(Foto Archivo El Carabobeño)

Dayrí Blanco / @DayriBlanco07

Bastaron nueve años y unas cuantas decisiones equivocadas para que la calidad de vida de los carabobeños desmejorara. Las fallas con el suministro de gas doméstico se acentúan cada vez más y el problema se agudiza sin que se presenten soluciones.

Es época del pasado aquella en la los camiones se paseaban con frecuencia por las calles de las comunidades a vender las bombonas. En ese momento existían siete llenaderos en la entidad, y cada uno contaba con al menos 20 unidades para cubrir la demanda del consumo. Actualmente no llegan a 40 entre todas las compañías, alertó Adrián Martínez, extrabajador de Pdvsa gas comunal, y asesor del sindicato.

Desde 2008, el entonces presidente Hugo Chávez, inició una política de expropiación de las empresas del sector y comenzaron las fallas. En los cuatro años siguientes, seis de los siete llenaderos pasaron a manos del Estado y en 2012 se centralizó la labor en una única planta y la crisis recrudeció.

Desde 2008, el entonces presidente Hugo Chávez, inició una política de expropiación de las empresas del sector y comenzaron las fallas.(Foto Archivo El Carabobeño)

En ese momento se crearon las rutas comunales de producción social que serían las encargadas de la distribución del gas domestico a precio justo. “Eso implicó que se eliminaran los estanteros que existían en las comunidades para la venta del producto y se instalara un solo punto por barrio con espacio para 50 cilindros de 10 kilos. Eso era insuficiente para la demanda”.

Fue un proyecto que fracasó y el sistema cambió a las citas programadas. “Los clientes llamaban a los llenaderos para saber cuándo podían ir con sus bombonas, dejarlas y buscarlas al día siguiente”. Se hacía así por el déficit de cilindros que aún persiste. Por cada planta debe haber 10 mil bombonas, y en conjunto no llegan ni a tres mil.

Por cada planta debe haber 10 mil bombonas, y en conjunto no llegan ni a tres mil. (Foto Archivo El Carabobeño)

Martínez explicó que los cilindros tienen una vida útil de siete años que es cuando se le realiza la prueba hidroestátitica de inyección de presión y agua para saber si aguantan. “Y la mayoría de las que están en uso ya vencieron ese tiempo y se corre el riesgo de explosión”. Detalló que el problema es que no se produce el acero suficiente en el país para la fabricación de unidades nuevas ni la reparación de las viejas.

Las fallas productivas también han sido determinantes. Antes de la crisis, eran alrededor de 60 gandolas diarias las que subían cargadas desde El Palito a las plantas de llenado. “Ahora si llegan 15 son muchas”. En ocasiones no hay inventario en Puerto Cabello y los conductores deben ir hasta Guatire y Cardón para poder abastecer al centro del país.




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