Carlos Cruz
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En los últimos días. La sociedad civil se ha visto convulsionada ante la escalada de represión gubernamental producto de que la población ha salido a protestar porque simplemente se encuentra obstinada de tantos atropellos e injusticias.
En pleno Siglo XXI se vive un clima de segregación racial donde no sólo se está castrando la libertad de expresión, sino que a una parte de la población no se le permite trasladarse a ciertos sitios para manifestar su descontento, porque hay gente que piensa que los espacios públicos son de su propiedad.
El problema adicional que viven los ciudadanos es que están ante un régimen comunista que sigue los lineamientos de la pérfida y asesina dictadura caribeña que por más de 50 años tiene a su país oprimido.
Muchos políticos equivocadamente evaden el tema del planteamiento del comunismo y no comprendemos las razones, pero es extremadamente necesario entender que es allí donde está el problema.
El comunismo no cree en la democracia, el comunismo no permite la libertad de expresión, el comunismo pregona que lucha por la pobreza pero en realidad requiere de la existencia de ella para convertirlos en esclavos mono neuronales del Estado y así mantenerse en el poder mediante el engaño y las limosnas. El Comunismo actúa modificando la verdadera historia para justificar sus patrañas y sus enfermizos conceptos ideológicos, el Comunismo quiere mantener encerrado a todo un país mientras sus “líderes” lo único que hacen es saquear el tesoro de la nación para vivir como el más adinerado de los oligarcas, con la diferencia de que el dinero de los ricos es producto de su trabajo y no del robo de la nación.
Para resumir el Comunismo es la máxima escoria de la sociedad y en la Sodoma y Gomorra Socialista está un grupúsculo de seres despiadados, obesos de maldad y resentimientos vomitando el veneno de su odio en la población.
Lo que ellos aún no quieren concientizar es, que la justica tarde o temprano tocará sus puertas y pagaran ellos y su descendencia, todos los robos, asesinatos y demás fechorías que han cometido.
La justica nacional e internacional caerá como lluvia de fuego reeditando el trágico fin de aquéllas dos bíblicas ciudades y de su doctrina no quedará nada en la faz de la tierra para dar inicio a una nueva nación que de la mano de Dios nos devolverá la paz, la unión, la libertad y el progreso.




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