En todas las elecciones realizadas en Venezuela desde diciembre de 1998, siempre ha habido un altísimo porcentaje de abstención, abstención que ha permitido la victoria del chavismo y su permanencia en el poder. Por lo visto entonces, esa política renunciataria de la oposición de no ir a votar, con la ilusoria creencia de deslegitimar al régimen no ha servido para nada y, sin embargo, muchos dirigentes políticos de la oposición han decidido, en vísperas de las próximás elecciones presidenciales, volver a ponerla en práctica y no ir a votar.

Es cierto que el CNE no ofrece las mínimas condiciones de transparencia y de imparcialidad para que ese voto de verdad represente la voluntad popular. Hay más, es indudable que el sistema, puesto en acto por esos rectores que deberían velar por la correcta aplicación del artículo 63 de la Constitución según el cual el “sufragio se ejercerá mediante votación libre, universal, directa y secreta”, no es ciertamente un estímulo para que la gente vaya a votar. Todo lo contrario! Sin embargo, renunciar a ejercer un derecho tan sagrado como es el voto, a sabiendas no solamente de que al gobierno no le importa un pito de que la gente de la oposición no vaya a votar, sino que esa abstención más bien lo favorece, como ha sucedido, por ejemplo, en las elecciones parlamentarias del 2005 cuando, gracias a la abstención de la oposición el gobierno logró una mayoría calificada, me parece un suicidio político. ¿Es eso lo que quieren esos politicastros cabezuelas de la oposición?

La historia enseña que abstenerse de ejercer un derecho establecido por la Constitución, por lo general ocasiona tragedias! Por ejemplo, cuando Mussolini tenía poco más de un año en el poder, los parlamentarios de la oposición, en signo de protesta por una serie de medidas autoritarias tomadas por el régimen fascista, se abstuvieron de votar. Esa huelga, mejor conocida como la  huelga del “Aventino”, uno de los siete cerros de Roma, famoso porque allí fue donde se retiró la plebe durante su rebelión contra los patricios (494 a.C), permitió que Mussolini lograra que el Parlamento aprobara una serie de leyes que, a la postre, fortalecieron definitivamente su posición de poder.

Ahora bien, si todas las encuestas aseguran que más del 80% de los electores votará en contra del gobierno, si todas las encuestas dicen que más del 75% de los venezolanos quiere un cambio substancial en la condución del gobierno, ¿por cuál motivo esas “lumbreras” (?) que dirigen la política de este país, no solamente se empeñan estoicamente en no participar a las elecciones sino que nadie propone una alternativa a esa abstención? Lamento decirlo pero aquí no hay más remedio que pensar mal…a pesar de que, como decía Andreotti, a veces a pensar mal se comete pecado pero casi siempre se acierta! Que con ese CNE no se le puede ganar pero mis  “encumbrados luminares” de la política suramericana, ¿en el 2015, con ese mismo CNE, no les hemos ganado y en forma aplastante la Asamblea Nacional?

¿Acaso en el 2007 y siempre con ese mismo CNE no le hemos ganado, a través de esa aplastante victoria “escatológica,” las enmiendas constitucionales  que quería imponernos Chávez? ¿No será más bien que en nuestra oposición no hay suficiente cohesión política y sobre el espíritu de pertenencia patriótica que debería haber,  se imponen tristes  proyectos de ambición personal? De ser así….pobre Venezuela!

Desde Italia  




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