Las madres y familiares duermen en colchonetas en la sala de espera por falta de camas. (Fotos Luis Alejandro Borrero)
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Todos los servicios son gratis. Esa es la teoría. Pero la práctica es padecimiento para las parturientas de la maternidad de alto riesgo Comandante Supremo Hugo Chávez de Valencia. Se puede gastar hasta 200 mil bolívares por la falla de insumos. Casi nada de lo que se necesita está disponible.

La familia de Adrián Martínez esperaba el miércoles en la mañana en la plaza frente a la maternidad, dentro de la Ciudad Hospitalaria Dr. Enrique Tejera de Valencia. Lucían tristes. No estaban completos: la mamá esperaba adentro por los chequeos finales para el alta médica. Saldría en minutos por la puerta del centro de salud, pero con los brazos vacíos.

Con siete meses de gestación, el bebé no sobrevivió. Pero el viacrucis comenzó el jueves de la semana pasada. En el Hospital Carabobo, luego de más de cuatro horas de espera, no la atendían. Cuando se confirmó que el feto estaba sin vida, la mujer fue remitida porque Adrián no conseguía las ocho pastillas que le harían expulsar el feto de forma natural. Cada una se la vendían en el mercado negro en 10 mil bolívares.

A diario familiares ven cómo ingresan insumos al centro de salud materno infantil, pero luego les terminan dando listas para operar a las pacientes 

Significa que la mujer pasó incluso el 24 de diciembre con el feto muerto (cuatro días en total). “Para nosotros no hubo Navidad, celebración, nada de eso”, dice la que iba a ser la abuela paterna del niño. Agradecían que luego de siete días de tragedia al menos la mamá saldría con vida.

La estancia no fue fácil. A la maternidad Hugo Chávez llegaron el lunes. Lo primero que hicieron fue condicionarla: si quería una cesárea debía pagar el precio de lo que en Venezuela ha sido decretado como una crisis humanitaria por escasez de medicinas e insumos. Al papá del niño le dieron una lista con lo que debía conseguir. “Nada más en esa lista fueron 104 mil bolívares, más los exámenes médicos que hicimos fuera, la cuenta dio más de 200 mil”. Guantes, un kit de laparoscopia, nueve inyectadoras (tres de 10, 15 y 20 centímetros cúbicos respectivamente), seis monos quirúrgicos, cuatro batas de pacientes y dos de doctor.

La lista no termina allí. “Entrando nos pidieron guantes, donamos dos cajas, y ¿qué es lo peor?, que luego nos llaman pidiendo guantes”, dijo Martínez sorprendido. Los requisitos continuaron con dos agujas rectas, dos curvas, adhesivo, seis hilos quirúrgicos, seis pares de botas, gorros y tapabocas, aguja para anestesia y un kit de sutura.

La operación se hizo. Pero no se terminó el sufrimiento. La mujer fue trasladada a una sala de espera donde todas las madres tenían sus hijos en brazos. “Creo que deberían separar esos casos. Mi nuera me llamaba y me decía: estoy deprimida, quiero salir de aquí”, dijo la mamá de Adrián, quien luchaba por contener las lágrimas ante la pérdida de su hijo.

Los pacientes y sus familias deben llevar hasta guantes de médicos para las operaciones.
Los pacientes y sus familias deben llevar hasta guantes de médicos para las operaciones.

 

No hay suficientes camas. Por eso algunas mujeres duermen en la sala de espera. Lo hacen encima de colchonetas y algunas, las que menos tienen, utilizan cartón para no acostarse en el piso, denunció la familia. “Aquí hay casos de gente de muy pocos recursos, anoche vi a una mujer llorando porque tenía que comprar insumos para su hija que estaba internada y no tenía ni para un café”.

Las afueras de la maternidad son un campamento. Los familiares pasan la noche en sillas y colchones esperando. Ven cómo a diario salen cajas encima de carretillas directo a la maternidad Hugo CHávez. Provienen del almacén de la CHET y supuestamente están cargadas con insumos que, sin explicación, les terminan pidiendo. La vida de mujeres y niños sigue dependiendo de una lista.

Desde el almacén de la CHET salen insumos diariamente.
En el almacén de la CHET se registran salidas diariamente.



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