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Millones de filipinos acudieron a visitar a sus seres queridos fallecidos con motivo del Undas o Día de los Difuntos, una señalada jornada que cada año llena de fiesta y color los cementerios de todo el país.
En los camposantos de Manila, una metrópolis de 13 millones de habitantes, las aglomeraciones comenzaron a primera hora, con ríos de gente de diversos lugares para llevar ofrendas de flores y cirios a las tumbas de sus allegados.
A pesar de la fuerte lluvia, como cada primero de noviembre, las calles de los cementerios se abarrotaron con puestos que vendían desde alimentos fritos o a la brasa, hasta flores y todo tipo de ofrendas para los finados, mientras la basura y la cera de las velas se han ido acumulando en el suelo junto a las tumbas.
La Policía controló el acceso a los cementerios, donde se ha prohibido bebidas alcohólicas, animales de compañía, altavoces, guitarras, cartas de juego, además de objetos peligrosos como materiales inflamables, cuchillos, y otras armas.
El director de la Policía Nacional de Filipinas, Ronald dela Rosa, pidió a los ciudadanos mantener la guardia ante posibles conductas sospechosas que pudieran estar relacionadas con los diversos grupos yihadistas que operan al sur del país.



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