Posiblemente es un buen síntoma percibir que el país comienza a estar más atento a lo que hace el ciudadano que a lo que hace el gobierno. Manifestaciones, declaraciones, disposición a opinar y participar no solo contribuyen a ir descongelando un clima de silencio y de cierta resignación, sino a visibilizar mejor, pese a los intentos de manipulación, las condiciones de un país en crisis profunda tanto en lo económico y social como en la vigencia de la legalidad y los derechos y en la generación de retos y de expectativas. Gustavo Roosen

Los columnistas muchas veces sufrimos porque estamos secos, como se acostumbra decir en el lenguaje periodístico. En otras ocasiones, por el contrario, nos abruman las ideas y como consecuencia no sabemos con precisión cuál camino escoger. Sin embargo, es preferible lo segundo que lo primero. Es el caso que hoy tenemos una oposición desarticulada, desunida, enguerrillada, cada vez más lejos de conformar un cuerpo vigoroso y sólidamente fusionado. A pesar de representar esto un estorbo para avanzar no significa que desconozcan la ruta que deben transitar para lograr su objetivo, es decir, la salida de Nicolás Maduro (NM). ¿Cuáles son los motivos, la razón de las divisiones, las fracturas, la dispersión de la oposición? Esas riñas que dividen a estos grupos, aunque a simple vista parezca un contrasentido, son consecuencias de las altas probabilidades de victoria en las próximas elecciones presidenciales de 2024. No obstante, ¿se puede concluir que dentro de estos prevalecen los intereses personales sobre los del país? No tengo la menor duda de que eso es así. De cualquier forma, son legítimas las ambiciones, las pretensiones de lograr el poder, pero siempre hay un orden, un límite que no se debe traspasar.

El régimen está en una situación muy crítica, más de lo que observamos a simple vista; más de lo que se deja ver a través de las riñas callejeras de las fuerzas contrincantes. Las protestas de calles de maestros, profesores y otros empleados públicos se van incrementando con el paso de los días. Las consignas han subido de tono y contenido; son cada vez más retadoras. Como apunta, Luis Fernando Egaña: “Hay que repetirlo una y mil veces: el inmenso rechazo social que suscita el poder establecido debe encontrar un cauce político de compromiso verdadero para sumar fuerzas y luchar con eficacia, es decir, con afán de cambio, de superar a la hegemonía”. De cualquier modo, si se hiciera oposición como se coopera indirectamente con el régimen, el país sería otro. Los partidos políticos adversos al gobierno de NM deben entender su situación si es que quieren sobrevivir. Por sus consecuentes errores, la sociedad civil a su cuenta y riesgo tomó la calle, asumió la vanguardia de la lucha y ha logrado quitarle las cobijas y espantarles el miedo a los venezolanos.

De modo accesorio, entrelazo la siguiente información que considero de gran importancia general. El escritor y periodista argentino, Andrés Oppenheimer, en su obra ¡Crear o Morir! habla de que la prosperidad de los países depende cada vez menos de sus recursos naturales y cada vez más de sus sistemas educativos, sus científicos y sus innovadores. Los países más exitosos no son los que tienen más petróleo, más reservas de agua, o más cobre o soja, sino los que desarrollan las mejores mentes y exportan productos con mayor valor agregado. Un programa de computación exitoso, o un nuevo medicamento, o un diseño de ropa novedoso valen más que toneladas de materias primas. Una empresa como Apple vale 20% más que todo el producto bruto de Argentina, y más del doble del producto bruto de Venezuela. Y no es casualidad que muchos de los países más ricos del mundo en ingreso per cápita sean naciones como Luxemburgo o Singapur, que no tienen recursos naturales -en el caso del segundo se trata de una nación que tiene que importar hasta el agua- mientras que en países petroleros y ricos en recursos naturales como Venezuela o Nigeria prevalecen niveles de pobreza obscenos.

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