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Ya resulta un lugar común decir que “sin organización difícilmente saldremos de estos malandros”. Pero hoy, necesariamente tenemos que insistir en esa organización que desde hace bastante tiempo venimos hablando. Parece mentira pero no hemos aprendido mucho en estos últimos dieciocho años de tragedia nacional. Las protestas han fallado porque ha fallado la organización e inclusive el objetivo. Los ciudadanos se exponen demasiado. Si en realidad existiera una correcta planificación no se correría el mismo peligro que hoy representan las manifestaciones. Nadie puede entender cómo es posible que un puñado de delincuentes apoyados desde el alto gobierno, puedan someter e imponerse a millones de venezolanos que procuran un cambio de sistema. La respuesta está en la falta de organización y en algo más: en la equivocación de algunas personalidades que se han erigido como voceros opositores en creer que el camino electoral es el correcto para mantener u obtener ciertas parcelas de poder; pues erradamente piensan que el único camino democrático es el electoral. Los entendería y acompañaría en sus creencias, en tanto y en cuanto estemos frente a un gobierno que cree en las elecciones como instrumento democrático, pero ya hemos visto que eso no es así. Es más, creería en la salida electoral si estuviéramos en un país donde exista Estado de derecho y donde las cabezas visibles de los poderes (exceptuando el legislativo) tuvieran escrúpulos y respetaran los derechos de quienes no piensen como ellos. Lamentablemente Venezuela es un Estado forajido donde el Derecho y la justicia son asuntos de las aulas de clases de nuestras universidades, pero letra muerta en la Constitución de la República y desde luego conceptos pisoteados por los encargados de administrar justicia comenzando por la “última y máxima interprete de la Constitución” que es la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia, donde literalmente se despachan y se dan el vuelto y como si fuera poco, cumplen a cabalidad las ordenes que les imparten desde Miraflores. Esto está suficientemente claro y solo basta revisar las actuaciones de la semana pasada de ese alto Tribunal de “justicia” que sin la menor vergüenza modifican dos sentencias (la 155 y 156) por recomendaciones de un órgano que nada tiene que ver con las actuaciones de los tribunales. Y lo que representa mayor gravedad, las modificaron produciendo dos nuevas sentencias sin que se cumplan los requisitos que en sano derecho deberían anteceder. Es decir, hubo sentencias sin partes ni contradictorio. Si las sentencias 155 y 156 fueron arbitrarias y viciadas de nulidad más aún estas últimas (la 157 y 158) están plagadas de perversiones que las hacen igual de nulas que las que pretendieron corregir el error. Esas sentencias que de corrección pudiéramos catalogarlas como de confesión y subordinación. Confesión del delito de rebelión por parte de los siete magistrados que la suscribieron, y de subordinación al Ejecutivo nacional que ratifica la inexistencia de la separación de ´poderes, condición indispensable para la existencia del Estado de derecho.
Volvamos a la organización.
Sin organización en la lucha, y mientras primen intereses subalternos de algunas individualidades o agrupaciones partidistas antes que los generales y/o nacionales, seguiremos dando vueltas en círculo para siempre caer en el mismo punto de partida.
La organización implica coordinación, definir lo que se quiere y cómo lograrlo. Es mentira que lo que los ciudadanos quieren son las elecciones, aquí lo que se anhela es cambiar a esta cuerda de bandidos que hoy mantienen secuestradas algunas instituciones del país.
Ya lo he dicho, mediante elecciones no los desalojaremos. Las tiranías no se desalojan vía electoral, sino a través de la resistencia y la protesta inteligente, lo cual implica que se realicen con el menor riesgo posible. Cuando digo riesgo es la no confrontación, porque en ese terreno, los demócratas siempre perderemos, por dos razones muy sencillas: no estamos armados y, además, no somos asesinos. Muy distinto a lo que pasa con ellos, que les sobra ambos elementos.
Ojalá este artículo de opinión pueda servir como instrumento de orientación para la organización:
“Recomendaciones para la resistencia en esta dictadura”
Hacer grupos en las distintas zonas de las ciudades de los estados y del país, y tratar de tener enlaces entre sí. Coordinar las horas y sitios de protestas para que no sean simultáneas -cuando se traten de las mismas ciudades- ¿Leyeron bien? ¡NO sean simultáneas! Aquí les digo el por qué no deben ser simultáneas: cuando la protesta inicial comience a ser repelida por cualquier organismo regular o irregular, replegarse, para dar paso a otra protesta en otro lugar distante, pero con la misma intensidad y con el mismo mensaje, cuando ocurra lo mismo que en la primera, darle paso a otra zona; y así sucesivamente, de esa manera durante todo el día podremos protestar sin que nuestras vidas corran peligro y de ese modo hacemos notar el descontento ciudadano. Cuando la Guardia Nacional o los paramilitares al servicio del régimen (colectivos) se agoten (se cansen del corre y corre) iniciar las protestas simultaneas hasta que el país entero esté sumido en una protesta generalizada.
Las protestas no pueden tener horario de oficina, ni dirigidas por parcelas partidistas. Allí el compromiso debe ser conjunto de todos los ciudadanos, con el entendido de que no es un llamado a elecciones sino a cambiar el sistema promoviendo la renuncia de todos los poderes. En esto un papel fundamental, como “policía Constitucional” debe desempeñar la Fuerza Armada Nacional en la protección de los derechos ciudadanos y el restablecimiento del hilo Constitucional.
Transición hacia la democracia
Claro que en algún momento habrá elecciones, pero no como se pretende ahorita, con el mismo CNE y solamente para sacar a Maduro o sustituir gobernadores o alcaldes, las elecciones a las cuales me refiero deben ser para convocar a una Asamblea Nacional Constituyente que reinstitucionalice el país que es lo que hace falta. No tengo ninguna duda de que estamos en una etapa decisiva para Venezuela. Lo peor que podemos hacer, es no hacer nada y desesperanzarnos. De esto vamos a salir. Me late que viviremos momentos inéditos en la composición de un gobierno interino que le abrirá las puertas a ese deseo que millones de ciudadanos tenemos, el cual consiste en encontrar la ruta de la transición hacia la democracia.
@pabloaure




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