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Ninguna persona honesta está contenta con la situación nacional. Imposible que el común de los venezolanos se sienta conforme con lo que pasa. El régimen va por la autopista de la destrucción definitiva de lo que un día se llamó país, mientras que los que le hacemos frente y tratamos de evitar la destrucción transitamos por caminos borrascosos, inciertos y dubitativos; y lo que es peor, divididos. No hay uniformidad para exterminar ese monstruo que rige los destinos del país.

Estamos como bachacos sin antena. No tenemos un rumbo definido. Pareciera que ya ni siquiera los instintos funcionan en este mar de atrocidades. Con extremada candidez algunos voceros opositores intentan imponer una agenda electoral para sustituir una banda de atracadores, por calificarlos suavemente, porque en realidad son individuos sin escrúpulos para defender sus trincheras conquistadas a fuerza de engaño, cárcel o chantajes.

Amigos, esta Venezuela que tenemos frente a nosotros, por la cual caminamos y con nostalgia recordamos lo que fue, no será fácil de recuperar. La única manera es que cada uno de nosotros renunciemos a nuestras aspiraciones personales. Esto implica no pensar ni promover inocuas elecciones. Entiendan que desde una alcaldía o una gobernación, nada podremos hacer. Porque allí solo llegarán los que tengan la suficiente fortaleza moral de ofrecer la libertad a cambio de la debilitación del tirano. Quienes lleguen con mansedumbre tengan la seguridad de que esos no son de los nuestros sino de los que han pactado con el dictador. En Venezuela hay varios encubiertos y en Carabobo también.

Ataquemos la causa y no la consecuencia.-

Por eso, amigos míos, enfoquemos la mirada a la causa y no a la consecuencia. La causa es la mentalidad del ciudadano, mejor dicho, del habitante, porque pocas veces nos comportamos como ciudadanos. Un ciudadano no piensa con el estómago, piensa con la cabeza. Un ciudadano prepara una agenda a largo plazo de vida para él y para su círculo familiar. Aquí en esta Venezuela destrozada vivimos el día a día, estamos pendientes de dónde se consigue pasta o la harina, o dónde están vendiendo el pollo más barato y quien sabe qué otra cosa. No pensamos en nuestra estabilidad emocional.

Se han debilitado nuestros valores de responsabilidad laboral, sobre todo en el sector público. El régimen ha impulsado esa pérdida cuando decreta días no laborables cada vez que le venga en ganas. Yo lo veo a diario, soy autoridad en una Universidad autónoma. No es sencillo controlar la asistencia renunciando a nuestra condición humana. Sabemos lo que devenga un trabajador. Nos consta que con ese salario es imposible vivir dignamente, y es lógico buscar los insumos para la dieta alimenticia, que generalmente se expenden de acuerdo al número del terminal de la cédula y ahora por el censo que se ha diseñado con el “carnet de la patria”. Solo menciono los alimentos para no hablar de los medicamentos que es otro martirio conseguirlos.

Tenemos dos opciones: una, resignarnos a vivir bajo las condiciones que imponga la tiranía, y la otra, rebelarnos inteligentemente contra esa pretensión gubernamental.

Diáspora.-

Casi tres millones de venezolanos han emigrado porque sabían lo que les esperaba. Otros nos hemos quedado, no porque estemos conformes, sino porque no estamos dispuestos a entregar a unos tiranos nuestra substancia, donde nacimos, crecimos, hicimos amigos, nos casamos y procreamos hijos, y en fin, donde hemos estado toda la vida y donde pensamos algún día morir. Otros no se han marchado por no tener los recursos (son millones a los que les ocurre eso) o porque no saben a dónde ir, y también por temor a la emigración. Los comprendo porque a pesar de la globalización, para donde nos marchemos siempre seremos extranjeros y tendremos nuestros derechos limitados como ciudadanos.

Compromiso ciudadano.-

A pesar de este oscuro panorama que nos impide ver la salida inmediata, les aseguro que no todo está perdido. Aquí quedamos millones que estamos en contra de lo que significa este régimen de oprobio y de corruptelas. Nicolás Maduro es el objeto visible de la porquería que nos rige, pero a él lo soporta una cuerda de trúhanes que se han enriquecido a costilla del sacrificio popular.

Maduro tiene a lo sumo el diez por ciento (10%) en las encuestas, pero nosotros tenemos cero (0%). Cuando digo nosotros es el contrapeso al régimen “madurista”, no tiene forma ni organización los millones que nos oponemos, olvídense de la MUD porque esa estructura en buena parte es la culpable del soporte gubernamental. Ellos luchan por sus partidos, por sus parcelas pero no por los ciudadanos venezolanos.

Comencemos a comportarnos como ciudadanos, sin estar pendientes de las elecciones sino de hacer menos gobernable al régimen. Hay que decirlo con claridad: Nicolás Maduro se mantiene en el poder no por su popularidad sino por su gobernabilidad, y es allí donde hemos fallado. Lo dejamos que gobierne a sus anchas. A los dictadores les importa un comino la popularidad, a ellos les interesa es la gobernabilidad, y a esta solo la podemos torpedear generando protestas pacíficas, es allí, el por qué el régimen cada vez se pone más represivo y no es por otra cosa sino para evitar que la gente salga a las calles.

Estimados conciudadanos debemos asumir riesgos, hay que dar el primer paso. Desde luego que las cárceles se llenarán, y hasta muertos podrá haber, pero serán ellos los culpables de la tragedia que se pueda generar con nuestras protestas.

Las milicias y los colectivos contra las FAN

Dejémonos de romanticismos, el régimen no desarmará ni a las milicias ni a los colectivos, y estos negociadores y acompañantes de pacotilla parece no interesarle que existan tantas armas en poder de civiles irregulares, si les hubiese interesado ese sería el primer punto a debatir en cualquier acuerdo de “convivencia democrática” que dicho sea de paso solo hay convivencia democrática entre quienes creen en la democracia ¡el régimen no cree ni practica la democracia!

Pues bien, cuando se generen las protestas masivas, que indefectiblemente se generarán, lo primeros en repelerlas serán los colectivos y luego los milicianos, nuestra FAN están como la oposición: desarticuladas y desarmadas. Al igual que los ciudadanos están pasando hambre. Para los próximos días se están realizando algunas maniobras para celebrar fechas que está revolución ha enaltecido, por ejemplo la muerte de Zamora o el genocidio que representó el 4F, y en esas maniobras ponen a los oficiales de bajo e intermedio grados a pasar hambre con uniformes y botas desgastadas y rotas, mientras que, los generales en las tribunas de los próceres se deleitan con grandes banquetes y son atendidos por agencias de festejos.

Por eso, no pierdo las esperanzas que se dé lo que decía el intergaláctico: la unidad entre ciudadanos (él lo llamaba pueblo) y las reservas morales que todavía tenemos en nuestras FAN, para salir de esta pesadilla. Es cuestión de tiempo y trabajo. Cada quien a lo suyo, los ciudadanos a catequizar y, los militares a reflexionar, pues a la Fuerza Armada también la están destruyendo por no decir ya están destruidas porque estoy convencido que todavía -como ya les dije- quedan algunas reservas morales.

@pabloaure




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