A firefighter is silhouetted by a burning home along Pacific Coast Highway (Highway 1) during the Woolsey Fire on November 9, 2018 in Malibu, California. - About 75,000 homes have been evacuated in Los Angeles and Ventura counties due to two fires in the region. (Photo by Robyn Beck / AFP)

Un equipo que rastrilla los escombros de uno de los incendios más mortíferos de la historia de California en busca de víctimas, halla a un hombre tumbado boca abajo y con las pantorrillas quemadas entre dos camionetas cubiertas de cenizas.

“Nunca te acostumbras. Hay que enfrentar la realidad”, dice uno de los tres integrantes del equipo, conformado por tres subcomisarios, que busca víctimas en los alrededores de la localidad de Paradise.

“Todos tienen su manera de enfrentar esto”, reflexionó. “¿Yo? Prefiero no contestar”.

El incendio bautizado “Camp Fire”, a los pies de la Sierra Nevada, al norte de Sacramento, capital de California, se cobró al menos 31 vidas, arrasó 6.400 edificaciones, 260 comercios y prácticamente borró del mapa a Paradise.

En los últimos días este equipo -compuesto por un subcomisario del condado de Butte y dos del vecino condado de Yuba, que se negaron a dar sus nombres- ha rastrillado lo que queda de Paradise y muchas comunidades cercanas en busca de cuerpos. El domingo, el equipo condujo durante varias millas por un empinado camino rocoso, en busca de eventuales víctimas. Prácticamente no hablan y se enfocan en la dura tarea.

– Muchos desaparecidos –
Decenas de personas están desaparecidas desde que el fuego comenzó el jueves y arrasó la zona.

Algunos sobrevivientes pueden haberse guarecido en algún hotel o refugio, sin posibilidad de comunicarse con sus seres queridos, pues las llamas destruyeron las torres de telefonía celular.

Otros, como el hombre hallado boca abajo en las colinas que dan al lago Concow, fueron atrapados por las llamas.

¿Murió a causa del humo? ¿Vivía en la granja cercana de la que no quedó nada, salvo un sancocho de plantas de marihuana quemadas dentro de un invernadero chamuscado? “Es muy pronto para decir”, dice uno de los subcomisarios de Yuba.

El equipo toma fotografías, anota coordenadas del GPS y toma los documentos de adentro de los autos, con la esperanza de poder hacer una identificación.

Levantan el cuerpo, que introdujeron en una bolsa, y lo cargan en una camioneta fúnebre que los siguió desde Paradise.

Sin perder tiempo
Decenas de coches y camionetas, algunas aparentemente intactas, están abandonadas en la vera de los caminos. El equipo busca víctimas en cada uno de los vehículos.

Dentro de la carcasa de un auto incendiado y estrellado contra un árbol, encuentra una bola de carne quemada del tamaño de un niño pequeño.

Uno de los oficiales quita los restos con cuidado y los coloca sobre una lona blanca para examinarlos.

No hay cráneo. ¡Es un animal!” exclama tras varios minutos. Se limpia las manos y una breve sonrisa atraviesa su rostro. Avancemos, dice.

El equipo continúa por el sinuoso camino hasta llegar a una granja abandonada, donde patos, gansos y cabras retozan libremente.

El inesperado encuentro con los animales rompe la tensión, pero al alejarse del lugar cuando resta apenas una hora de luz, el coche fúnebre revienta un neumático. “Terminamos”, dice uno de los oficiales. “Retomamos mañana”.




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