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Una de las principales promesas de campaña para la fraudulenta Asamblea Nacional Constituyente fue la vacía promesa de que con ella solucionarían todos los problemas de los venezolanos, en especial esa ficticia guerra económica inventada por la dictadura en un intento por tratar de cubrir su ineficiencia con enemigos ficticios. A casi a un mes de su elección y lo único que hemos podido ver es cómo aumentan las colas a las afueras de supermercados de personas desesperadas buscando alimentos regulados para poder rendir la quincena.

La realidad de los venezolanos es que los precios aumentan a diario, ya hoy el kilo de cebolla cuesta más que  ayer y con certeza está más barato que mañana. Vivimos en una hiperinflación producto del mal manejo económico de 18 años de revolución, y una corrupción sin precedentes en la historia de nuestro país. Como resultado, Venezuela pasó a ser el país más pobre de Latinoamérica, donde 82% de los hogares venezolanos viven en la pobreza, obligados a sobrevivir en medio de la escasez de alimentos y medicinas que ya sobrepasa el 80%.

En la actualidad 10% de los venezolanos se ven obligados a comer de la basura, una realidad de la que no escapan los más pequeños de la casa, generando que la desnutrición infantil supere ya el 13%, y sumado a la escasez de medicinas semanalmente pueden morir hasta 4 niños venezolanos en hospitales consecuencia de la desnutrición grave o moderada, en su mayoría niños menores a los 2 años de edad.

Esta es la realidad que nos toca vivir a diario a los venezolanos, atravesamos una crisis humanitaria sin precedentes, mientras representantes de la dictadura hacen su mercado en el exterior, los venezolanos hacen maromas para tratar de sobrevivir a su incompetencia. Por esta razón no descansaremos en la lucha por la democracia a nuestro país, por lograr un cambio de gobierno y tener en el poder a personas que se preocupen por el bienestar de los ciudadanos y no en llenar sus bolsillos con dinero de la nación, lucharemos en todos los terrenos que hagan falta y no nos rendiremos hasta lograrlo.

Así que queda prohibido permitir que la desesperanza invada nuestros corazones, porque eso sería un triunfo para la dictadura, debemos seguir en la lucha, conquistando territorios porque si de algo estoy convencido es que más temprano que tarde podremos construir esa Venezuela que soñamos, la libertad de nuestro país está a la vuelta de la esquina, y sólo trabajando juntos, en unidad lo vamos a lograr ¡Fuerza hermanos!




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