Aunque los aliados tradicionales de Canadá han empezado a expresar cierto apoyo a Canadá en su enfrentamiento diplomático con China, el país norteamericano no puede evitar sentir que está realmente solo en materia de política exterior.

Hoy, la ministra canadiense de Asuntos Exteriores, Chrystia Freeland, agradeció de forma efusiva las declaraciones públicas que ha recibido en las últimas horas y las denuncias del Reino Unido, Estados Unidos y la Unión Europea (UE) sobre la detención de dos canadienses en China.

Las autoridades chinas arrestaron este mes al diplomático en excedencia Michael Kovrig y al empresario Michael Spavor en aparente represalia por la detención en Canadá, a petición de Estados Unidos, de la directora financiera de Huawei, Meng Wanzhou.

Meng fue detenida el 1 de diciembre cuando hizo escala en Vancouver. Las autoridades estadounidenses solicitaron su arresto como paso previo para pedir su extradición y acusarla de un presunto fraude por violar las sanciones comerciales que Washington ha impuesto contra Irán.

El régimen chino reaccionó con dureza a la detención de Meng y amenazó a Canadá con represalias si la ciudadana china no era liberada de forma inmediata. Poco después, se produjeron los arrestos de Kovrig y Spavor, acusados de actividades que pueden amenazar la seguridad nacional china.

Pero excepto la declaración pública de apoyo que el secretario de Estado de EE.UU., Michael Pompeo, realizó el pasado 14 de diciembre durante una reunión con Freeland, los aliados de Canadá habían permanecido en silencio hasta ayer.

El viernes, el ministro de Exteriores del Reino Unido, Jeremy Hunt, declaró que estaba “profundamente preocupado” por el aparente motivo político del arresto de los canadienses y añadió que está seguro que Canadá está aplicando la ley de forma justa en el caso de Meng.

En términos similares se expresó ayer la UE en un comunicado, en el que señala su “preocupación” por lo que la detención de los dos canadienses puede suponer para la “prácticas empresariales” en China.

A preguntas de Efe, Freeland expresó hoy su “satisfacción” por el apoyo recibido a pesar de la tibieza de las declaraciones del Reino Unido y la UE.

“He estado en contacto con Jeremy Hunt (ministro de Exteriores del Reino Unido). Tuve una buena conversación ayer con él y hemos estado en contacto desde el principio. He estado en estrecho contacto con destacados líderes de la UE. Y hace ocho días me reuní con los secretarios Pompeo y Mattis de Estados Unidos”, explicó.

“De hecho, estoy realmente agradecida y satisfecha con la forma en que nuestros aliados han acudido en nuestro apoyo, al explicar al mundo, que Canadá es un país de leyes y al expresar su preocupación por la detención de Kovrig y Spavor”, añadió la ministra canadiense.

Pero Freeland también reconoció implícitamente que Canadá solo ha empezado a recibir el tímido apoyo de sus aliados tradicionales después de que Ottawa presionase para que denunciasen la situación y advirtiese que las detenciones son un peligroso precedente para otros países occidentales.

El escaso apoyo que Canadá ha recibido hasta el momento en su conflicto con China se une al absoluto silencio que Ottawa recibió después de que Arabia Saudí provocase una crisis diplomática con el país norteamericano.

La grave crisis se inició en agosto cuando Freeland denunció en Twitter la situación de varios defensores de los derechos humanos en Arabia Saudí.

Las autoridades de Riad reaccionaron con furia: expulsaron al embajador canadiense en el país, cancelaron los vuelos de la aerolínea estatal Saudia, ordenaron a 15.000 saudíes que estudian en Canadá la salida del país y el Banco Central de Arabia Saudí forzó la venta de activos canadienses en su posesión.

Ante el estupor del Gobierno canadiense, ni Washington ni Londres ni Bruselas realizaron el más mínimo gesto de apoyo en favor de Canadá.

En el caso de Estados Unidos, el silencio fue atronador.

Heather Nauert, entonces portavoz del Departamento de Estado y ahora futura embajadora ante la ONU, se negó a responder preguntas sobre el conflicto entre Canadá y Arabia Saudí.

“No voy a implicarme en esto”, declaró Nauert cuando se le preguntó por la posición de Washington.

La falta de solidaridad de los aliados occidentales en los conflictos que Canadá tiene con China y Arabia Saudí, causados por las prácticas antidemocráticas de los dos países, no ha pasado desapercibida en el país.

“En estos dos casos, está claro que nadie respalda a Canadá. En ese sentido, Canadá está realmente sola”, declaró recientemente a la radiotelevisión pública canadiense, CBC, la profesora del Centro para Estudios Internacionales y de Defensa de la Universidad de Queens, Kim Richard Nossal.




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