Chile se proclamó campeón de la Copa América 2015 y con ello esa generación de futbolistas se consagraron como la mejor de la historia del país./ Foto: Archivo
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El 2015 será recordado por el pueblo chileno como el año donde su selección conquistó la Copa América en su propio país, y como la consagración de una camada de futbolistas, la misma que se vio arropada en las constantes comparaciones con las generaciones de los Pedro Elías Figueroa, Iván Zamorano y Marcelo Salas.

Como todo logro, este tiene su génesis. En 2007, Marcelo Bielsa tomó las riendas de una selección que durante el último septenio navegó en las dudas. El argentino con un fútbol de carácter ofensivo y con la inclusión de jugadores como Claudio Bravo, Marcelo Isla, Gary Medel, Jean Beausejour, Arturo Vidal y Alexis Sánchez en papeles fundamentales dentro de la concepción de una idea, y construyó un equipo altamente competitivo que lo llevó al pedestal continental.

De su mano, Chile logró volver a disputar Copa del Mundo luego de más de una década sin hacerlo, cuando cerraron una gran eliminatoria de cara al Mundial de Sudáfrica de 2010 tras culminar segundos de la tabla con 32 unidades, tan sólo a uno del líder Brasil, para así certificar su presencia en la cita. Su última presencia fue en Francia 1998.

Marcelo Bielsa cimentó las bases de la selección chilena durante su dirección, desde 2007 a 2011./ Foto: Archivo

El entrenador rosarino finalizó su vínculo con el conjunto a principios de febrero de 2011, los motivos fueron diferencias con la ANFP (Asociación Nacional de Fútbol Profesional). “El Loco” se marchó con un formidable registro de 28 victorias, 8 empates y 15 caídas en 51 partidos dirigidos, para plasmar un rendimiento de 68.18%, -en ese entonces- el mejor de la historia dentro del seleccionado nacional. Más allá de los números, Bielsa dejó cimientos trascendentales, influyó en la mejora de infraestructuras de entrenamientos, cambió la mentalidad de los futbolistas, y moldeó al combinado para próximos ciclos.

Tras su marcha, el elegido fue Claudio “Bichi” Borghi, un ex jugador de nacionalidad argentina que había dirigido distintos clubes tanto del balompié local como de su país. Su designación trajo consigo múltiples dudas y críticas. Bajo su mando, no se cumplió con lo esperado. Su mala presentación en la Copa América de Argentina 2011 donde cayó eliminado en cuartos de final ante Venezuela, y una mitad de eliminatoria irregular de cara al Mundial de 2014 fueron los detonantes de su despido en noviembre del 2012.

En la búsqueda de un nuevo entrenador el favorito era Diego Pablo Simeone, sin embargo, la Asociación acabó por decantarse por el argentino Jorge Sampaoli. El nativo de Casilda gozaba de experiencia en propio territorio, dirigió a O’Higgins de 2007 a 2009 y -en ese momento- estaba al frente de la Universidad de Chile.

En el período con el cuadro azul se transformó en el técnico más importante de su historia. Haber conquistado tres campeonatos domésticos al hilo (Apertura 2011, Clausura 2011 y Apertura 2012) y la Copa Sudamericana de 2011 fueron algunas de las razones que condujeron a la dirigencia a tomar la decisión de hacerlo cargo del puesto el 03 de diciembre de 2012.

La ANFP decidió darle el puesto al Sampaoli, quien siguió el ciclo que había dejado Bielsa y llevó a la selección hacia el éxito/ Foto: Archivo

Con su llegada a la Roja, el primer objetivo era evidente: Retomar el sendero mundialista para encaminarse Brasil 2014, y lo cumplió a cabalidad. Pese a estrenarse por las eliminatorias con revés 1-0 contra Perú en Lima, el equipo acumuló cuatro victorias consecutivas ante Uruguay, Paraguay, Bolivia y Venezuela, un empate con Colombia, y por último un triunfo ante Ecuador, que concedieron al plantel el derecho de instalarse en otra Copa del Mundo.

En suelo carioca, Chile expuso el gran momento que atravesó en el remate de las eliminatorias, al avanzar en un grupo complicado donde estaban España, Holanda y Australia, además, con gran carácter fue capaz de vencer a la entonces campeona del mundo. Sin embargo, su andar se vio truncado en los octavos de final donde la vía de los penales los sacó de la competición tras perder ante el anfitrión Brasil.

A pesar de la temprana eliminación con respecto al magnífico funcionamiento de la Roja que invitaba a pensar con la aparición en una instancia desconocida, Sampaoli siguió el ciclo de Bielsa, ese que había terminado pero seguía latiendo, y de ahí tomó valor al frente de su cargo. El buen accionar en territorio amazónico constató el periplo exitoso por el cual empezaba a transitar tanto la oncena como el propio entrenador.

Copa América 2015

Un año después, Chile albergaría la Copa América de 2015 que se disputaría desde el 11 de junio hasta el 4 de julio. Con ello aparecía la oportunidad de consagración para una camada de jugadores que tanto se había visto envuelta en incesantes comparaciones con las generaciones de los Pedro Elías Figueroa, Iván Zamorano y Marcelo Salas.

Los futbolistas y el cuerpo técnico eran conscientes de la ocasión que les surgía, esa de entrar en los libros dorados al convertirse en el primer grupo que ganase un título en la historia del fútbol chileno. Esa misma convicción se trasladó hasta el inicio del certamen, donde en la primera ronda, el equipo sumó siete de nueve puntos en la fase de grupos, al derrotar a Ecuador 2-0, empatar 3-3 ante México y golear a Bolivia 5-0.

En los cuartos de final, como rival apareció Uruguay. Sampaoli estudió ampliamente al oponente y minimizó las virtudes de los charrúas que siempre lucieron incómodos, para que en la parte final del compromiso se vistiera de héroe un jugador que dibujó sus primeros pasos bajo el manto de Bielsa. Mauricio Isla apareció con un gol sobre la frontal del área para encaminar el triunfo y brindarle al grupo la posibilidad de disputar la semifinal.

Solo faltaba un paso y en esa parada previa a la cita con la historia Perú era la última alcabala a pasar. En un catalogado “Clásico del Pacífico” el delantero -y goleador de la copa- Eduardo Vargas fue la figura, al firmar un doblete en un duelo intenso donde el local supo sufrir pero terminó venciendo 2-1 a un rival que pese a jugar con un hombre menos a partir del minuto 20 puso en apuros a Chile. Finalmente se consumó la victoria y la anfitriona certificó su pase a la final del 4 de julio.

La consagración

Argentina subcampeón en el Mundial pasado, y plagado de estrellas era el rival de la Roja en la final. Ese día, sábado, los chilenos abarrotaron el estadio Nacional de Santiago para atestiguar el que sería el partido más importante de toda su historia.

Chile tenía un planteamiento, y lo puso en ejecución desde el inicio: Presionar constantemente a la albiceleste en cada sector del campo y rodear insistentemente a Lionel Messi para evitar el dinamismo contrario, y reducir las ocasiones de peligro. Salió bien la propuesta, en los minutos 90 reglamentarios el marcador terminó igualado a cero.

En la prórroga Argentina pudo ganarlo, pero no concretó las ocasiones y el juego concluyó en empate, por lo que la tanda de penales terminó siendo el camino para saber quién sería el campeón de América. Dicen que la definición desde los once pasos resulta una lotería, pero esa vez se comprobó lo contrario, si se analizan las capacidades de los pateadores y arqueros de cada equipo.

Matías Fernández, Arturo Vidal, Charles Aranguiz acertaron sus cobros, Claudio Bravo se vistió de héroe y Alexis Sánchez puso la guinda al pastel con un cobro sutil para cerrar el triunfo 4-1, además de la primera gloria futbolística de una nación de 17 millones de habitantes.

Sampaoli, desde su arribo, entendió que el camino era profundizar lo que ya había germinado Bielsa. Y como local, los Claudio Bravo, Mauricio Isla, Gary Medel, Jean Beausejour, Arturo Vidal y Alexis Sánchez se coronaron como la mejor generación de la historia de su país con miles de hinchas a sus espaldas cohesionados detrás de un sueño.

Chile tenía una idea y siempre la respetó. Con sus cartas, salió a jugarle de igual a igual al rival que tuvo enfrente. Y por primera vez terminó festejando. Bielsa se fue en 2011 pero dejó una semilla, la misma que los chilenos pudieron cosechar en 2015 y que hoy todavía lo hacen a nivel colectivo e individual con protagonismo mundial.

 




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