Foto Rafael Freites
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Existe una crisis que toca de cerca a cuatro millones 200 mil personas en el país. Muchos van sacando cuentas tras el volante. A algunos no les da tiempo de hacer coincidir el presupuesto requerido con lo que tienen en bolsillos y cuentas bancaria; y deben estacionar sus vehículos de forma indefinida, en medio de una escasez que supera 70% en los inventarios de los autopartistas y el incremento de precios en más de 300% durante el último año.

Mauricio Villasmil es contador. Pero se ha vuelto en un experto en reparaciones menores que le han permitido mantener su carro andando. Él prefiere el término “remedar” para definir lo que hace. Primero fue la manilla para abrir la puerta del copiloto. Se partió y luego de tres semanas buscándola en varias casas de repuestos la consiguió en 35 mil bolívares que es lo que en promedio gana en una quincena, así que aceptó la sugerencia de un compañero de trabajo y con un producto que le prestó logró pegar el accesorio que dejó de producirse en el país porque los costos eran más elevados que importarlos, pero ahora tampoco se compra en el exterior por las trabas cambiarias.

Por la autopista Puerto Cabello-Valencia una piedra golpeó con fuerza el parabrisas. Varias grietas se hicieron visibles en ese momento. “En otro momento simplemente hubiese pensado en cambiarlo”. No pudo. Incluso era más caro de lo que imaginó. Así que usó cinta transparente con pega para evitar que la pieza se rompiera más.

Después fue el turno de un caucho. Mientras regresaba a casa una noche olvidó un hueco en la autopista que ya tenía memorizado. El impacto fue tan fuerte que incluso el rin se dobló, ese mismo que salía de las líneas de Rualca hasta junio de 2008, cuando fue expropiada en medio de aplausos oficiales y que no solo cambió el nombre a Centro de Producción de Rines de Aluminio (Rialca), sino que implicó una caída de 95% en la manufactura al pasar de  30 mil rines semanales a mil 500 en promedio. La escasez del rubro es la consecuencia más directa. Así que tuvo que tomare la mañana de un domingo para devolverle su forma con golpes.

La inflación le ganó la carrera

El neumático fue sencillo repararlo. Un parche fue suficiente esa vez. Pero conforme pasaban los días se dio cuenta que al menos uno tenía que cambiarlo con urgencia, y aunque lo intentaba nunca alcanzaba a reunir lo que necesitaba para comprarlo. Ya cuenta nueve meses usando el transporte público para cumplir con su rutina diaria. Fue mientras iba camino a la oficina cuando escuchó el sonido que pudo descifrar de inmediato. Necesitaba 45 mil bolívares en abril, y cuando logró tener el dinero completo ningún establecimiento formal o informal tenía el producto. Esperó pacientemente, fue un cliente insistente, se anotó en varias listas de espera, y hasta pidió citas por internet en tres comercios, y cuando por fin lo llamaron de uno, en junio, tenía que pagar 90 mil por un caucho rin 14. La inflación le ganó la carrera.

Sigue pagando pasaje. Ya lleva 27 mil bolívares destinados a subirse cinco veces por semana en tres autobuses diarios para ir al trabajo y a clases en las noches. Ha gastado 60% de lo que pudo haber pagado hace nueve meses y que hoy cuesta 130 mil bolívares, 188% más, en un estado que concentra 80% de la manufactura de cauchos con las tres plantas más importantes pero que arrancaron 2017 trabajando en su conjunto a 45,65% de la capacidad instalada.

 

VENTAS SIN REPARACIÓN

La historia de Mauricio es solo una de las realidades que involucra a los cuatro millones 200 mil vehículos en circulación en el país. Todos padecen las consecuencias de la escasez y la inflación. Pero hay más. Leonardo Escalona ha visto pasar los peores dos años tras la vitrina de su negocio. Por un momento simplemente repetía “no hay” como respuesta a las solicitudes de los clientes.

A mediados de 2016 los estantes se comenzaron a llenar. Algunos proveedores nuevos llegaron al local con lista de precios para la que tuvo que hacer una gran inversión que no ha logrado recuperar. El pobre poder adquisitivo de los venezolanos ha provocado que las ventas estén prácticamente detenidas. Solo en Valencia la afectación en estos establecimientos fue de 85% en la merma de ingresos por falta de mercancía nacional e importada, y 90% por la disminución en el consumo, de acuerdo a cifras de la Cámara de Comercio del municipio.

 

PRODUCCIÓN INSUFICIENTE

Para que las exhibiciones del negocio de Leonardo se llenen y exista una oferta que soporte la demanda a precios competitivos, se requiere líneas de producción operativas, las mismas que hoy trabajan a menos de 30% de sus capacidades, por la falta de materias primas cuyo suministro depende de las empresas básicas del estado o de la importación con dólares que el Gobierno no autoriza.

En Carabobo se concentra 36% de la industria de autopartistas del país con 34 empresas. Algunas de ellas simplemente se retiraron del sector y aprovecharon las maquinarias para la manufactura de otros productos del ramo metalmecánico para distintos clientes. Las que aún sobreviven lo hacen solo elaborando piezas para el mercado de reposición: sus productos ya no van a las grandes ensambladoras.

Todo ha cambiado en estas plantas. Rubén Aguilar se pasea a diario por las líneas apagadas de la empresa para la que trabaja y de la que hoy solo salen pastillas de freno. Las máquinas que hacían chasis y ejes delanteros y traseros están listas para entrar en funcionamiento. Les hacen mantenimiento constante y las encienden con frecuencia para calibrarlas. Es el sonido de la nostalgia para quienes aún son parte de la nómina de la firma que se encargaba de fabricar piezas a la medida para diferentes modelos de vehículos de las cinco ensambladoras privadas.

Ya nada de eso es posible. Entre 2012 y 2016 cayó 96,97% la manufactura de material de ensamblaje CKD (Completely Knock Down, en sus siglas en inglés) que hacían las empresas afiliadas a la Cámara de Fabricantes Venezolanos de Productos Automotores (Favenpa), al pasar de 104 mil 83 a tres mil 150.

El mercado de reposición, al que se han enfocado durante los últimos años, también registra cifras negativas. De cubrir 100% de la demanda, el año pasado apenas se logró satisfacer 35%. “La contracción en algunos rubros fue de más de 40%”, apuntó Omar Bautista, vicepresidente de Favenpa.

La industria autopartista en el país tenía ingresos por concepto de exportaciones que alcanzó su mayor pico en 2001 con 268 millones de dólares. En 2010 se registró una caída hasta 15 millones, una cifra muy por debajo de los 33 millones que en promedio se recibieron en la década de los 80. En 2012 la crisis ya era evidente al recibir solo nueve millones, mientras que en 2016 se contabilizaron solo seis millones, 97% menos que 15 años atrás. Las proyecciones para 2017 son aún más pesimistas con solo tres millones de dólares como consecuencia de la baja productividad, a la que se suman las persistentes trabas portuarias.

 

LA REALIDAD

La crisis parece no tener límites. Lo que a Mauricio Villasmil lo convirtió en experto “remendador” y lo mantiene usando el transporte público, ha hecho que Leonardo Escalona vea cómo su negocio se conduce a la quiebra y ha causado que más de 70% de las líneas de producción estén apagadas.

La industria tiene a 80% del personal en sus casas; tres años con flujo de caja negativo; los créditos de los proveedores externos suspendidos por falta de pago de la deuda de 406 millones de dólares con tres años de espera; y están con precario suministro nacional de las empresas del Estado: aceros (3%), aluminios (43%) y resinas (57%). Recuperarse depende de políticas que se dicten desde el Gobierno, de lo contrario se multiplicarán los Mauricios, Leonardos y los trabajadores y empresarios sin poder superar esta realidad que los une a todos.

 

 

DATOS

70%

de la capacidad de la industria autopartista está ociosa

 

96,97%

cayó la fabricación de piezas para el ensamblaje de vehículos

 

40%

se contrajo la producción para el mercado de reposición de repuestos en 2016

 

3 años

tienen las empresas de manufactura de piezas automotrices con flujo de caja negativo

 

80%

del personal de estas empresas está en sus casas en suspensión laboral

 

$406 millones

debe el Gobierno a proveedores internacionales

 

3%

de la necesidad cubrió durante 2016 el suministro de acero desde Sidor




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