Los diputados Julio Borges y Juan Requesens, a quienes la justicia venezolana procesará por supuestamente intentar asesinar al presidente Nicolás Maduro, tienen además en común haber sufrido agresiones físicas, pero mientras al primero lo caracteriza el aplomo, el segundo es un exaltado joven.

Ambos legisladores representan dos generaciones en Primero Justicia, principal partido de oposición fundado por Borges en el año 2000 y al que Requesens se unió en 2013.

Articulador de apoyos

Borges, a quien la justicia ordenó capturar este miércoles por el “intento de magnicidio”, es un abogado de 48 años y una de las principales figuras de la oposición desde que el fallecido expresidente Hugo Chávez llegó al poder en 1999.

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Adicto a las colas dietéticas, alcanzó su máximo peldaño al presidir el Parlamento de mayoría opositora en 2017, año en que Maduro enfrentó cuatro meses de protestas que exigían su salida del poder y que dejaron unos 125 muertos.

También lideró el diálogo con el gobierno que fracasó en febrero pasado en República Dominicana, luego de que no se acordaran la fecha y garantías para las elecciones presidenciales, adelantadas finalmente por el oficialismo.

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Desde entonces permanece en el exilio junto con su esposa Daniela Matheus y sus cuatrillizos de diez años.

Se ha dedicado a articular el apoyo internacional contra Maduro, y el martes estuvo en la toma de posesión del presidente de Colombia, Iván Duque.

Maduro, quien lo acusa de apoyar un “atentado” en su contra con drones cargados de explosivos el pasado sábado, aseguró que el diputado vive en una “mansión en Bogotá”.

Uno de los opositores más incómodos para el chavismo, Borges ha sido golpeado varias veces por diputados y seguidores del gobierno.

En junio de 2016 le rompieron la nariz con un tubo cuando exigía en las afueras del poder electoral un referendo revocatorio contra Maduro. La imagen de su cara ensangrentada le dio la vuelta al mundo. En 2013, un diputado chavista también le rompió la cara.

Quienes lo conocen, lo describen como un hábil operador político. “Es el responsable de todo lo que ha hecho la comunidad internacional contra Maduro. Promovió las sanciones y orquestó el cerco financiero”, dijo a AFP Alejandro Hernández, su mano derecha.

Hernández destaca que también es un “hombre austero, familiar, de valores católicos muy arraigados”.

En Caracas solía movilizarse en una pequeña motocicleta, y llevaba siempre el mismo reloj de plástico con los colores de su partido.

Ha sido recibido por los mandatarios de Francia, Emmanuel Macron; de Alemania, Angela Merkel, y de Inglaterra, Theresa May, y varios de Latinoamérica. “Habla con cancilleres y presidentes todos los días, tiene un grupo de WhatsApp con ellos”, afirmó Hernández.

Pero la polémica también lo ha tocado. En abril de 2002, durante el golpe de Estado contra Chávez, su partido pidió la renuncia del presidente. Él mismo lo hizo frente a las cámaras, lo que le ha valido el calificativo de “golpista”.

El joven encendido

Requesens, de 29 años y detenido la noche del martes, se destacó como un encendido líder de la Universidad Central de Venezuela (UCV), la principal del país.

Presidió la Federación de Centros Universitarios de la UCV entre 2011 y 2015, cuando fue elegido parlamentario.

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Fanático del Barcelona FC, tuvo un rol importante en las protestas de 2014 que exigían la salida de Maduro y dejaron 43 muertos.

Su verbo irreverente hizo que destacara en el Legislativo, y con su actitud radical también estuvo al frente de muchas de las protestas de 2017.

Alto y acuerpado, siempre encaraba a las autoridades en las manifestaciones. En los últimos meses su fisionomía cambió con una pérdida notable de peso.

En una protesta de oficialistas le rompieron la frente con un palo.

“Es una persona auténtica, que lejos de cuidar las formas o la estrategia, dice y lucha por lo que siente y cree”, dijo a AFP su copartidario Brian Fincheltub.

Horas antes de ser detenido, pronunció un acalorado discurso en el hemiciclo donde prometió presionar para sacar a Maduro. “Pueden desaparecer, matar o encarcelar a cualquiera de los dirigentes políticos, pero no hay un lugar donde no se oiga el clamor que tienen todos los venezolanos que es la arrechera (molestia)” con el gobierno, expresó.

Nunca consideró irse del país.  “Sus amigos y su equipo se iban y él siempre dice que su trabajo es en Venezuela, cree en el cambio democrático. Su sentido del humor lo ayuda a mantenerse optimista”, dijo a AFP su amiga Verónica Ruiz del Vizo.




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