Parafraseando el título de una famosa novela de Gabriel García Márquez, quiero comentar los resultados de las votaciones realizadas el pasado 15 de octubre para elegir a los 23 gobernadores de Venezuela.  He querido adrede esperar unos días para que mis comentarios no quedaran influenciados por el resultado ciertamente sopresivo y totalmente inesperado.

En efecto, a pesar de todos los abusos e irregularidades cometidas por el CNE, imposible pasar por alto la misma técnica fraudulenta utilizada y con éxito por el nicaragüense Daniel Ortega llamada comunmente “del ratón loco”, que consistía justamente en trasladar los sitios adonde se iba a votar, máxime aquello sitios donde debían votar los que abiertamente estaban en contra al régimen, desorientando a los electores y favoreciendo la abstención, las encuestas daban ganadora a la oposición en por lo menos 18 gobernaciones. ¿Qué pasó?

Con eso no quiero decir que ha habido fraude – la verdad es que no tengo elementos para afirmar eso porque la denuncia de fraude debe estar muy bien fundamentada para poder, si lo hubo, convencer a la comunidad internacional de los abusos del régimen –  pero si me asocio con las declaraciones de Su Eminencia el Cardenal Baltazar Porras, cuando con evidente aflicción y desánimo, declara que “los resultados dados por el CNE son, como mínimo, inexplicables”. Por eso y por muchas cosas más, lo que pasó el domingo 15 de octubre no debe sorprender a nadie porque…estaba anunciado! Una cosa es cierta: esos números oficializados con ostentada prosopopeya por el CNE y por mismo Maduro en su enésimo monólogo frente a los medios de comunicación internacional, declarando que el resultado del domingo 15 de octubre ha sido “la victoria de la democracia y de la transparencia”,  limita casi totalmente o, por lo menos condiciona bastante la posibilidad de recurrir a una vía pacífica  para tratar de resolver los enormes problemas que está viviendo esta Venezuela … “revolucionaria” en la cual, para recuperar su esencia democrática es fundamental recuperar la autenticidad y la autonomía de las instituciones y contar con una fuerza armada y con un sistema de justicia no al servicio de un partido político sino de la Patria. Porque venimos de vivir un periodo de 20 años sufriendo una situación intolerante donde todos los que disentían eran considerados escuálidos, sucios, asquerosos y antipatriotas, donde se  permitía robar o delinquir para nivelar e indemnizar las desigualdades sociales, donde no se aceptaba la diversidad del otro y mucho menos la iniciativa privada, situación que ha traído como consecuencia, escasez, inflación, hipoteca macroscópica a favor de países como  China, Iran, Rusia, Cuba etc. Lo importante es no perder la esperanza porque..nada está perdido hasta que todo no está perdido!

                                                                                     




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