Tareas dirigidas
Un estudio de la FVM comprobó que 90% de los estudiantes de sexto grado no tienen las competencias necesarias para ser promovidos a bachillerato. Foto: Cortesía Foto: Manuel Díaz
Lucía Fernanda Ramírez/Crónica Uno
Hace 42 años, cuando descubrió que la docencia era su vocación, la casa de Marlene Machado, en el barrio La Unión de Petare, ha estado llena de niños y niñas con ganas de aprender.
“También estudié Administración de Empresas y ejercí muchos años, pero enseñar es mi verdadera pasión”, asegura la educadora, egresada de la Universidad Central de Venezuela (UCV).
Por esa razón, decidió ejercer en colegios durante las mañanas y continuar con la enseñanza en las tardes.
A diferencia de otras casas de tareas dirigidas, que surgieron durante la pandemia de COVID-19, la sala de Marlene ya estaba acondicionada para ello. Sin embargo, la cantidad de alumnos aumentó durante el confinamiento por el nuevo coronavirus.
También incrementaron las deficiencias académicas, sobre todo en los niños y niñas sin acceso a teléfonos inteligentes o computadoras, los principales canales de comunicación entre los estudiantes y sus docentes.

Sustitutas del colegio

Marlene afirma que, además de la pandemia, el horario mosaico, una modalidad en la cual los docentes asisten dos o tres veces por semana a las escuelas para dedicarse a otras actividades económicas que les permitan subsistir económicamente, acrecentaron las deficiencias en materias básicas como Lenguaje y Matemática.
Durante las vacaciones, la maestra Marlene también recibe a niños y niñas que necesitan refuerzo académico. Foto: Cortesía Manuel Díaz
“Él tiene 10 años. Cuando llegó acá no sabía leer ni las vocales. Ya lo hace y va a poder pasar a sexto grado con esas habilidades”, dijo, mientras se refería a uno de sus estudiantes.
Un estudio de la Federación Venezolana de Maestros (FVM) comprobó que 90% de los estudiantes de sexto grado, no tienen las competencias necesarias para ser promovidos a bachillerato.
Carmen Teresa Márquez, presidenta de la FVM, explicó que los alumnos fueron evaluados en materias básicas como Matemática, Castellano, Ciencias Sociales y Ciencias de la Naturaleza. Denunció que el Gobierno obliga a los docentes a promover a los alumnos de grado sin tener las competencias necesarias.
Al igual que Marlene, otras docentes que al principio ofrecían sus servicios de tareas dirigidas, se han convertido en las sustitutas de los centros educativos públicos, donde por horario de emergencia (mosaico), o por problemas de servicios básicos, los estudiantes no pueden asistir todos los días, ni en su horario regular.
En 2022, 39% de los escolares de Petare acudían a servicios pagos, de bajo costo, ofrecidos por educadores de la comunidad, según un estudio de la organización Un Estado De Derecho.

Proyecto Descargando el Futuro

La maestra Marlene no era la única con una casa de tareas dirigidas en Petare. Aproximadamente 15 maestras estaban dedicadas, cada una en sus zonas de residencia (José Félix Ribas, La Agricultura y otros sectores de Fechas Patrias), a reforzar y enseñar desde cero a los alumnos de sus comunidades.
Fue así como Jimmy y Jaime Pérez, quienes fundaron la organización no gubernamental Zona de Descarga en pandemia, idearon junto con las maestras un proyecto llamado Descargando Futuro, en el que además de la enseñanza, se harían otras actividades formativas para la niñez y la adolescencia de distintas zonas de Petare.
“Los formamos no solo para que cumplan con las tareas, sino para que hagan mucho más y conozcan otra realidad”, manifiesta Luzmar Lazo, una de las docentes de barrio Unión, en Petare.
El costo por las clases es de un dólar. Pese a esto, la mayoría de alumnos están exonerados del pago porque, aunque parezca poco, no todos tienen la posibilidad de costearlo.
“Algunos vienen a hacer maquetas, láminas, pero no tienen los materiales. Nosotras tratamos de tener los recursos en casa, trabajar con material de reciclaje, para que tengan con qué hacer sus asignaciones”, afirma Luzmar.
Luzmar forma parte de las maestras de Descargando Futuro desde hace dos años. Foto: Manuel Díaz
La educadora señala que cuando tiene la oportunidad, también enseña inglés a sus estudiantes.
Luzmar trabaja más con los alumnos de bachillerato. Sin embargo, entre sus estudiantes hay alumnos de todos los grados.

Catalinas ilustradas

Cada maestra del proyecto Descargando Futuro tiene un aproximado de 30 alumnos, el número de estudiantes que por lo general recibe un salón de clases en una escuela regular.
Para costear los gastos básicos de transporte –cuando hay paseos– o meriendas, las maestras de Descargando Futuro venden unas catalinas que llamaron “Catalinas ilustradas”, una rica preparación con la que alimentarán el conocimiento de la niñez y la adolescencia de la comunidad.
“No es mucho, pero se logra reunir para lo necesario. Lo que más se necesita es amor y ganas. Eso todas lo tenemos de sobra”, cuenta Yasmín Castro, otras de las maestras que dictan clases en barrio Unión.
Además de las catalinas, Descargando Futuro recibe ayuda de otras organizaciones y donaciones que les ayudan a los niños y niñas con sus uniformes, así como adquisición de útiles escolares.

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