(Foto AFP)
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Después de cinco aplazamientos Somalia culminará el próximo miércoles su proceso electoral más democrático en 47 años con la designación parlamentaria de un presidente, que ha quedado en entredicho por la corrupción, la lucha de poder entre clanes y el terror del grupo yihadista Al Shabab.

Las autoridades somalís aseguran que los problemas de seguridad y de logística han sido los causantes de la demora en las elecciones legislativas previas, de las que depende el nombramiento del nuevo jefe de Gobierno, pero los analistas apuntan a otros factores.

La falta de experiencia electoral y de infraestructura imposibilitaron la ejecución del sufragio universal 

La corrupción, la compra de votos y la intimidación de candidatos y votantes han sido característicos en estas elecciones, al igual que lo fueron en 2012, explica Richard Downie, subdirector del programa para África del Centro de Estudios Internacionales y Estratégicos (CSIS).
Durante las legislativas, se multiplicaron las denuncias sobre irregularidades y sobornos a pie de urna, lo que está socavando la fe de los ciudadanos en el proceso y perjudica la legitimidad del resultado, advierte.

En este mismo sentido se ha pronunciado la Unión Europea, para quien el proceso estuvo empañado por la intimidación, la corrupción y la manipulación.

La lucha tribal y la falta de infraestructuras de un país en estado de guerra desde 1991 han imposibilitado el sufragio universal.

En su lugar, y a través de un complejo sistema de cuotas de representación, se optó por designar a 13.750 delegados para votar a los 275 diputados del Parlamento quienes, a su vez, deben elegir al presidente del Gobierno.

Otro de los grandes desafíos en la organización de estas elecciones ha sido Al Shabab, filial de Al Qaeda que controla grandes zonas del sur y centro del país y que atenta constantemente en la capital.

Durante todo el proceso, los yihadistas, que según la ONU siguen teniendo capacidad para lanzar ataques a gran escala dentro y fuera de Somalia, han cumplido su amenaza de intensificar los atentados para socavar cualquier intento de estabilizar el país.

La población vive atemorizada ante los constantes atentados en lugares públicos y contra instituciones políticas que han provocado centenares de muertos.

El más recientes ocurrió el pasado 25 de enero, cuando un comando yihadista asaltó un céntrico y popular hotel de Mogadiscio, donde había un gran número de políticos somalís, y mató a 22 personas.

También obstaculiza el hecho de que Somalia sea un país sin experiencia electoral y no tenga un marco institucional que sirva de guía.

La última vez que hubo algo parecido a unas elecciones fue en 2012, cuando 135 líderes tribales se encargaron de formar un Parlamento de consenso que dio los primeros pasos de la transición democrática.

Por eso, y a pesar de la falta de representatividad, las elecciones del próximo miércoles suponen un gran avance respecto a las anteriores.

“Lo más importante es que estas elecciones se están produciendo y que el resultado será considerado legítimo por los somalís”, opina Abdul Khalif, analista para Somalia del International Crisis Group (ICG).

Más allá de estos comicios, todos miran hacia la siguiente cita electoral prevista para 2020, cuando esperan poder celebrar unas elecciones realmente libres en las que se respete el principio democrático de un voto por persona.

“Se debe aprender de este proceso para asegurar que los somalís puedan adoptar plenamente sus derechos democráticos en el futuro”, dice la Unión Europea, que insiste en que “Somalia necesita instituciones fuertes e independientes para que esto se convierta en una realidad”.




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