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Por lo general, trato de dedicar estos artículos y otros escritos a denunciar los horrores que perpetra la hegemonía que despotiza y depreda a Venezuela. No me agrada analizar de manera crítica la actuación de los principales sectores de la oposición política. Prefiero destacar lo positivo, cuando corresponde, y no insistir en lo negativo, que bastante se hace desde la maquinaria de propaganda de la hegemonía y, para qué negarlo, desde no pocas trincheras opositoras.

sin unidad opositora sólo habrá continuismo oficialista

Pero hay momentos en que es necesario reflexionar en voz alta y si es posible por escrito. Este es uno de esos momentos, porque el 2016 termina –y el 2017 empezará, en un contexto de gran agobio nacional, y también de desanimo, no sólo por los referidos horrores que genera el oficialismo rojo, sino por la percepción de incapacidad para hacerles frente, por parte de la plataforma de la oposición venezolana.

Los voceros más reconocidos de la Mud suelen identificarla como la Unidad, así como el nombre propio de una entidad. Y la Mud fue concebida para eso: representar a todo el espectro de la oposición democrática, sobre todo en la participación de procesos comiciales. Esa concepción está vigente, porque sin unidad opositora sólo habrá continuismo oficialista. Pero esa concepción no se está llevando a la práctica con la amplitud debida, sino más bien con cierta ufana imposición.

Ello significa que Mud y unidad están dejando de ser términos equivalentes. Mala noticia para la causa democrática y buena noticia para la hegemonía roja. Todos los factores principales de la oposición política deben meditar al respecto, comenzando por aquellos que tienen más influencia en la Mud. De ello depende la Unidad real, así con mayúscula. Y sobre todo depende que esa Unidad sea eficaz como promotora de verdaderos cambios de fondo, los cambios que la mayoría de los venezolanos ansía, y que parten de la superación constitucional del régimen que representan Maduro y los suyos.

Este es el verdadero desafío de la Unidad. Si ésta no se orienta con todas sus energías en esa dirección, se estará malbaratando un bien muy preciado, o la conciencia de que se debe trabajar unitariamente, aunque se tengan diferencias de enfoque y hasta de perspectiva. Pero en lo que no debe haber fragmentaciones es en el compromiso y necesidad de abrir una nueva etapa de la trayectoria nacional, para que Venezuela pueda irse levantando de su postración. Un gran desafío, no hay duda.

 

 




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