Foto cortesía Crónica Uno

El acelerador lineal del Hospital Central de San Cristóbal se encuentra averiado desde hace aproximadamente seis años. Esto genera un dilema en algunos pacientes de enfermedades oncológicas del estado Táchia: pasar a través de una “trocha” a Cúcuta, Colombia, o morir sin tratamiento.

Pese a que Colombia, a partir de este 2 de junio, abrió las fronteras, el paso de venezolanos por el puente internacional Simón Bolívar es restringido por cuanto Venezuela se ha negado a la apertura de la línea limítrofe, señala un reportaje publicado por cronica.uno.

Es así como a varios les ha tocado transitar por los caminos verdes para salvar o alargar su vida. Enrique Ramírez, paciente oncológico, es uno de esos que pasa por las trochas hasta la vecina Cúcuta.

En Colombia son más baratos los tratamientos. Foto cortesía Crónica Uno

Varios son los motivos que impulsan a correr ese riesgo adicional, además de salvar su vida. En la ciudad vecina los enfermos encuentran precios de los tratamientos más baratos y la tutela, o ayuda, del Gobierno colombiano.

“Está la Liga contra el Cáncer en Cúcuta. Allí los precios son más bajos, pero debes pasar por trocha, porque si es para comprar una medicina, muy poco dejan pasar por el puente Simón Bolívar” dice Ramírez.

Radioterapias

Y es que no solo se recurre a la vecina población en el departamento Norte de Santander para comprar las medicinas o incluso hacerse las quimioterapias. Ante el daño del acelerador lineal del Hospital Central de San Cristóbal, los pacientes que requieren radioterapias deben ir a Colombia, y los costos de este servicio desangran los ya golpeados bolsillos de estos enfermos.

En Cúcuta hay tres lugares reconocidos para hacerse las quimioterapias: la Clínica Medical Duarte, el Hospital Erasmo Meoz y la Clínica de Radioterapia del Norte.

En cuanto a las sesiones de radioterapias, detalla que pueden costar entre 1500 y 1600 dólares aproximadamente. Sin embargo, muchos recurren al mecanismo legal de pedir ayuda al Gobierno colombiano para el pago de este tratamiento en vista de la emergencia sanitaria en Venezuela y el alto costo que implica hacerse este tipo de terapia.

“La tutela la usan muchos sancristobalenses y muchos venezolanos de otras ciudades por el alto costo de esas sesiones”, afirma Ramírez.

Los pacientes que han usado este tipo de tutelas explican que hay dos formas de pedir el auxilio: haciendo ellos mismos la solicitud o bien a través de un gestor, que agiliza el trámite. “Cobra un millón de pesos por el trámite, pero en una semana tienen respuesta positiva de la exoneración de las radioterapias y, en vez de pagar seis millones, a un millón, es mucho lo que se ahorra y no se pierde tiempo y dinero en viajes y demás”, indica.

La red de ayudas

Otra alternativa que tienen los tachirenses es el apoyo de una red de ayuda por las redes sociales. Un poco más expedita pero menos confiable y constante.

Muchos son los grupos en los que tanto pacientes como familiares consiguen ayuda de diversas formas. Medicinas, insumos, precios y orientación sobre cómo proceder en caso de recibir la noticia de ser portador de cáncer.

Gracias a ese tejido, en que se encuentran Lucha y Vida, Liga contra el Cáncer y Seno y Vida, entre otros, muchos pacientes logran completar las medicinas necesarias para sus ciclos de quimioterapia.

José Camargo, esposo de una paciente oncológica, que además es damnificada, relata que hasta que no le aprueben la carpeta con el tratamiento a su esposa no le entregan las medicinas en la farmacia de altos costos del hospital de los Seguros Sociales Patrocinio Peñuela Ruiz. Ante la situación, se ve en la obligación de recurrir a ayudas, pues no cuentan con recursos para pagar las sumas exorbitantes de dinero que implica costear los gastos de solo uno de los cinco ciclos de quimioterapia necesarios.

Un dineral

Más de 300 dólares deben tener para adquirir los medicamentos para iniciar el ciclo de quimioterapias, sin contar con el traslado desde el refugio en Zorca hasta el hospital oncológico, y sin incluir la dieta allí y un dinero extra en caso de una descompensación.

José Camargo gasta mucho dinero en trasladar a su esposa desde el refugio en Zorca hasta el hospital oncológico Foto cortesía Crónica Uno

Una ampolla, un frasco de pastillas y cánulas para el tratamiento se buscan a diario, y cada día son más los que recurren a estos grupos en busca de ayuda. Quienes tienen medicinas para donar, por lo general, son familiares de pacientes fallecidos, mientras que quienes los venden explican que con ese dinero comprarán el nuevo tratamiento, pues el protocolo les fue cambiado.

Sin importar si están vencidas, quienes las reciben se sienten felices, pues la ayuda llega de a poco entre ellos mismos.

“El médico dice que tienen hasta más de un año de efectividad después de la fecha de vencimiento. Por eso se reciben y aquí no estamos para andar exigiendo, el tiempo juega en contra de nuestro familiar”, afirma Zulay Parra.

La demora en la llegada de las medicinas de alto costo a la farmacia del hospital del Seguro Social los pone a correr, pues el cáncer no sabe esperar.

Otro problema que enfrentan mensualmente es que no llega al IVSS el camión con las medicinas de alto costo, por lo que el trueque o la compra de medicinas entre ellos es lo que los salva.

“Cuando llega el camión la gente va desde el día anterior y se quedan allí para lograr el medicamento, ya que no hay existencia para todos los pacientes. Entonces, si no estás pendiente, no logras conseguir las medicinas y te toca buscarlas en Badan o en la Liga contra el Cáncer en Cúcuta”, dice Enrique Ramírez.

En los grupos de redes sociales el intercambio se hace aunque las medicinas estén vencidas. Foto cortesía Crónica Uno

Vacunas

Ahora los pacientes oncológicos de Táchira organizan una protesta para exigir la dosis de las vacunas contra la COVID-19, en vista de que no los han llamado ni les han dicho cuándo van a ser inmunizados.




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