“Se suele oír, hay que respetar todas las ideas. Pero ¿por qué?… hay que respetar a todas las personas, pero no a todas las ideas… Creo que es una forma de salud mental el reconocer que hay ideas infinitamente peores que otras… que no son comparables a otras”. Femando Savater

La gran preocupación que ha reinado desde hace años dentro de las fuerzas opositoras ha sido como lograr sobrevivir en el régimen que gobierna desde casi cinco lustros y que allí permanece aparentemente sólido, imbatible, casi siempre altanero. Pareciera tomarse en serio el consejo de “doblarse para no partirse”. Ha soportado, el régimen, los ataques como el dios guardián de los vientos, pero ha fracasado estrepitosamente en su gestión de gobierno frente a una oposición no siempre asertiva y una sociedad civil desencantada desmedidamente. No siempre asertiva quiere decir que no siempre ha dado en el blanco. Una lucha de casi un cuarto de siglo frente a un gobierno armado y dispuesto a grandes arbitrariedades, sin ningún tipo de freno ni contrapeso, sin ley, con una cuarta parte de sus coterráneos vagando por el mundo no es cosa de poca monta. No voy agregar aquí lo que tanta veces se ha dicho y que puede ensartarse o empatarse perfectamente a la lista de dificultades que estos tipos de gobierno echan mano para para mantenerse erectos, tiesos, en el mando. Solo se doblan para no partirse.

Sin embargo, siempre hay un espacio y un periodo temporal apropiado para obtener provecho o cumplir un objetivo; los instantes que resultan propicios para realizar una acción. Allí o aquí están una de las grandes fallas donde con empeño de muchacho consentido ha incurrido la oposición sin descartar arbitrariamente todos los esfuerzos llevados a cabo que se han pagado con precios onerosos. Muerte, cárcel, torturas, violaciones, destierros, vejámenes. Como si fuera poca cosa, también han sido lapidados por una sociedad que a su vez ha sido víctima y ha corrido con igual suerte que sus dirigentes políticos.

Atando cabos, yendo al titular, hablando de momentos propicios para tomar decisiones congruentes, difícilmente exista otro más inconveniente que el escogido a final de año o a principios de este por quienes decidieron la conjura para sacar a Juan Guaidó de la presidencia interina. De nada valieron los ruegos de connotados juristas, quienes por cierto fueron ofendidos por un parlamentario que se cree muy cerca de Dios, solo porque estos mantuvieron que había que respetar la ley. Oídos sordos a las súplicas de hombres de pensamientos, nada detuvo la guillotina. La decisión fue irreversible. Se nombra una Junta Administradora dijo Marquina sin sentir deuda con nadie, y queda abolida la presidencia interina.

Las consecuencias no se hicieron esperar. Sobre las diputadas Dinorah Figuera, Auristela  de Castillo y Marianela Fernández Alvarado, quienes conforman la nueva directiva de la Asamblea Nacional (AN) pesa orden de aprehensión por delitos de usurpación de funciones, traición a la patria, asociación para delinquir y legitimación de capitales. Aquí cabe entonces preguntarse: ¿Quién después de esto ocupará el puesto de presidente interino, si fuera el caso? Uno puede presumir entonces que por este motivo o razón, la AN legítima no designó el sustituto de Juan Guaidó. ¿Quién duda ahora que la Junta Administradora que está por designarse, al margen de ser calificada como ilegal por juristas no afines al régimen, no va a correr la misma suerte que la presidente, primera y segunda vicepresidente de la AN? ¿Es este el motivo por el cual no ha sido designada esta junta ni se especula sobre quiénes, serán los designados? Más, ahora que el fiscal general agregó, además de las órdenes de aprehensión, otra de incautación y aseguramiento de los bienes, bloqueo e inmovilización de cuentas y prohibición de enajenar y gravar.

Para terminar, este lunes nueve de enero se llevó a cabo en todo el país numerosas manifestaciones muy concurridas de empleados públicos, la mayoría de ellos maestros, profesores de estudios medios y universitarios, que  reclamaron a Nicolás Maduro con profundo disgusto, aumentos de sueldos que este no podrá  satisfacer por razones conocidas de todos los venezolanos. O nos metemos en esta lucha con todas las diferencias existentes o Maduro y las desgracias seguirán por las calles por muchos años más. Usted escoge…

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