Venezuela vive momentos difíciles. Emociones encontradas y sentimientos confusos acosan a esta querida patria. Nuestra disposición mental y actitudinal es elemento valioso en las duras horas por venir. La caminata que nos conduzca a la mejoría y al rescate de valores y recursos es larga, muy larga. En los días que siguen debemos reforzar una orientación hacia la esperanza y los logros. Debemos sumar una combinación de pragmatismo con valores y sentimientos. Como lo decía el poeta español Antonio Machado, en un sentido expresivo que hemos alterado, “tenemos que salir a hacer caminos al andar, y dejar huellas de futuro, al avanzar”.

Necesitamos salir de la atrofia y la rigidez, a averiguar, a buscar, a saber más dónde está, y cómo es, la esencia de nuestras vidas y el sentido de nuestra patria. En eso radica una madura ilusión de felicidad. Todo camino andado deja huellas creadas a semejanza de las huellas disfrutadas. Imposible olvidar a Antonio Machado, con sus caminantes y caminos, con sus senderos andados, con sus rutas consumidas. Venezuela nos exige una fuerte voluntad de cambios y una elevada creatividad, para solventar la nación y enmarcarla en las rutas del progreso.

¿Dónde nos llevarán esos largos y tortuosos caminos del cambio? ¿Cómo cambiarán la nuevas rutas nuestras consciencias, para reorientarlas, confiadas, hacia el futuro? La vida, como aventura, no tiene límites ni edades prefijadas, para realizarnos como seres humanos y ciudadanos de un país soberano. Pero, dejemos apartado un tiempo suficiente, para comunicarnos con la naturaleza y el universo. Para no reconstruir la nación sobre desiertos estériles, sobre caminos de tierra arrasada, y sobre campos y cultivos calcinados. Nuestra vida misma, la de cada ciudadano, debemos convertirla, cada día, en una mejor y más responsable aventura de futuro, pero debemos hacerlo desde el presente, que es la única realidad de la que tenemos constancia.

Hagamos ajenas las tensiones, los conflictos y odios, y el deterioro físico y emocional de la población venezolana. Todavía estamos a tiempo de ganarle al tiempo. Nos esperan unos cuantos miles de kilómetros, de caminar con inteligencia personal, analítica y social, para reencontrarnos con la nación que queremos. Desconfiemos de las sonrisitas forzadas, “dientes afuera”, aprendidas en academias de modelaje, de quienes se salen del camino preciso. Mantengamos el sentido de hogar y patria. Una vez más, recordemos el decir africano que afirma: “Las huellas de quienes caminan juntos, nunca se borran”…   




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