El más antiguo ‘bloco’ carnavalesco de Río de Janeiro celebró el sábado su centésimo desfile con una multitudinaria procesión en la cual la tradicional alegría carioca exorcizó los demonios que espantan a la ciudad y a todo Brasil: la intolerancia, la corrupción y la violencia.

El ‘bloco’, “Cordao da Bola Preta” (Cordón de la Bola Negra), reunió a centenares de miles de personas, disfrazadas de las maneras más estrafalarias, que avanzaron al ritmo de las ‘marchinhas’, emitidas por cuatro camiones de sonido a lo largo de la Avenida 1º de Marzo, en un barrio donde se codean el Rio colonial y el moderno.

Para muchos, el desfile de este año fue un respiro y un desahogo.

“Desgraciadamente, Rio de Janeiro está tomado por la violencia, pero acá estamos para combatir eso, con nuestra alegría, con nuestra sencillez”, afirmó Marcelo Negrao, un cantante de 51 años.

El sambista llevaba un disfraz difícilmente definible: zapatillas deportivas, tutú de bailarina, musculosa de atleta, barba (real), peluca verde y abanico chino. “Es una mezcla de todo cuanto usted pueda imaginar: el Carnaval de hoy es eso, todo se improvisa”, explica.

Un poco más lejos, cuatro muchachos con gorros de baño recortados como cáscaras de huevos recién rotas asoman detrás de un cartón, que imita el frente de una camioneta. “Este es un coche típico del suburbio de Rio de Janeiro, que pasa vendiendo 30 huevos a 10 reales. Todo el mundo corre para comprar”, cuenta Diego Phelippe, uno de los ‘cascarones’, de 32 años, que el resto de año es agente de seguridad.

Diego Phelippe es un fiel de Bola Preta desde hace diez años.

“Es el ‘bloco’ más tradicional de Rio de Janeiro. Aquí están todas las clases sociales, uno se siente bien”, comenta.

Centenares de ‘blocos’ recorren las calles de Rio los días previos y posteriores al Carnaval, en paralelo a los desfiles del Sambódromo, más conocidos internacionalmente pero considerados menos democráticos, por tener accesos pagos.

“En el ‘bloco’, el pueblo está en la calle, sin elitismos”, destaca Janete Pimenta, una bailarina de 44 años, que desfila con una toca de monja, short negro y medias caladas.

Para muchos, el Carnaval callejero es un momento de respiro ante una realidad que no da tregua: “La situación de violencia de Rio es la peor que hayamos vivido en todos los tiempos”, sentencia Phelippe.

Rio es un estado prácticamente en bancarrota, con sus últimos gobernadores presos o acusados de corrupción y un nivel de violencia vinculada al narcotráfico que obligó al gobierno a enviar al ejército para tratar de recuperar el control de la situación.

El Carnaval se vio además en medio de polémicas tras la elección del alcalde Marcelo Crivella, un exobispo evangélico, que trató de restarle prestigio a una fiesta propensa a todos los excesos.

– ‘El alma de Rio’ –

Para Savio Freire Bruno, un biólogo de 57 años, Cordao da Bola Preta “representa bastante el alma de Rio de Janeiro”, aunque admite que encontrar reservas de alegría en medio de tanta desazón no es tarea fácil.

“Hay un gran conflicto interno, que puede existir en cada uno de nosotros, en un momento tan difícil para el país, con una democracia tan amenazada, pero la gente no puede perder el derecho de participar en esta fiesta, de mantener esa tradición”, sostiene.

Brasil trata de reponerse de una grave crisis institucional, que en 2016 provocó la destitución de la presidenta de izquierda Dilma Rousseff, en tanto que investigaciones por corrupción involucran al presidente conservador Michel Temer, a sus principales ministros y a buena parte de la oposición.

En medio de la muchedumbre, el diputado Chico Alencar, del Partido Socialismo y Libertad (Psol), es saludado por los fiesteros. Vestido con una camiseta negra con la inscripción “De luto por Rio”, Alencar, de 68 años, cuenta a la AFP que empezó a venir a esta procesión desde niño, con sus padres.

“Me encanta, es una fiesta popular que muestra que en Rio de Janeiro, a pesar de todo (…), el pueblo no pierde su alegría, sus sueños, su fantasía”.

El Cordao da Bola Preta fue fundado en 1918 por un grupo de amigos que le dieron su nombre al ver pasar a una mujer que los dejó boquiabiertos, con un vestido que tenía motivos de manchas redondas negras.

A lo largo de su historia popularizó ‘marchinhas’ que ganaron el mundo, como “Cidade maravilhosa” o aquella que en uno de sus versos dictamina: “El que no llora no mama”.




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