Conductores particulares perseveran por un poco de gasolina en la Gran Valencia
/ Fotos: Francisco J. Figuera

La jornada de este miércoles en las estaciones de servicio tuvo como una de las más demandadas por gasolina la de la redoma de Guaparo, pues más de mil 700 conductores se agruparon en los alrededores. Desde la madrugada cientos de trabajadores del sector sanitario aguardaban el despacho, mientras que en la acera del frente, los conductores particulares también esperaban a que se les vendiera el combustible.

Conductores particulares perseveran por un poco de gasolina en la Gran Valencia

Dos enormes colas de vehículos hacían fila a cada lado de la calle. Del lado izquierdo, los médicos; del lado derecho, junto a la acera, la no priorizados que acampaban desde la noche del lunes.

En el tramo más cercano a la bomba, todo señalaba que estaban organizados por orden de llegada, tanto unos como otros, tal como certificaba un coronel que coordinaba el asunto.

Estaban tranquilos porque se les había garantizado la venta. El militar pasaba revista y hablaba con los presentes en la zona: “No se dejen colear, resguarden el orden”, recomendaba.

La gente allí asentía y se manifestaba conforme, bien tratada: “No nos podemos quejar, de verdad que el trato de los militares ha sido impecable”, dijo un médico llamado Eduardo. Reconoció hacia atrás prevalecía el caos, el desespero por la falta del carburante.

Al avanzar en la cola, se podía confirmar la información. Debido a que casi a las 11:00 am., no había luz, no comenzaba el despacho y las expresiones pasaban de la incertidumbre a la rabia, al desasosiego, a la indignación.

Más de mil 700 conductores en cola

Un hombre llamado Fernando esperaba muy cerca del antiguo hipermercado Éxito, casi frente a la calle del Ministerio Público. Alegaba estar allí desde el pasado domingo y aún no había logrado avanzar mucho en la cola.

El señor afirmaba que se encontraba entre los primeros 700 de la fila, pero alertó que ya había contabilizado a unos mil 700 conductores civiles que solicitaban llenar los tanques. Para ellos estaba negado el servicio.

Conductores particulares perseveran por un poco de gasolina en la Gran Valencia

Por todos lados había carros con parabrisas numerados, una vorágine de cifras que se prestaba a la confusión. Por un lado los cientos, por otro lado los trescientos. De pronto se veían los setecientos. Nada quedaba claro.

Uno de los presentes, con teléfono en mano, confirma haber creado un grupo Whatsapp con usuarios de los números mil 600 a mil 700 de la cola.

Lo cierto es que en el lugar no se veía una fila de carro tras carro, sino cientos de ellos estacionados de lado y lado. Daba la sensación de estar en un multitudinario concierto al aire libre, en el que solo faltaban las fritangas y los vendedores de souvenirs para crear el ambiente. La situación se extendía hasta el restaurante Lagar El Viñedo.

Solo para funcionarios y ambulancias

En la parroquia Rafael Urdaneta, estación de servicio La Isabelica, en las cercanías del estadio José Bernardo Pérez, solo se atendía a funcionarios policiales y ambulancias. La fila desembocaba hasta la autopista, por la calle de servicio Sur (la de la Johnson & Johnson, la de Venezolana de Pinturas).

Allí no había menos de 200 patrullas (autos, camionetas) y 500 motocicletas de los distintos cuerpos de seguridad y unas 30 ambulancias. No había luz en la zona y, aunque ya la gandola había llegado, no estaba abierto el despacho.

Conductores particulares perseveran por un poco de gasolina en la Gran Valencia

Los paramédicos señalaban que ya habían podido cargar en el sitio los días previos, por lo que el despacho era seguro. Allí no había civiles, como en Guaparo.

Castillito, para servicios básicos

Más adelante, ya en el municipio San Diego, también se constató la situación de la bomba Castillito, en las cercanías del Big Low Center, pero en la margen izquierda de la avenida Julio Centeno.

Un efectivo militar ordenaba el acceso de los vehículos. Se le preguntó la dinámica en la zona y explicó que solo atendían a las empresas de servicios básicos (luz, telefonía, agua) y compañías de alimentos.

Un agente policial se le acercó para solicitar información y le dijo: “Compañero, acá no podemos atender a ningún funcionario, para ustedes están habilitadas las bombas Paramacay (Naguanagua) y La Isabelica (Michelena, estadio)”. Afirmó que no se estaba atendiendo a civiles, solo priorizados de las empresas básicas.

Los civiles perseveran

No obstante, a lo largo de la calle de servicio, pasando por la farmacia y hasta llegar al motel más cercano, se extendían filas de carros a ambos lados de la vía. A uno de los conductores se le preguntó a qué sector pertenecía, respondió que era civil y que estaba allí desde el domingo.

Conductores particulares perseveran por un poco de gasolina en la Gran Valencia

–¿Y le han garantizado despacho?

“Para nada. Unos dicen que sí, otros que no. Pero ya llevamos varios días y nada que nos despachan, porque esto es únicamente para los que están con los militares o para ellos mismos. Para el resto, no hay gasolina”.




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