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Un verdadero éxito de taquilla ha constituido el nuevo film de Carlos Oteiza: CAP 2 Intentos. Lo vi por primera vez en el cine y me impactó favorablemente. Sin embargo, el lunes de esta semana tuve la oportunidad de profundizar en su temática, gracias al privilegio que me concedió la Fundación Friederich Eber, al compartir con el afamado cineasta la conducción de un cine-foro sobre la película en referencia.

La sede de la Fundación, que lleva el nombre del famoso estadista alemán, se vio abarrotada, de tal manera, que un gentío no pudo acceder por razones de espacio a este magnífico evento que se convirtió, sin proponérselo premeditadamente nadie, en uno de los más enriquecedores debates políticos que he asistido en los últimos tiempos.

Después de ver la película, los asistentes oyeron las explicaciones de Oteiza sobre las razones que lo llevaron a trabajar el tema; y a mí, los problemas políticos que rodearon los dos gobiernos que presidió nuestro compañero Carlos Andrés Pérez y lo hice de manera crítica y autocrítica. Aunque lo más interesante de la tertulia, como suele ocurrir en temas tan polémicos, surgió de las intervenciones y preguntas de tan selecto auditorio.

Haciendo, por razones de espacio, una apretada y abusiva síntesis podemos relievar dos grandes líneas de discusión- acertada e inteligentemente moderada por Hildebrand Breuer, coordinador de proyectos de la institución-  primeramente: la comparación de dos modelos políticos, económicos y sociales contradictorios dirigidos, increíblemente, por el mismo gobernante. En segundo lugar, se debatió la oportunidad que perdió Venezuela, hace un cuarto de siglo, de salir de este modelo rentista por la incomprensión de todo una sociedad que nos condujo, dolorosamente, a este retroceso histórico que ahora todos lamentamos.

Y la conclusión del debate fue también asaz interesante: la necesidad de la celebración de un pacto político y social que vaya más allá de los partidos políticos e involucre a los demás poderes fácticos de la nación, representada por empresarios, trabajadores y hasta, por qué no, sectores de las fuerzas armadas anhelosos de un plan de desarrollo, a cuarenta años plazo, que reconstruya el país de manera sostenida.

El profesor Germán Carrera Damas, como buen historiador y cientista social, confía más en el análisis de los sistemas políticos que en los hombres que tratan de impulsarlos, pero en días pasados leía el diálogo entre Enrique Krauze y Hugh Thomas – historiadores mexicano e inglés respectivamente- donde éste le comentaba a aquel, sobre el papel del individuo en la historia de Venezuela: “Enrique (le decía Thomas): Platón escribió que siempre ha sido posible para los individuos con un esfuerzo sobrehumano, (o mejor dicho, supremamente humano) detener el proceso de decadencia de las sociedades. Sospecho que en los años 1945-1948 y 1958-1964 y también posteriormente, justamente un esfuerzo de esa magnitud fue necesario hacer en Venezuela, por Betancourt y los líderes demócratas de ese país”.

Y mire usted que Hugh Thomas conoce a Venezuela, no en balde es prologuista de la obra máxima de Betancourt: Venezuela, política y petróleo. Seguramente esta afirmación también la comparte el profesor Carrera, pues así lo ha dejado escrito en su enjundiosa biografía de Rómulo Betancourt.

Lo que habría que agregar, a lo dicho por el eminente historiador inglés, es que Carlos Andrés Pérez también realizó ese esfuerzo supremamente humano, que la historia le exige a los líderes, para detener aquel proceso de decadencia; pero lamentablemente, como nos lo narra Carlos Oteiza, fracasó en su segundo intento. Todo por aquel criminal golpe fracasado, el 4 de febrero de 1992, que detuvo el proceso más serio y coherente, que se ha intentado en Venezuela, para diversificar la economía y salir del subdesarrollo. Ya tenemos un cuarto de siglo de atraso por aquel zarpazo militar.

A los venezolanos de hoy nos corresponderá la inmensa tarea, no solo de detener esta decadencia, sino de empatar el hilo que fue roto por esta regresión anti histórica que padecemos  y comenzar a reconstruir a Venezuela, a partir de un pacto societal, donde  planifiquemos lo que queremos sea nuestro país en las próximas décadas. La obra de los padres fundadores de la democracia no se puede perder en nuestras manos. Vamos a reflexionar, a partir de la obra de Carlos Oteiza, para impulsar el tercer intento. A la tercera…va la vencida. Sí hay futuro.

 




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