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Todo lo que tiene que ver con la economía venezolana es un caos. Todo menos una cosa: la depredación o la corrupción masiva. En esta materia las cosas “funcionan” porque ya va quedando poco que robar, y es que como decía una vieja canción: se lo han robado todo… Pero volviendo al caos económico, un emblema del mismo es el caos monetario, y en particular el caos con el circulante.

como decía una vieja canción: se lo han robado todo…

En Navidades, Maduro y los suyos resolvieron sacar de circulación el billete de 100 bolívares, dando un plazo mínimo para depositarlo o canjearlo, con lo que causaron un problema mayúsculo, que dejó a medio país sin dinero en efectivo, y que terminó por arruinar la ya muy menguada temporada decembrina. Anunció, entonces, que el “nuevo cono monetario” estaba listo, y que en cuestión de pocos días, todo estaría arreglado. Pero ya llevamos casi tres meses, y nada.

De vez en cuando aparecen los nuevos billetes, pero en cantidades mínimas. El billete de mayor circulación sigue siendo el de 100 bolívares, y por eso tienen que prorrogar su vigencia. Todo ello es síntoma de la improvisación general que prevalece en materia económica. Un despelote que tiene al país en la lona monetaria.

Un viceministro declaraba en estos días, que el billete de 100 bolívares era innecesario, porque los billetes de más alta denominación ya habían llegado al país. Eso mismo fue lo que dijo Maduro hace casi tres meses. Y bien se sabe que se trataba de una gran mentira. ¿Producto de la ignorancia, o de la mala fe, o de una combinación de ambas? Vaya usted a saber…

Lo cierto del caso, es que no sólo se ven poquísimo los billetes de 500 ó 1.000 ó 5.000 ó 20.000, sino que ahora están circulando más los billeticos de 10 y de 20. Toda una burla para el pueblo, porque haría falta una maleta de esos billeticos para hacer una compra básica de comida o medicinas, si es que se pudieran conseguir los productos indicados.

Pero uno de los asuntos más graves relacionados con la materia, es que hay como un acostumbramiento de mucha gente. Una especie de resignación a vivir o sobrevivir en el caos. “Esto es lo que hay”, se suele escuchar con frecuencia. Pues no. Uno no debe resignarse al caos, porque entonces el caos se hace invencible, y Venezuela no merece un presente caótico y un futuro más caótico todavía.

 

 

 




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