de leucemia, mientras sorteaban la precariedad del sistema de salud al que pudo sobrevivir por cerca de tres meses. Pero no aguantó más. Murió y quedan muchas preguntas sin respuestas para su familia.

Todo comenzó el 29 de octubre para ellos. Llegaron a la capital carabobeña desde Tucacas, su lugar de residencia en el estado Falcón. Lo hicieron para asistir a consulta médica ante los hematomas que tenía el niño en su piel.

La doctora que lo examinó pensó que se trataba de algo grave. No se equivocó. Hizo algunas llamadas hasta lograr el cupo en la CHET y pidió a sus padres que lo llevaran para allá. “El objetivo era que lo hidrataran bien y después le hicieran el aspirado de médula ósea”, relató Elianne.

Ese día no pudieron regresar a Tucacas. Los valores hematológicos de Elías estaban muy bajos y el 1 de noviembre llegó el resultado que cambió sus vidas: leucemia promielocítica aguda.

El drama de estar hospitalizado en la CHET

Los especialistas estaban optimistas. Le indicaron a Elianne que había muchas probabilidades que con el primer protocolo de quimioterapia el panorama de Elías iba a mejorar. Y realmente fue un tratamiento que toleró bien, salvo algunas lesiones que le salieron en el interior de la boca.

Pero no todo era buenas noticias. “Agarró una bacteria en el hospital comenzaron a administrarle una serie de medicamentos, ya no era solo la quimioterapia sino también para combatir la bacteria”.

Ella está segura de que ese microorganismo ingresó al cuerpo de Elías en el baño del hospital que calificó como “horrible”. Así como ella, el resto de las madres se encarga de la limpieza del lugar. Lo hacen con vinagre o alcohol, lo que tengan a la mano. Al personal de mantenimiento lo veía en las habitaciones cada tres o cuatro días, que es igual a solo una vez a la semana.

Y mientras se enfrentaban a esa desidia también tenían que comprar medicamentos, insumos y mandar a hacer análisis de laboratorio en centros privados. Diariamente gastaban alrededor de 200 dólares en eso por la escasez que existe en la CHET.

El 17 de diciembre le dieron el alta médica momentánea al niño. “Elías tenía todos los valores bien, hemoglobina en 14, plaquetas en 280 mil, la médula estaba funcionando, todo estaba perfecto, pero tenía la tensión alta”.

La orden de los especialistas era que regresaran el 20 de diciembre para iniciar el segundo protocolo de quimioterapia que recibió hasta el 24.

La CHET: II parte

La respuesta del niño fue igual que durante el primer tratamiento, “solo tenía llagas en la boca”. Estaban en Tucacas el 28 de diciembre cuando Elías comenzó a presentar fiebre y le hicieron los exámenes de rutina “las plaquetas estaban en 10 mil”. Llamaron a la doctora que lo atendía y sin pensarlo les dijo que debían irse a la CHET.

Llegaron el 30 a la emergencia pediátrica y no recibieron la atención esperada. En esa área del hospital solo le pusieron la vía a Elías “y las enfermeras estaban apuradas por subirnos a piso donde no había personal”.

Elianne tuvo que subir primero y limpiar la camilla en la que acostarían al niño, después su esposo fue quien lo llevó desde la emergencia. Estuvo por cuatro horas sin atención hasta que a las 7:00 p.m. llegó la coordinadora de enfermería, solo ella estaba esa noche en ese departamento, y le puso hidratación a Elías.

Los días pasaban y el niño no evolucionaba. Era imposible que lo hiciera porque “nunca le pusieron transfusiones para que las plaquetas subieran, siempre había déficit de enfermeros y a la CHET no fue ningún especialista en hematología pediátrica. Supongo que por la fecha. Se les vio las caras después del Día de Reyes, justamente el 7 de enero”.

Un llamado de atención

Elías seguía con fiebre y su madre hacía de todo por bajarle la temperatura mientras, le curaba las lesiones de la boca con medicamentos e insumos que ellos mismos compraban con la ayuda de clientes de su esposo, quien trabaja en una marina de Tucacas. “Uno tiene una farmacia y nos ayudó muchísimo, y otro nos mandaba comida casi todos los días”.

El 12 de enero el niño convulsionó y fue enviado a la Unidad de Terapia Intensiva. Ese día confirmaron que aún tenía las plaquetas en 10 mil. A los pocos días le salió una fisura anal y se complicó, “todos los días me decían que estaba muy delicado”. El 20 de enero le hicieron una colostomía de la que se estaba recuperando, pero dos días después llegó la noticia que nunca pensaron recibir. Elías falleció.

A poco más de un mes de haber perdido a su hijo, Elianne tiene muchas preguntas sin respuestas. Ella cuestiona fuertemente la ausencia de especialistas desde el 30 de diciembre hasta el 7 de enero y que los niños se compliquen por falta de limpieza en un área tan delicada como la de hemato oncología pediátrica, donde los pacientes están inmunosuprimidos. Ya Elías no está a su lado, no lo verá crecer. Ella quiso contar su historia como un llamado de atención para que ninguna otra familia enfrente lo que les tocó a ellos.




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