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Por Luis Enrique Vizcaya

Desde mi condición de universitario me he sentido compelido a  escribir estas notas sobre Ricardo Maldonado. Su sorpresiva partida abrió un torrente de emociones y sentimientos, que arrasó con la cerca divisoria entre los que lo amaban y los que lo adversaban, por lo menos momentáneamente. Esto, solamente explicable,  desde lo que significó su diligente e intensa presencia en la vida universitaria de las últimas cuatro décadas.

“él era uno de los pocos artífices de lo que ocurría en la vida política universitaria”

Siento que debo hacerlo con la mayor transparencia y la genuinidad de haber  transitado con él el territorio de las coincidencias y las diferencias, casi nunca coincidimos en los procesos rectorales y teníamos apreciaciones sobre la universidad no siempre coincidentes. La experiencia y conclusiones que obtuve en ambas situaciones fue el reconocimiento de su peso político y su profundo conocimiento de la universidad y del comportamiento político de su comunidad. Entre otras cosas porque él era uno de los pocos artífices de lo que ocurría en la vida política  universitaria, moviéndose con una gran capacidad de trabajo, organización y disciplina.  Dejando como legado una fuerza  profesoral, también administrativa, de activo protagonismo en la vida de la UC ,la región y el país.

Fue en la coincidencia y en la diferencia donde descubrí y constaté el sentido trascendental  que tenia de la política, su intuición y su sentido estratégico. No trabajaba para un día o un episodio. Su vocación de poder y su vocación universitaria se hicieron una sola pasión, pasión que llevó más allá  de los cargos que representó, tornándose intensa en la preocupación por el destino del país. No hubo marchas, manifestaciones, repartos de propaganda, declaraciones, actos, por la universidad y el país donde no coincidiese con Ricardo  Maldonado. Otros tuvieron estos mismos cargos y pasaron como viajeros que van en posta.

Ricardo Maldonado apareció en la política universitaria desde la década de los 70. Emergió desde una generación de comprometido liderazgo con el país y la universidad. Fue Presidente del Centro de Estudiantes de la Escuela de Administración y Contaduría, salido de la lucha por la Renovación Universitaria del año 69. Integró el grupo Tupamaros de FACES,  junto a Roraima Quiñones, Lique García, Pipo Plaza y otros connotados dirigentes estudiantiles, de mucho activismo académico y político.

Desde su cátedra profesoral, que nunca dejó de ejercer, aún siendo Rector en dos oportunidades, saltó a la Presidencia de la APUC y al Decanato de su  Facultad, todo esto sin dejar de mencionar que fue también Consejero Universitario y miembro de innumerables comisiones, es necesario resaltar la comisión de Arte que llenó de obras de arte el campus universitario. Así mismo fue el creador del Palmetum Universitario, una importante colección de palmas implantado en el paisaje universitario

No hay modo alguno de escribir la historia reciente de nuestra universidad, ignorando la presencia de Ricardo Maldonado y ni sus más enconados adversarios, muchos de ellos beneficiarios de sus esfuerzos políticos, podrán obviar su significación histórica. No es posible eludir la tentación de preguntarnos ¿Es posible desarrollar toda esta trayectoria sin haber tenido una buena colección de adversarios?

 

 

 

 

 




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