Foto: Armando Díaz
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Una vez más el pueblo carabobeño ha acudido a las calles de la región para cumplir con su compromiso de libertad. 48 horas de paro están pautadas y desde la madrugada de este miércoles los ciudadanos salieron a trancar y a expresarse sin importar los fuertes aguaceros que cayeron en distintos momentos de la mañana y la tarde

Los municipios: San Diego y Valencia fueron de los más obstaculizados. Sin embargo las vías más importantes en la mayoría de estas zonas permanecieron abiertas, avenida Bolívar, avenida Universidad y avenida Cedeño. El tráfico vehicular era regular. No se observaba gran presencia de autobuses, ni tampoco de peatones. Los comercios cerrados mostraban la repercusión de un centenar de calles trancadas. Muchos no están dispuestos a trabajar, algunos alegaron que tienen miedo de quedar varados en sitios alejados de sus casas, otros afirmaron que no saldrían porque el pueblo está de paro. Las razones varían.

En esta oportunidad las zonas residenciales están llenas de troncos, palos, vigas, cauchos, hierros, mallas, alambres y cintas. Son materiales que los manifestantes suelen utilizar para evitar el tránsito vehicular. En algunos puntos la adrenalina y la tensión controlan a los manifestantes que se dejan llevar y caen en actitudes violentas contra motorizados y conductores que intentan cruzar barricadas para llegar a sus lugares de destino.

La presencia de encapuchados es menor que en la mayoría de las convocatorias. En la esquina del Centro Comercial Shopping Center alrededor de 40 jóvenes esperan que algún guardia o cuerpo policial se acerque para iniciar los enfrentamientos. En San Diego el ambiente es similar. A lo largo de la avenida Don Julio Centeno, múltiples barricadas hacen imposible el paso. La mayoría expresó que “Aquí no pasará nadie. Estamos de paro y eso se respeta” gritaba un hombre con una franela azul que le cubría el rostro.

La Andrés Eloy Blanco emuló a otras avenidas; a la altura de El Añil, Agua Blanca, Santa Cecilia y Los colorados las barricadas impedían acceder a las urbanizaciones y a otras zonas aledañas. Una gran pancarta con las palabras “¡350 ya! en la entrada del elevado de los Colorados hacía imposible el paso a la zona sur de la ciudad. Cerca de ahí en la Cuatricentenaria se observa el paso despejado, pero en los puntos de La Mansión de Victor y el Colegio Sagrado Corazón se repitió la estrategia. Ni la lluvia que duró alrededor de una hora impidió a los manifestantes continuar en su misión.

Hasta la mitad de la tarde los municipios Naguanagua, Los Guayos y Valencia Sur mostraban sus calles como un día cualquiera. Muchos comercios tenían sus peurtas abiertas y largas colas se hacían en panaderías, quincallerías y abastos. Muchos afirmaron tener miedo de que se arme una trifulca en las calles y por eso prefirieron llenar sus despensas con los pocos productos que hay disponibles en los anaqueles.

 




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