Carlos Ñañez

Si existe algo importante para una sociedad es su capital social, ese pegamento invisible que la mantiene adherida a la confianza, a la verdad y a la racionalidad, un insuflo extraordinario que hace mover la noria del funcionamiento institucional, y de allí la importancia de reconocer que la economía se encuentra indefectiblemente atada a la calidad de sus instituciones en el amplio sentido de las mismas, la cual considera a las instituciones jurídicas y a los constructos antropológicos que la sociedad crea como bastión de esa confianza y por ende del capital social.

Me refiero específicamente al dinero y a sus cualidades, las cuales se repiten en las aulas universitarias y en las calles de una ex república como la nuestra que ha perdido su pulso institucional, ciudadano y por ende económico.

Maduro en una entrevista surrealista, concedida al español nostálgico de la izquierda, Ignacio Ramonet, indicó sin ambages que se crearían medios de pago digitales en las cuentas de custodia manejadas por la banca nacional ante el fenómeno de dolarización de la demanda, que es una consecuencia derivada de más de treinta y seis meses de hiperinflación sostenida en el país, fenómeno este que ha desplazado a Grecia como la segunda expansión hiperinflacionaria más longeva del planeta.

Crear mecanismos de pago para estas cuentas custodia en divisas, fue una propuesta presentada por la industria bancaria nacional a finales del mes de septiembre, la cual fue improbada por el Banco Central de Venezuela a pocas horas de su puesta en marcha. Así pues, el fenómeno de dolarización en 2020 se expandió hasta un 75% de las transacciones en el país, produciendo distorsiones terribles, que bajo ningún momento pueden entenderse como una salida o válvula de escape.

Una dolarización por repudiabilidad de la moneda local, por pérdida de la confianza, la cual además coexiste con una pertinaz hiperinflación  que se mide en un 97% de pobreza del ingreso y en 80% en pobreza extrema de ingresos, es decir en falta absoluta de posibilidades para alimentarnos, con el agravante de la pandemia de coronavirus tratada con el mismo nivel de pos verdad y perversión del discurso por parte de un régimen que sólo sabe mentir.

Es falso que el 77,3% de las transacciones se hayan ejecutado en bolívares por métodos de pago digital, pues los puntos de venta comienzan a arrojar errores por las abultadísimas cifras nominales en bolívares, ajustadas a un tipo de cambio que solo en el mes de noviembre se depreció en 98,86% y que en el mes de diciembre mantuvo el promedio sobre el millón de bolívares.

Ubicándose para el treinta del mismo mes, según datos oficiales manejados por el BCV, en 1.089.058,07 Bs/USD, este monto hace absolutamente inviable que los puntos o terminales digitales, puedan procesar una compra semanal en un supermercado, cuyo monto oscilaría entre 35 a 40 dólares promedio, es decir un valor ubicado en el intervalo de 38.117.032,45 Bs y 49.007,613,15 bolívares, un valor promedio de 43. 562.322,80 bolívares es decir 37 salarios mínimos, asumiendo su irrelevante valor de 1.200.000 bolívares, salario este que ni siquiera reposa en una gaceta oficial.

Nicolás Maduro miente frente a Ramonet, los dólares en efectivo y en transacciones para cuentahabientes de bancos en el exterior se han expandido al 75% del total de pagos en nuestra economía, todo se cotiza en dólares, es más los ciudadanos han acudido al punto de emplear monedas de 25 centavos de dólares, para completar pagos y dar vueltos, en las muy cotizadas y apetecibles unidades monetarias de divisas de baja denominación.

Este giro en el fenómeno de la dolarización informal, en Venezuela no redunda en lo absoluto en ningún conferimiento de libertades económicas, un país sin moneda, sin confianza y sin capital social es irrecuperable, con la sola aplicación de mecanismos que permitan movilizar las cuentas en custodia, que además adolecen de seguro de garantía.

En lo único que Maduro dijo la verdad, fue en la diferencia de este desastre monetario con la dolarización del Ecuador, en efecto nuestro escombro de economía no se encuentra dolarizada de manera formal, sino que mantiene una entropía formidable para el régimen quien puede inyectar liquidez virtual, como bien lo reconoció Maduro, que para el 2021, todas las transacciones serán digitales.

Obviamente desconoce el señor “presidente”, que la economía requiere de una mínima parte de las transacciones ejecutables en moneda física o efectivo, eso que los economistas llaman la “k de Pigou” y que no es más que la demanda de dinero, un concepto elemental en economía, pero absolutamente obviado por la fatal arrogancia de creer que le economía obedece a decretos.

Los cambios de postura de Maduro, quien en 2017 gritaba que le torcería el brazo al dólar criminal, son un verdadero monumento al oxímoron en el discurso para engañar y para perpetrarse en el poder a toda costa, inclusive a costa del hambre y de la miseria. La economía, según Richard Thaler, emula de la física su método de abordaje científico, de allí entonces podríamos inferir que la fuerza del dólar como unidad monetaria, termino venciendo a una fraseología absurda y anquilosada que aún se vende como socialismo bolivariano.

La válvula de escape de Maduro, no está a la disposición de las grandes mayorías. Ya que de números se trata, el indicador de la quintuplicada actividad comercial de 2020, se hace desde una caída superior al 80%, reflejada por el BCV en el septenio 2012-2019.

Una caída del 80,46%, sería formidable que esos datos de los folios de Maduro, alimentaran las cifras del BCV, el cual no actualiza estos valores, siendo su obligación constitucional y dogmática. Los datos “fresquecitos”, del valor de las transacciones realizadas en bolívares al tipo de cambio, presentan un sesgo abierto ya abordado en las líneas precedentes, no es cierto que el bolívar sea una moneda sólida, de hecho es un activo toxico y repudiable, que presenta todos los vicios de fractura de la confianza y del capital social.

Para Maduro, las transacciones en dólares no superan el 18,6% un dato que ni el propio Ramonet, fue capaz de potabilizar y los pagos en efectivo en bolívares físicos se aproximaron a un dato de 3,4%, que según él se debe a un vestigio de la guerra económica. Pero frente a ese desastre se propone una economía con pagos virtuales, me encantaría ver cómo se puede pagar un pasaje de Metro o de nuestros inviables autobuses en pagos digitales, en verdad la arrogancia es infinita y Ramonet, asumirá que todos los venezolanos contamos con dispositivos móviles inteligentes, que permiten hacer pagos, como en su natal España.

Obviamente Venezuela no es una economía dolarizada, es menester explicarle a Nicolás Maduro, el economista autodidacta, que la economía ecuatoriana, no depende del departamento del Tesoro, sino de la Reserva Federal y huelga la insistencia en ratificar que los procesos de dolarización no dependen, como condición necesaria y suficiente, de la aprobación de la reserva federal, se puede dolarizar usando las reservas liquidas u operativas del BCV y el monto para la recompra de la liquidez, sin embargo, se tendría que reformar la Constitución y además, las ataduras ideológicas no le permitirían asumir este cambio, sin asumir que esto supondría un camisa de fuerza para la praxis de monetizar el déficit público, causante de la hiperinflación y de la destrucción monetaria.

Se presenta un cálculo, para la recompra de la masa monetaria y se advierte su factibilidad, para cambiar depósitos al valor del dólar y obtener el recurso de la divisa de los 1,44 billones de dólares que fluctúan en el comercio internacional, sin depender de la Reserva Federal.

LIQUIDEZ MONETARIA EN PODER DEL PÚBLICO
(Saldos en Millones de Bolívares)
Semana LIQUIDEZ VARIACIÓN Valor de la Recompra                    TC 30-12-2020 ( En USD)
al : MONETARIA %
18/12/2020 (*) 521.627.137 10,51 478.970.912
11/12/2020 * 472.003.649 12,69

Fuente BCV.

Finalmente, para Nicolás Maduro quien pretende ser un economista autodidacta, la igualdad como propósito económico es también un equilibrio plausible de lograr, y en el caso de nuestro salario mínimo nacional, no tenemos ningún referente en la región, nuestro salario mínimo es ridículamente absurdo. Es más, nuestra economía se encuentra desmonetizada de bolívares en físico y dessalarizada, con la consecuencia de esta última sobre la productividad del trabajo y la destrucción del proceso social del trabajo como institución social.

En tal sentido, la válvula de escape no es asequible para las grandes mayorías, esas a las que el chavismo, les indicó que la igualdad social y la dependencia del Estado eran un desiderátum deseable, al extremo de imaginar que la política de transferencias (bonos), resultan inocuas con la economía, cuando son la razón de ser del déficit público, el cual demanda cual Hecatónquiro, (gigantes mitológicos con cien manos y cincuenta cabezas), mayores cantidades de dinero sin respaldo alguno en producción y en generación de riquezas, llegando al vórtice de imprimirlos por la vía virtual, generando así la cadena de causación asintótica hacia el infinito de la hiperinflación.

Como sociedad, debemos y tenemos que entender, que esta práctica de subsidios y transferencias sin ningún respaldo y de la mano de la plataforma patria, producen a la postre niveles de desvíos en precios que terminamos pagando todos, bajo la forma de un impuesto sin regulación y absolutamente despiadado que la ciencia económica define como inflación, la cual puede de acuerdo a los aportes de Philip Cagan, trocarse en hiperinflación y destruir el tramado social e institucional de la República.

Se adjunta un cuadro de comparación de los salarios mínimos en América Latina, con el propósito de indicar que este mecanismo de pagos en divisas para las cuentas en custodia, no garantizan niveles de equidad, eficiencia y sostenibilidad, pues en Venezuela sencillamente el bolívar como moneda fue destruido  por la conjunción de la indolencia del Estado en el empleo del dinero para financiar actividades deficitarias y la indolencia de una sociedad receptora de estas bonificaciones, que son trampas en el inconsciente colectivo y allanan el camino hacia la inflación y posteriormente generan miseria y hambre.

Las mayorías defenestradas a la miseria no tienen acceso a válvulas de escape, la economía es una ciencia de equilibrios de coherencia y correlación y los símiles, con mecanismos propios de la mecánica son inaceptables e imposibles de decantarse por el dialogo entre Nicolás Maduro y Ramonet, el nostálgico de los telurismos del Caribe socialista.

Fuente  Sondeo LR.

“El capital social es el pegamento que mantiene unidas a las sociedades. Si los individuos creen que el sistema económico y político es injusto el pegamento no actúa y las sociedades no funcionan bien”    

Joseph E. Stiglitz. “El precio de la desigualdad”




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