(Foto AFP)
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El terrorista venezolano Ilich Ramírez Sánchez, “Carlos”, afirmó este lunes que el juicio iniciado contra él por un atentado mortal cometido en una galería comercial de París en septiembre de 1974 es “una burda manipulación” que no se sustenta con pruebas.

En línea con su actitud en procesos anteriores, eludió entrar en los elementos en su contra acumulados durante los casi 43 años de instrucción y señaló que “la verdad histórica no tiene nada que ver” con esta.

El encausado, encarcelado desde 1994, consideró además que detrás de las asociaciones de víctimas hay “organizaciones sionistas” que “se llenan los bolsillos” presentándose como acusación particular en busca de indemnizaciones.

“Carlos”, de 67 años, insistió en que “no hay pruebas materiales ni nada” que lo inculpen personalmente y en que “no hay ningún testigo” que haya podido identificarlo.

Una versión que difiere de la del acta de acusación, que de ser validada por el Tribunal de lo Criminal de París al término del proceso previsto para finales de mes podría suponerle la tercera condena a cadena perpetua en Francia.

“Carlos” está imputado por haber lanzado una granada el 15 de septiembre de 1974 en el Drugstore Publicis del bulevar Saint Germain de París que causó la muerte de dos hombres y heridas a otras 34 personas.

Los investigadores relacionaron rápidamente ese atentado con un secuestro iniciado dos días antes en la embajada francesa de La Haya, obra de un grupo terrorista japonés de extrema izquierda, que exigía la liberación de uno de sus miembros encarcelado en Francia.

La granada del Drugstore Publicis era del mismo tipo que las requisadas a los secuestradores de La Haya, que procedían de un lote robado en 1972 a las fuerzas armadas estadounidenses estacionadas en la entonces República Federal Alemana.

Otra prueba acusatoria es un artículo publicado en noviembre de 1979 por el periódico árabe “Al Watan Al Arabi”, que daba cuenta de una entrevista al propio “Carlos” en la que reivindicaba la autoría de la acción.

Pero los elementos clave de la acusación son los testimonios de algunas personas de su entorno en ese tiempo, como la que fue su novia, la colombiana Amparo Silva, así como uno de los responsables del Ejército Rojo Japonés y Hans Joachim Klein, antiguo miembro del grupo del terrorista venezolano.

Tanto Silva como Klein deben confrontar sus declaraciones en el tribunal el jueves y el viernes próximos, respectivamente, ante este hombre de 67 años, encarcelado en Francia desde su captura en agosto de 1994 en una operación de los servicios secretos.

Ramírez Sánchez contó hoy algunos datos de su biografía, como que nació en una familia “acomodada” de “pequeño burgueses”, pero al mismo tiempo de “revolucionarios inveterados”, o que pasó sus años de estudio en Venezuela, Londres y Moscú, donde empezó su giro hacia la acción armada por su relación con el Frente Popular de Liberación Palestina (FPLP).

En 1970 estuvo en Jordania y marcó para él un punto de inflexión porque mientras se entrenaba para la lucha armada vivió en primera persona los ataques del ejército contra los palestinos, que le asentaron la idea de que la injusticia con ese pueblo “es inimaginable”.

Preguntado sobre si hay cosas que lamenta de su vida, dio una de sus habituales larguísimas respuestas con más que aparentes contradicciones.

Si por una parte afirmó que “no (le) gusta la violencia” aunque dice tener “una habilidad natural” para ejercerla, reconoció que debió haber matado a algunas personas cuando tuvo oportunidad porque así “se habrían evitado muchos males”.

Su primera condena a cadena perpetua en Francia se remonta a 1997 por haber asesinado en París a dos agentes secretos franceses y a un confidente en junio de 1975. La segunda, confirmada en apelación en 2013, tiene que ver con cuatro atentados en Francia en 1982 y 1983 en los que murieron once personas y casi 200 resultaron heridas.




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