(Foto Cortesía)
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Un centenar de personas han muerto desde el viernes en Birmania, país asiático, cuando comenzó una serie de ataques de la minoría musulmana rohinyá en el oeste del país, donde decenas de civiles intentan huir de la violencia hacia Bangladesh.

Varios centenares de insurgentes tendieron el sábado emboscadas y atacaron varias aldeas del norte del estado Rakhine, en la frontera con Bangladesh, en la segunda jornada de incidentes, según el diario oficialista Global New Light of Myanmar.

Los rebeldes armados con machetes y explosivos de fabricación casera quemaron decenas de casas, varias tiendas y mezquitas en estos ataques en los que murieron al menos seis civiles, según añadió este periódico.

Los muertos se suman a los al menos 89 que hubo el viernes tras la primera oleada de ataques contra puestos policiales y militares, y que incluyen a 77 rebeles, 10 policías, un guarda fronterizo y un soldado.

A ellos se añade otro supuesto rebelde rohinyá que murió en un hospital de Bangladesh al que acudió con heridas de bala.

El nuevo brote de violencia en Birmania ha hecho aumentar el número de rohinyás que intentan escapar hacia Bangladesh cruzando el río Naf, que hace de frontera natural entre los dos países.

Las autoridades de Dacca han expulsado al menos 290 rohinyás que intentaron entrar al país durante los últimos tres días, a la vez que han reforzado la vigilancia en la frontera.

El Ministerio de Exteriores bangladesí manifestó en un comunicado su “preocupación por las pérdidas de vidas humanas en los ataques” y advirtió del agravamiento de la crisis en la frontera.

“Miles de civiles indefensos, incluidos mujeres, niños y ancianos del estado de Rakhine, se han congregado cerca de la frontera y hecho intentos de cruzar a Bangladesh”, aseguró Exteriores.

El principal periódico de Bangladesh, Prothom Alo, informó hoy, sin revelar sus fuentes, de que unos 3 mil rohinyás ya han logrado entrar en territorio bangladesí en los últimos días, de los cuales al menos 25 tenían heridas de bala.

La prensa del país también aseguró que soldados birmanos dispararon contra civiles rohinyá que intentaban huir en al menos dos puntos de la frontera.

Los ataques fueron reivindicados por el Ejército de Salvación Rohinyá de Arakan (ARSA), quien en un nuevo comunicado denunció el uso por parte del Ejército birmano de extremistas de la mayoría budista rakhine como fuerzas de choque contra civiles rohinyá.

“Los extremistas de la comunidad rakhine parecen contentos de que se les utilice como escudos humanos, de matar a civiles rohinyá, saquear sus propiedades y quemar sus casas junto al brutal Ejército birmano”, dijo hoy ARSA a través de su cuenta en Twitter.

La organización acusó al Ejército birmano de cometer varios abusos contra civiles en las últimas semanas, incluidos doce asesinatos y saqueos, para justificar estos ataques como medida de autodefensa.

Las autoridades birmanas, en cambio, calificaron a los atacantes de terroristas y les acusaron de socavar los esfuerzos de paz en la zona.

Más de un millón de rohinyás viven en Rakhine, donde sufren una creciente discriminación desde el brote de violencia sectaria de 2012 que causó al menos 160 muertos y dejó a unos 120 mil de ellos confinados en 67 campos de desplazados.

Las autoridades birmanas no reconocen la ciudadanía a los rohinyás, sino que les considera inmigrantes ilegales bengalíes, y les impone múltiples restricciones, incluida la privación de movimientos.

Los últimos asaltos siguen a los que en octubre ARSA, que entonces se identificó como Harakah al-Yaqin, realizó en la misma zona, y que causaron la muerte de nueve policías y desencadenaron una operación de represalia del Ejército birmano.

La ONU y varias organizaciones condenaron esa campaña militar en la que denunciaron todo tipo de abusos contra la población civil, incluidos asesinatos, saqueos y violaciones, y que llevó a unos 74.000 rohinyás a huir a Bangladesh.

La nueva oleada de ataques ha generado varias respuestas de condena a los rebeldes desde diversas instancias internacionales, incluidas la ONU, la Unión Europea y Estados Unidos, que a la vez han pedido contención en la respuesta a las autoridades birmanas.

La nueva escalada de violencia tuvo lugar un día después de que el ex secretario general de la ONU, Kofi Annan, presentara al Gobierno birmano un informe con recomendaciones para promover la paz y el desarrollo en Rakhine.

Entre otros, el informe instaba a las autoridades birmanas a resolver la falta de reconocimiento de la ciudadanía de los rohinyás y evitar una respuesta puramente de seguridad ante las tensiones entre la mayoría budista y la minoría musulmana.




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