Enfermeras y camareras del Hospital Central de San Cristóbal dependen de ayudas externas para cambiar de zapatos.
Enfermeras y camareras del Hospital Central de San Cristóbal dependen de ayudas externas para cambiar de zapatos. Foto Carlos Eduardo Ramírez.j

Mariana Duque/DLA

@mariananduque

San Cristóbal. Con las suelas rotas, raspados y desgastados por el uso, el sol y la lluvia, están los zapatos de enfermeras y camareras del Hospital Central de San Cristóbal. Los bajos salarios (4 dólares mensuales) no les han permitido cambiar de calzado, ni de uniformes desde hace más de cuatro años, hay quienes cumplen siete años usando el mismo pantalón y la misma chaqueta para ir al centro de salud.

Carisma, valentía y amor al trabajo es lo que les sobra. Quienes viven fuera de la capital tachirense caminan largos trayectos de ida y vuelta para llegar a tiempo a cumplir con sus obligaciones, pues el transporte público es escaso y muchas veces no cuentan con el transporte del centro asistencial.

Según un reportaje publicado por Diario de Los Andes, el dinero que perciben no les alcanza ni para cubrir las comidas diarias. Diversas organizaciones les proveen alimentos algunos días a la semana, almuerzos y cenas, para ayudarlos a continuar con su trabajo, darles un incentivo y agradecerles por lo que hacen, en medio de una crisis humanitaria que enfrenta Venezuela junto a la pandemia por COVID-19.

A mediados de mayo de 2021 un empresario tachirense a través de la organización “Juntos Salvemos a Un Héroe”, encargada de llevar alimentos a trabajadores de salud sobre todo de las áreas COVID-19, regaló zapatos a enfermeras y camareras del primer hospital centinela de la entidad. El agradecimiento y la sorpresa del personal se reflejaba en sus rostros y no dejaba de salir de sus bocas.

La secretaria ejecutiva del Sindicato de Trabajadores de la Salud, María Ramírez, indicó que hace años los trabajadores recibían un bono anual para cambiar de uniformes, pero con la crisis presupuestaria hospitalaria dejó de ocurrir, lo que los dejó con bajos salarios y sin apoyo adicional.

“No nos alcanza para nada”

Haydee Dávila es enfermera del área de triaje respiratorio COVID-19 del hospital centinela del Táchira, conocida como “la carpa”. Tiene 34 años laborando en el primer centro asistencial, y desde hace aproximadamente siete años no ha podido comprar zapatos, ni uniformes. El día de la enfermera, el 12 de mayo de 2021, le regalaron unas cross blancas para apoyarse.

“Ahorita no podemos cambiar de uniformes y zapatos debido a que lo que nosotros devengamos de salario, no nos alcanza ni para comprar una pantaleta, un brasier, un par de medias. Tenía como siete años que no cambiaba zapatos, tampoco el uniforme porque es costoso. El costo de los uniformes se sobregiró, nos dimos a la tarea de comprar telitas de colores y que nos hagan los uniformes alusivos de cualquier diseño que sea a la salud, porque no llegamos a tener para comprarnos los uniformes que usábamos hace muchos años, al igual que los zapatos”, expresó.

Dávila relató que quienes usan vestidos o uniformes de falda deben comprar medias panty, cuyo costo supera el salario mínimo, y se dañan fácilmente. A Haydee el sueldo no le alcanza ni para comprar algo para comer.

“Es una situación muy fuerte la que estamos viviendo nosotros, lo que ganamos no nos alcanza para darnos el gusto de venir bien presentadas con nuestro uniforme. El sueldo me alcanza para nada, con todo dolor se lo digo, para nada nos alcanza. Aumentan un salario que no nos llega para comprar la cesta básica, porque nosotros no nos alimentamos como lo hacíamos años atrás”, destacó.

El Día de la Enfermera un empresario tachirense donó zapatos a personal del Hospital Central de San Cristóbal. Foto Carlos Eduardo Ramírez/Diario de Los Andes

“En uniforme ni me queda”

Yaneth Rosales es camarera del piso seis, con 28 años de servicio. Hace dos años las autoridades del hospital cambiaron el uniforme, pero ella no ha podido adquirirlo. “Nos queda difícil porque con este sueldo no nos da ni chance de comprar zapatos, ni uniformes, ni decir que para la comida. Es difícil. El uniforme ya ni me queda”, acotó.

Tiene un solo par de zapatos para salir y estar en casa. Vende chucherías en el hospital para ayudarse, pero teme que las autoridades de salud se lo prohíban (como ha estado en debate) y se quede sin el único ingreso que le permite pagar el alquiler de donde vive y comprar alimentos para ella y sus hijas de 16 y 20 años de edad.

“A la venta de chucherías les hago 15.000 o 20.000 pesos diarios. Eso me sirve para pagar 130.000 pesos en alquiler, aquí gano 3.500.000 bolívares mensuales que no me alcanzan ni para una harina”, expresó.

“Zapatos de segunda”

Mercedes Camargo es enfermera del área COVID-19 del Hospital de San Cristóbal. Hace seis meses cambió de zapatos porque una colega le regaló unos usados, que estaban en mejor estado que los de ella.  “Ya usados, de segunda, pero estaban en mejor estado que los que estaba usando desde hace como seis años. Gracias a Dios que no nos crece el pie cuando crecemos en edad.  Ya estaban cocidos, remendados, reparados muchas veces”, relató.

No recuerda cuando fue la última vez que usó un uniforme nuevo, pues la institución dejó de darlos y los trabajadores dejaron de ganar lo suficiente para adquirirlos. “El sueldo que ganamos las enfermeras del Hospital Central nos alcanzará para comprar un kilo de arroz o un kilo de café, si acaso, no nos alcanza para más”, acotó.

Para alimentarse se apoya con lo que le pagan (en alimentos) quienes llegan a su casa solicitando algún apoyo de enfermería.  “Hay ese paciente que llega a pedirte un favor y te lleva un arroz, una pasta, un aceite, yo prefiero eso porque el dinero hoy en día no alcanza para nada”.

Seis años con el mismo uniforme

Rosa Morales es enfermera del área de neurocirugía del Hospital Central. Tiene 43 años de servicio, y el Día de la Enfermera recibió como regalo unos zapatos cross blancos, de parte de un empresario que realizó una donación. Tenía seis años sin cambiar de calzado, ni de uniformes.

 “Es difícil porque no ganamos lo suficiente para poder comprar lo que necesitamos. Si uno tiene un familiar enfermo, peor todavía, porque no contamos con un sueldo estable para todos los gastos que a uno se le presentan”, relató.

Tiene tres uniformes que han sufrido el paso de los años y las lavadas. Los lava tres veces por semana y con cuidado para que le duren más tiempo. Espera le llegue una jubilación para retirarse de sus funciones.




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