(Cortesía)
Con camisas blancas, chalecos, o incluso disfrazados de payasos, las brigadas de psicólogos voluntarios asisten a las víctimas y familiares de fallecidos o desaparecidos en el sismo que el martes sacudió a México, catástrofe que se suma a las heridas que dejó el terremoto de 1985.

Con las miradas vacías y agotados frente a un edificio derrumbado en Ciudad de México, todos mantienen no obstante la esperanza de encontrar algún ser querido.

“Las familias están todavía con esperanza, todas las que están aquí afuera, pero los psicólogos ya nos estamos preparando para hacer un acompañamiento mas bien en situación de duelo”, dice Penélope Exzacarias, psicóloga y docente, que vino a prestar voluntariamente sus servicios frente a las ruinas de un edificio en la avenida Álvaro Obregón.

Con un chaleco rojo que tiene inscripta su profesión, Penélope va y viene entre los familiares. “Cada minuto que va pasando para ellos es un poquito menos de esperanza, es un tiempo muy doloroso”, dice.

El estrés llega después

Luciendo un casco naranja y un cartel en el torso que indica su profesión, Lorena Villalpando habla con familiares de desaparecidos en el barrio de Colonia Roma. Pero no solo con ellos. También se toma tiempo para escuchar a profesionales y voluntarios que llegaron por miles desde el sismo del martes para ayudar en la búsqueda y rescate.

“No solamente son los afectados los familiares, sino también la mano de obra. Creo que no es tan agradable estar trabajando tanto tiempo y observar un cuerpo, aunque están acostumbrados”.

La onda expansiva de la tragedia va mucho más allá de las bajas directas en esta ciudad de 20 millones de habitantes, y puede ser duradera, dice Alan Schejtman Deutsch, psicólogo de la Asociación Psicoanalítica Mexicana y coordinador de las brigadas profesionales desplegadas.

“Ahorita la gente esta muy activa tratando de ayudar a sacar (a las víctimas) y moviendo (escombros), pero la experiencia que tenemos es que el estrés post-traumatico llega unos días o unas semanas después del trauma”, afirma, y agrega que la iniciativa que reúne a varias organizaciones de psicólogos, bautizada “Estoy contigo”, está destinada a durar.

Niños sufren más

En la clínica especializada de Condesa, Alan Schejtman Deutsch recibe a los voluntarios que vienen a inscribirse.

Entre los síntomas más comunes del síndrome post-traumático que deben detectar figuran “constantemente revivir el momento del trauma, altos niveles de ansiedad, angustia, dificultad para dormir, que no tenga hambre”.

Un mal que no escapa a los más pequeños. “Los niños sufren mucho más porque procesan de modo diferente toda esta información, no entienden bien lo que está pasando. De por sí a los adultos nos cuesta trabajo entenderlo, los niños más, y la muerte es un tema que ellos entienden mucho menos”, explica.

Brigadas de terapeutas salieron el viernes a la calle disfrazados de payasos para entretener a los niños… e informar a los padres.

 




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