Jugadores del Bayern Múnich levantando la Champions League tras la victoria (1-0) frente al PSG. / Foto EFE

Un gol de Coman en el segundo tiempo dio la victoria al Bayern Múnich frente al PSG (1-0). Los bávaros consiguen la sexta Champions de su historia y son el tercer equipo que más ha ganado la competición.

Sin sus aficiones en las gradas y el mundo observando a través de la transmisión televisiva, franceses y alemanes se enfrentaron en una final que quedará para la historia. Los de Flick se mostraron superiores durante gran parte del partido y demostraron que son actualmente el mejor equipo del viejo continente.

El encuentro inició como estaba previsto, con los alemanes presionando muy arriba, como venía acostumbrando en los últimos partidos. Por su parte, el PSG apostó por retrasar sus líneas y apostar a la velocidad de Mbappé, Neymar y Di María a la contra.

En los primeros minutos de la gran final, ambos conjuntos salieron a estudiar a su rival. Los bávaros parecían tener claro su objetivo, presión alta y recuperación rápida para evitar los contraataques. Mientras que los parisinos, que se mostraron dubitativos en el inicio, esperaban su oportunidad.

Cuando el Bayern no podía recuperar en tres cuartos de cancha, el PSG salía rápidamente. En varias ocasiones lograron contras comandadas por Mbappé y Neymar, pero no fue hasta el minuto 18 cuando este último tuvo la primera ocasión del partido.

Tras ser asistido por Mbappé, se quedó solo ante Neuer. Sin embargo, el disparo del brasileño fue repelido por el guardameta alemán, que se hizo grande para salvar a los suyos.

Era la primera gran ocasión del encuentro y, a partir de ese momento, ambos equipos se fueron soltanto en ataque y encontrando espacios. En el 22′, el delantero estrella del Bayern, Robert Lewandowski, recibió el balón en el área, se dio la media vuelta y disparó a puerta, pero su remate chocó en el palo derecho de Keylor Navas.

Dos minutos más tarde, otra clara desaprovechada por el PSG. Esta vez en los pies de un Di María que, rematando con su pierna mala, mandó el balón a las nubes. Las chances se sucedían para ambos cojnuntos, que se intercambiaban golpe tras golpe, pero no lograban desnivelar la balanza.

Justo antes del final del primer tiempo, ocurrieron dos acciones que pudieron haber cambiado la historia del encuentro. Di María asistió a un Mbappé que, con todo a favor dentro del área, remató flojo y a las manos de Neuer, desperdiciando la ocasión más clara de los suyos.

Segundos más tarde, el Bayern pedía penal tras un agarrón de Kehrer sobre Coman dentro del área, pero el árbitro no señaló pena máxima, mientras que el VAR tampoco intervino en la jugada.

Entre los jugadores del cuadro muniqués reclamando al juez y los parisinos con las manos en la cabeza tras la ocasión fallada por Mbappé, se terminó un primer tiempo de infarto para ambos equipos.

Tras el entretiempo, las faltas y el poco ritmo de juego se fueron convirtiendo en los protagonistas de la final. Las infracciones y las amarillas aparecían una y otra vez. Mientras que los jugadores, quizás conscientes de lo que se jugaban en la contienda, reclamaban y discutían cada jugada al árbitro.

Era un encuentro cerrado, de esos que se definen por detalles mínimos y fue, en el minuto 59, cuando apareció Coman para desnivelar la balanza a favor de los suyos. Recibió Kimmich en la frontal, tuvo tiempo para pensar ante la pasividad defensiva del rival y se sacó un gran centro al segundo palo, donde un solitario Coman apreció por detrás de todos para definir de cabeza al poste contrario y adelantar a los bávaros, que veían cada vez más cerca su sexta ‘Orejona’.

Tras el gol, el PSG, lejos de reaccionar, parecía derrotado con media hora por delante. Los alemanes aprovecharon el subidón anímico que les daba el tanto para presionar alto e intentar finiquitar el encuentro.

En el 63′ otra vez Coman, ex jugador del conjunto francés, apareció solo en el segundo palo, pero su pase al medio fue rechazado por un Thiago Silva que mantenía vivo a su equipo.

A los de Tuchel les costaba encontrar a sus dos estrellas. La asfixiante presión de los muniqueses desconectaba por completo a los mediocampistas del rival, con sus delanteros. Los parisinos se mostraban como un equipo muy largo y eso fue, en gran parte, gracias al trabajo defensivo de los de Flick.

Verratti entró al campo para intentar colaborar en salida, pero el juego del italiano no resolvió los problemas de su equipo.

En el 70′, el PSG tuvo otra clarísima ocasión, pero otra vez Neuer demostró que sigue siendo uno de los mejores guardametas del planeta. Achicó rápidamente ante Marquinhos en el uno contra uno y su pie evitó el empate de los galos.

En los minutos finales, esos en los que Neymar y Mbappé estaban llamados a tomar la responsabilidad y liderar a los suyos, desaparecieron ante la buena defensa bávara. El brasileño se mostró inexplicablemente errático, perdiendo balones constantemente, mientras que el francés no lograba sorprender con sus desmarques y velocidad a la línea defensiva contraria.

Fueron pasando los minutos y el Bayern parecía tener el partido controlado, pero la calidad individual de los futbolistas del PSG podía cambiar en cualquier momento la historia. Y en el 92′, por poco lo logran. Mbappé metió un gran pase en profundidad para Neymar, que se frenó en el área y metió un pase para Choupo-Moting, que no pudo tocar de lleno un balón que parecía ser la última bala de los franceses.

El Bayern controló el juego en los últimos minutos y el árbitro pitó el final, ante las lágrimas de un Neymar derrotado y la alegría de los jugadores bávaros dentro de la cancha.

El conjunto alemán logró el triplete de Champions – Liga – Copa por segunda vez en la última década. Su gran temporada es, en gran parte, gracias a un Hans-Dieter Flick que llegó a mitad de campaña y llevó a su equipo a la gloria. Europa tiene nuevo rey y es el gigante germano.

 

 

 

 

 




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