(Cortesía)

Hasta el pasado lunes 18, los cadáveres de Carlos Alberto Figueroa Pino, de 50 años de edad, y el de su hijo Carlos Alberto Figueroa Cedeño, de 26 años de edad, permanecían en la morgue de Bello Monte.

A ellos los mató una comisión de la División de Vehículos de la policía científica, el miércoles de la semana pasa, luego de hacerle seguimiento, desde Santa Rosalía, municipio Libertador. Se desplazaban en un Chevrolet Corsa rojo, reseñó Monitoreo de Víctimas.

Beatriz Cedeño, exesposa de Figueroa Pino y madre del joven, admitió que ambos estaban implicados en el robo de vehículos, “pero no mataban a nadie”, argumentó al llegar a la morgue.

Cedeño explicó que testigos indicaron que el auto donde iban padre e hijo, volcó. Ambos fueron sacados del vehículo y colocados en el pavimento por los policías para luego darle un disparo a cada uno en el pecho. Después la policía dijo que se trató de un enfrentamiento.

La madre del joven detalló que cuando el Cicpc inició el seguimiento del Corsa rojo, en Santa Rosalía, los Figueroa llevaban verduras, hortalizas y frutas para vender porque tenían tres meses que estaban dedicados a esa actividad.

“No mataban a nadie. No eran asesinos. Un ser humano no merece morir así”, reiteró Beatriz Cedeño.




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