En el hotel Bruno alojan a venezolanos que cruzan la frontera del sur del país en medio de la cuarentena (Foto Cortesía)

“Es una situación similar a la que se ve en las cárceles, uno afuera esperando para entregar la comida. Me pasó con mi hijo, a quien las FAES golpeó muy fuerte y se llevó detenido. Fueron dos días angustiantes y ahora (se repite) con mi hija, que está allá adentro en ese hotel en cuarentena con los que pasan la frontera. Siento que eso ya lo había vivido”.

Con el llanto contenido y la voz entrecortada Jackeline Suárez hablaba con su hija a través de un teléfono móvil. Las separaba, no una frontera, sino los cuatro canales de la avenida Las Acacias más seis pisos.

La hija se asomaba por la ventana, se llevaba la mano a la frente y por segundos se escondía detrás de la cortina.

Ninguna de las dos mujeres, aunque sabían la posición de cada una, se veían la cara. Hablaban con la mirada en el vacío. Jackeline estaba parada justo al frente del hotel Bruno, donde están alojando a los venezolanos que logran cruzar la frontera del sur del país en medio de la cuarentena. Su hija lleva ahí 15 días aislada en una habitación que comparte con otra mujer.

Jackeline se recostó de la pared, se secó las lágrimas y agarró aire. Sabía que el teléfono iba a repicar de nuevo.

Ya con más calma, respondió: «Estoy aguantando, no puede ser posible tanto abuso. Hay que jalarle a esa gente para que puedas mandarme la ropa sucia. Hasta la comida la querían revisar, pero no dejé», dijo muy molesta.

Ella no ha salido positivo en las pruebas, no sé por qué hacen esto, tiene una bebé de tres años y no la ha podido ver desde que llegó hace 25 días. Primero estuvo cuatro días en un refugio en la frontera, la trajeron al hotel Plaza Mayor en Bellas Artes y desde hace 15 días la tienen aquí aislada. Siento que revivo lo que sufrí con mi hijo, contó.

Ese déjà vu lo sintió en el momento que trancó la llamada. Por eso su llanto en silencio.

14 días en cuarentena

Jorge Rodríguez, ministro de Comunicaciones del gobierno de Nicolás Maduro, ha dicho en reiteradas oportunidades que la mayoría de los infectados con COVID-19 provienen de países vecinos. Por lo tanto, el Gobierno decidió decretar toque de queda en los municipios fronterizos de los estados Zulia y Bolívar.

Todos los venezolanos que ingresen desde Colombia, Brasil, Ecuador y Perú deben cumplir 14 días de cuarentena. El presidente Nicolás Maduro ha tomado la decisión de generar cordones sanitarios para atender a los miles y miles de connacionales que están entrando por Táchira, Zulia, Apure y Bolívar, dijo Rodríguez.

Esta medida de aislamiento forzosa ya se aplicaba a finales de marzo en Barquisimeto, cuando aproximadamente 90 venezolanos que regresaron de Cúcuta fueron custodiados por efectivos militares hasta la Villa Bolivariana.

También para esa fecha llegaron otros 80 ciudadanos locales en un vuelo humanitario proveniente de República Dominicana, que fueron contenidos para descartar el virus en la ciudad vacacional Los Caracas, en el estado Vargas.

Los venezolanos entraban graneados tras la activación del Plan Vuelta a la Patria contingencia COVID-19 desarrollado por el Ejecutivo Nacional. De igual manera han retornado de Perú y Chile.

Del total, 29 mil 389 regresaron por Táchira; 12 mil 017 por Apure; 5 mil 581 por Zulia; 2 mil 133 por Bolívar, 109 por Amazonas y 300 por La Guaira.

Ahora bien, la medida de aislamiento para los migrantes, dijeron los voceros del Gobierno, se radicalizó debido al repunte de casos en estas dos últimas semanas. A mediados de mayo Venezuela no llegaba a los 500 enfermos y para el 25 del mismo mes se contabilizaron mil 177, un aumento de más de 100 %.

El 25 de mayo Rodríguez precisó que, entre el 9 y el 25 de mayo, Venezuela reportó 789 casos de COVID-19, de los cuales 605, 77 %, corresponden a connacionales que retornaron desde Colombia, Brasil, Chile, Perú y Ecuador.

La hija de Jackeline regresó por Apure. Llegó al país el 1° de mayo. “Salió a llevar a Colombia a unos niños, la mamá los estaba esperando allá. De regreso se encontró con la medida de cierre de la frontera. Pero esto ha sido una calamidad”.

En 15 días Jackeline solo le ha podido dar un cambio de ropa a su hija. Este lunes 25 le llevó jabón y desinfectante. “Un poquito es lo que tenía. Y con el agua que te mandé aprovecha para que te bañes”, le encomendó.

La mujer, que caminaba en redondo en un radio no mayor a los seis metros, expresó que no puede ir todos los días al hotel. Trabaja por día. Si la llaman tiene que ir, pues depende de ese ingreso. “Además, para llegar hasta aquí tengo que pedir cola desde El Valle, no tengo efectivo”.

En la entrada del estacionamiento del hotel Bruno una miliciana recibía a los familiares. Les revisaba las bolsas, la mayoría con ropa, comida y agua. «Nadie puede subir a las habitaciones. Tampoco pueden salir de ellas», recordaba.

En la prolongación de la avenida Las Acacias están tomados por el Gobierno del Distrito Capital (GDC) los hoteles Bruno, Odeón, El Naranjal, Terminus y Gabial.

En cada uno hay funcionarios del gobierno local y milicianos, y aunque estos repiten que no están autorizados para dar información, uno de ellos se quejó de las condiciones. “No pongan mi nombre, pero aquí lo que uno recibe son sanciones, pedí unos guantes y me dijeron que mi trabajo era estar aquí y obedecer, y mi seguridad y mi salud dónde quedan. Aquí hasta a esta gente le traen la comida tarde, el desayuno casi al mediodía, no hay agua para tomar, a veces no hay agua para que se bañen. Hay niños muy pequeños, por ejemplo, en el Terminus, aún cuando son las 11:00 a. m. no han desayunado. Esto es muy triste cómo los tratan”.

Este trabajador tenía su carnet de la dependencia municipal pegado en el pecho y solo tenía una mascarilla para protegerse. “Te muestro mis apuntes. Hace 21 días desde que estoy desplegado aquí y he podido anotar algunos datos: en el Odeón había 91 personas, en El Naranjal 21 y en el Gabial 65. Luego hice un registro hace 15 días y en el Odeón quedaban 54. Pero la dinámica es que salen unos y entran otros”.

Este lunes a eso de las 11:00 a. m. estaban esperando el envío de agua potable. “Traigan agua para el consumo”, decía una de las milicianas a los familiares de los que pasan la frontera. Otras de las cosas que pedían los de logística eran pañales y toallas sanitarias.

La prolongación de la avenida Las Acacias está cerrada desde el cruce con la avenida Venezuela hacia Bello Monte. En la intersección con la avenida Casanova hacia Plaza Venezuela un piquete de estudiantes de la UNES gritaba por los parlantes que no había paso, salvo para el transporte público.

El tránsito es solo peatonal y no es poco. A cada rato pasan dos, cuatro, seis personas por la acera del frente de los hoteles, sin más precaución que el uso del tapabocas.

Lee el trabajo completo en: cronica.uno




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