Foto El Comercio de Colorado

A pesar de afrontar una crisis humanitaria por la llegada masiva de inmigrantes enviados por gobiernos republicanos de la frontera, Denver aún recibe sin limitaciones a estos extranjeros, que ya enfrentan restricciones en las ciudades de Chicago y Nueva York, que han afrontado esta misma problemática.

Los alcaldes Brandon Johnson y Eric Adams, de Chicago y Nueva York, respectivamente, decretaron a finales del año pasado restricciones para los autobuses repletos de migrantes que les envía principalmente el gobernador de Texas, el republicano Greg Abbott.

Sin embargo, el alcalde de Denver, el demócrata Mike Johnston, mantiene las puertas abiertas a los migrantes, aunque sabe que la situación es financieramente «insostenible» para la ciudad.

La tensión social y financiera en la capital de Colorado es evidente.

Cuando la venezolana Andreína llegó a Denver en los últimos días de diciembre junto a su familia, no anticipó pasar el Año Nuevo en un improvisado campamento del centro de la ciudad junto a otras 300 familias venezolanas.

«Necesito ayuda con alimentos. No tengo auto y no puedo llamar a los bancos de comida porque no tengo teléfono que funcione en Estados Unidos», dijo a EFE Andreína, quien pidió no usar su apellido.

El venezolano Gabriel, casado y con hijo pequeño, llegó a Denver el 1 de enero en un autobús proveniente de Texas en el que también viajaban otros 60 compatriotas suyos.

«¿Quién me puede ayudar? Necesito un mercado para mi hijo. Una donación de alimentos. Estamos sin trabajo», comentó Gabriel a EFE.

Por lo menos 36.000 migrantes han llegado a Denver desde que a mediados de 2022 comenzaron a llegar los llamados «buses fantasmas» e incluso aviones desde Texas con los inmigrantes, muchos de ellos desconociendo su destino.

Denver se ha convertido en la ciudad con el más alto porcentaje per cápita de nuevos inmigrantes venezolanos.

Los senadores federales de Colorado, los demócratas Michael Bennet y John Hickenlooper, y otros cinco congresistas demócratas estatales pidieron a la Agencia Federal de Administración de Emergencias (FEMA) la activación en Denver del Programa de Alojamientos y Servicios.

Desde noviembre de 2022 hasta ahora, Denver ha destinado casi 40 millones de dólares en fondos propios para proveer de alojamiento, comida y servicios básicos a los recién llegados.

Y esa cifra llegaría a 180 millones de dólares durante 2024, informó el miércoles el alcalde Johnston, quien sostuvo que esa opción (que representa casi el 5 % del presupuesto anual de la ciudad) resulta «insostenible».

Otras gestiones de ayuda también se están quedando sin fondos. Hace seis semanas los concejales de Denver donaron 330.000 dólares para ayudar a decenas de niños venezolanos durmiendo en la calle.

«En vez de comprar muebles para nuestras oficinas o irnos de viaje, decidimos usar nuestros fondos para esto», expresó la concejala Amanda Sandoval, del Distrito 1 de Denver, donde se concentran los campamentos de venezolanos.

Este martes, el Concejo aprobó un contrato de 1,4 millones de dólares con SNAP Colorado para proveer de alimentos a los inmigrantes alojados en albergues municipales.

Los concejales también anunciaron la exitosa negociación con la Junta Nacional de Alimentos de Emergencia (NBEF, en inglés) para acceder a un subsidio de 1,6 millones de dólares destinado a proveer servicios de alojamiento para las familias recién llegadas, que se suma a otros 1,4 millones de dólares recientemente aprobados para que la Arquidiócesis de Denver aloje a migrantes.

Este subsidio se gestionó debido a «la acumulación durante meses de amontonamiento de ropa, muebles y bolsas de basura» en los campamentos de venezolanos en Denver, hasta llegar al nivel de que «esos lugares ya no son seguros», afirmó este miércoles Jon Ewing, portavoz del Departamento de Servicios Humanos de Denver.

«Es inhumano. No es bueno para las personas que se quedan allí. Esta semana hará frío. Buscaremos que tengan un techo sobre sus cabezas. Eso también nos facilitará trabajar con ellos y llevarlos a una mejor solución», agregó.

En la actualidad, dijo Ewing, Denver provee alojamiento a unos 4.500 inmigrantes y se espera que varios cientos más sean trasladados a albergues municipales en los próximos días. Pero, aún con los fondos disponibles, el proyecto no duraría más de un mes, según el portavoz.

Por otro lado, las organizaciones de ayuda comunitaria (bancos de comida, iglesias, centros comunitarios) ya no cuentan con los recursos para ofrecer servicios a los recién llegados.

Esta semana, el alcalde Jonhson de Chicago expresó que Abbott «está decidido a seguir sembrando el caos» al iniciar «la muy peligrosa tarea de colocar personas en aviones y llevarlas a nuestras distintas ciudades».

Jonhson, que impuso en noviembre pasado restricciones a autobuses y aviones con inmigrantes enviados desde Texas, dijo que Abbott promueve «esa clase de caos que ciertamente divide al país».

La semana pasada, su homólogo de Nueva York también activó restricciones al arribo de autobuses de inmigrantes a esa ciudad, a la que antes llegaban hasta 14 autobuses diarios, sumando en total unos 160.000 migrantes en poco más de un año.

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