La más reciente víctima del conflicto armado colombiano, cuyo caso tiene consternado este miércoles al país, se llamaba Samuel David: tenía siete meses de nacido y su padre es un exguerrillero de las FARC que creyó en la paz pero al que su pasado le pasó una dolorosa “cuenta de cobro”.

El menor nació luego de que el Gobierno colombiano y las FARC firmaran en 2016 un acuerdo de paz para terminar con 60 años de enfrentamientos que dejaron más de ocho millones de víctimas en el país.

Él hizo parte del denominado “baby boom” de la que fue la guerrilla más antigua de América, gracias al cual nacieron unos 800 bebés y están próximos a llegar otros 258.

Junto a sus padres, Carlos Enrique González, de 23 años, y Sandra Pushaina, de 19, el niño vivió en el Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación (ETCR) de Tierra Grata, ubicado en el caribeño departamento del Cesar y que hace parte de los lugares en los que unos 8.000 excombatientes permanecen tras entregar las armas.

Los tres viajaron el pasado fin de semana al departamento de La Guajira, fronterizo con Venezuela, para que la familia de González conociera al bebé, de quien decían era el símbolo de la nueva vida de su padre, lejos del conflicto del que hizo parte durante seis años.

En ese tiempo, el exguerrillero, conocido con el alias de “Gustavo”, estuvo en las filas del frente 41 de las FARC, que delinquía entre el Cesar y el vecino país.

A pesar de que desde la firma de la paz han sido asesinados 128 exmiembros de las FARC, González se sentía tranquilo porque no había recibido amenazas.

Por eso, el pasado 13 de abril departió con su familia en la humilde vivienda en la que residen y se acostó hacia las 10 de la noche.

Cuatro horas después lo despertaron las balas. El conflicto volvió de la mano de varios desconocidos que dispararon indiscriminadamente contra quienes estaban en la casa.

Un primo del excombatiente murió en el ataque; Carlos Enrique recibió dos disparos; a Sandra una bala le dio en una pierna, y Samuel David, que no paraba de llorar, tenía destrozada una de sus extremidades inferiores.

Por miedo, los vecinos, pertenecientes a la etnia wayuú, solo acudieron a ayudarlos hacia las 6 de la mañana.

Para ese momento el pequeño Samuel David había muerto desangrado, y sus padres, heridos, fueron trasladados a un centro médico del municipio de Maicao, en donde ya fueron dados de alta.

“Repudiamos el asesinato de Samuel David, de siete meses, hijo de desmovilizados que decidieron genuinamente reincorporarse a la vida civil”, expresó hoy el presidente colombiano, Iván Duque, en su cuenta de Twitter.

El mandatario condenó el hecho, que dijo “no quedará impune”, y solicitó a las autoridades “avanzar en las investigaciones para dar con los responsables”.

Este caso despertó no solo temor entre los exguerrilleros que han denunciado reiteradamente amenazas de muerte por parte de grupos de extrema derecha sino también la solidaridad de entidades nacionales e internacionales que siguen apostándole a la paz.

Precisamente, la ONU informó ayer que donará tres millones de dólares para el cuidado y la protección de los niños que nacieron tras la firma del acuerdo.

Según el director de la Agencia para la Reincorporación, Andrés Stapper, con el dinero se “crearán en todos los espacios territoriales centros para la protección y el cuidado de los menores”.

En los 24 Espacios Territoriales de Capacitación y Reincorporación hay actualmente 2.935 excombatientes de las FARC, mientras que el resto de desmovilizados se encuentran en otras zonas del país.

Irónicamente y pese a los asesinatos, en el más reciente sondeo que realizó el Gobierno del total el 76 % de los excombatientes es optimista sobre su futuro dentro del proceso de reincorporación.

“Se trata de una demostración de confianza de la guerrillerada en la seriedad de las acciones emprendidas por el Gobierno para facilitar la vinculación a la sociedad de aquellas personas que dejaron las armas y se plegaron al camino de la legalidad”, dijo el consejero presidencial para la Estabilización y la Consolidación, Emilio Archila.

Sin embargo, como lo manifestó en un comunicado el ETCR en donde vivió Samuel David, el niño nació “como símbolo de esperanza de la construcción de paz” y murió “para recordarnos que las condiciones de convivencia están distantes aun en medio de un orden social en plena decadencia”. EFE




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