MADRID, 08/11/2023.- El centrocampista del Real Madrid Brahim Díaz celebra tras marcar ante el Braga, durante el partido de la Liga de Campeones que Real Madrid y SC Braga disputan este miércoles en el estadio Santiago Bernabéu, en Madrid. EFE/Javier Lizón

Aprendió a vivir, a golear, el Real Madrid sin Jude Bellingham, reservado por su lesión de hombro por Carlo Ancelotti, que celebró la clasificación temprana para los octavos de final y el retorno de la pegada ante el Sporting de Braga (3-0), en una cita con reivindicación de Brahim que devolvió la confianza perdida en la definición a Vinícius y Rodrygo.

Brahim cambió el paso del Real Madrid con ese ímpetu del jugador que siente que se está cometiendo una injusticia con él. De titular, de estrella en el Milan, a olvidado de Carlo Ancelotti han pasado unos meses que demostró no han afectado a su fútbol.

Titular, por segunda vez en la temporada, en un escenario como el de la Champions, saltó dispuesto a demostrar que merece más. Le anularon el primero, retomando la intuición de Bellingham para aparecer en la zona donde un mediapunta hace gol, y definió arriba con calidad el tanto que silenciaba, por el momento, la falta de pegada madridista.

Un Real Madrid que pasa de jugar con un mediocentro posicional como Tchouaméni, que jamás pierde zona, a la movilidad de Camavinga. Tan alocado como trascendental. Tan efectivo en el robo continuo como en la construcción de juego al ritmo de su amplia zancada. Alejado del control que impone Kroos pero compatible para aumentar la electricidad en el juego.

La aceptó de buena gana un Sporting de Braga con querencia al balón. No le quemó de inicio cuando encontró un regalo que desaprovechó. El agarrón incomprensible a Bruma de Lucas Vázquez, titular por Carvajal en uno de los seis cambios por los que apostó Ancelotti para cambiar la cara de su equipo. Lunin, protagonista inesperado por la lesión en el calentamiento de Kepa, evitó el tanto con una gran estirada al disparo de Djalo. El fútbol premia cuando menos se espera y el portero ucraniano demostró estar preparado.

En el escenario europeo Vinícius rebaja revoluciones. Será la competición, serán los rivales con los que no guarda cuentas pendientes, sufrirá una provocación menor o no tendrá la matrícula tomada por los colegiados, pero lo cierto es que el brasileño se centra únicamente en el partido. De inicio desacertado en sus intentos. A fuerza de intentarlo recuperando el papel decisivo que siempre tuvo hasta su lesión.

Alejado de la banda, de su posición natural, desaprovechó la primera ocasión clara por un mal control que precedió una falta a Niakate. Provocó que el gol de Brahim fuese anulado en minutos de intercambios de golpes. Con Camavinga en papel de salvador, lanzándose para evitar el gol en el remate de Djalo, y Lucas empeñado en afear su vuelta al equipo con una mala cesión de penalti que acabó arrollando a Bruma de nuevo dentro del área. Si no fue penalti de nuevo, se le pareció mucho.

Y el que puso claridad, tras un remate arriba de Valverde en carrera al pase de exterior de ‘Vini’, fue Brahim que no estaba dispuesto a dejar escapar su esperado momento. Vio la acción Mendy, que dibujó un pase al desmarque de Rodrygo. Su pase atrás fue un caramelo para el tanto que rompía el partido a los 27 minutos.

Una vez más al alegría ofensiva del Sporting de Braga quedaba mermada por su fragilidad defensiva. No se recuperó del golpe mientras el Real Madrid se quitó las cadenas, se liberó de la presión por tantas llegadas sin gol y sin apenas remate de su último partido ante el Rayo. El escenario era perfecto para la aparición de su pareja de brasileños. Letales al contragolpe. Castigando cualquier error del rival con el balón.

Matheus evitó el primer intento de Rodrygo, en los últimos compases del primer acto, cuando Vinícius también perdonó un dos contra dos. Pero ambos estaban citados con el gol tras perdonar Brahim su doblete. Desde un robo de Camavinga para lanzar la contra de un equipo al que siempre le gustó correr. De Fede a Lucas y un centro que controló con derecha Vinícius antes de definir cruzado de zurda. Tan fácil lo que en otras ocasiones parece un imposible.

En tres minutos, del 58 al 61, el Real Madrid le puso el broche al partido y a su pase a octavos en cuatro jornadas. Con un pleno incontestable. No había mejor manera de recuperar confianza para un delantero que con un tanto repleto de calidad.

Le puso la firma Rodrygo, tras otro transición que no supo frenar el conjunto portugués. El pase de Vinícius, el gesto doble de calidad para dejar pasar el balón por la espalda y acomodarlo con el interior de la bota antes de picar el balón con suavidad a la salida desesperada del portero.

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