COMPARTE

La visita a páginas, programas, plataformas, buscadores y otros sitios de Internet es hoy una actividad frecuente, casi obligada por exigencias de la modernidad. Cuando decimos “casi”, es porque dejamos fuera, con el debido respeto, a quienes no han desarrollado aun la “adicción” cibernética; o quizás, por consideración a quienes no están en condiciones  de acceder a una computadora (¡la economía!). ¿Por qué hay personas que no acceden a la Internet? Quizás no pueden pagar los costos del acceso al servicio, o no hay proveedor en la zona donde habitan, o en el país donde viven. Pero, todavía hoy, en pleno siglo XXI, hay quienes le tienen miedo a una computadora, y a algo tan cercano, común y divulgado, como un teléfono celular del tipo “smart” (inteligente). Sorpresas increíbles, atribuibles a personas de pensamiento rígido, nos encontramos en Internet. En una ocasión, cuando andaba de curioseo en la red, conseguí un cuento que me sirvió de ejemplo para hablarle a mis alumnos sobre las posturas mentales rígidas (paradigmas) que utiliza la gente. Son vicios mentales, de un origen social/cultural, muy conocidos. No son nada anormal, ni una enfermedad mental, pero tenemos que cuidarnos de tantos perjuicios que trae. Me refiero a quienes parten de alguna observación inmediata, rápida, poco detallada, y con ligereza extraen conclusiones, tan sorprendentes, que nos dejan boquiabiertos.

en pleno siglo XXI, hay quienes le tienen miedo a una computadora

Para no caer yo mismo en el pecado de ligereza voy a contarles el cuento. Comienzo con: “había una vez un científico que tenía a una ranita como su animal de compañía. La ranita saltaba, croaba y hacía caso omiso al científico. Con mucha insistencia, el científico llegó a adiestrarla, de manera que cuando le hablara el animalito respondiera con una conducta  determinada. La entrenó para que cuando pronunciara la palabra “salta” la ranita saltara. El experimento iba bien. Poco a poco la ranita comenzó a hacer caso a su cuidador. Cada vez que le ordenaba, ella saltaba. El científico quiso comprobar la calidad del aprendizaje de la rana: Buscó probar otro tipo de reacciones ante sus órdenes. Le quitó una patita a la rana, y le dijo: “salta”. La ranita, a duras penas, y con una sola patita, pudo saltar. Pero él quiso hacerlo algo más complicado; entonces le amputó la otra patita. Volvió a ordenarle: “salta”, pero la ranita no se movió. Muy cerca del experimento, el cuidador de la rana, que siempre observaba lo que hacía el científico, llegó a una conclusión sobre el experimento: Él pensó que cuando a las ranas se le quitan las patas, se vuelven sordas, y es por esto que no pueden escuchar las órdenes que les den”.

Así concluye la narración del cuento. Esta conclusión apresurada sobre la conducta de la rana tiene igual base que tantas otras conductas en los seres humanos. El hecho es que creemos en una premisa o supuesto, sin que hayamos probado antes su verdad, y a partir de allí, sin discusión, sacamos conclusiones que van a utilizarse para tomar decisiones de mucha importancia, a iniciar acciones que podrían resultarnos en efectos muy costosos. Esta manera de pensar estableciendo relaciones entre una situación y otra, sin que éstas existan realmente, sin que se prueben con evidencias, es una de las manifestaciones más características del denominado pensamiento mágico, típico de los niños a corta edad, que también utilizamos los adultos cuando nos cargamos emotivamente y perdemos el control. ¿Cuántas personas piensan con un razonamiento igual a como lo hacía este ayudante del científico de la rana? Si usted se dedica a observar a sus alrededores, seguramente que constatará que hay mucha gente que piensa de esta manera tan simple, como pensaba el auxiliar del científico. ¡Cuidado con contaminarse! ¡No se quede jamás con una impresión a primera vista, porque las apariencias pueden engañarle, una vez más!




Estimado lector: El Diario El Carabobeño es defensor de los valores democráticos y de la comunicación libre y plural, por lo que los invitamos a emitir sus comentarios con respeto. No está permitida la publicación de mensajes violentos, ofensivos, difamatorios o que infrinjan lo estipulado en el artículo 27 de la Ley de Responsabilidad en Radio, TV y Medios Electrónicos. Nos reservamos el derecho a eliminar los mensajes que incumplan esta normativa y serán suprimidos del portal los contenidos que violen la Constitución y las leyes.