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Antonio Guzmán Blanco, decía ser sobrinonieto de Bolívar, pues el padre de éste era sobrino de María de la Concepción Palacios y Blanco, madre de Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar y Palacios. Guzmán Blanco gobernó desde Paris, su “dorado autoexilio” a la Republica recién independizada de España, por medio de “marionetas” que solo hacían lo que el “autócrata civilizador”, como sus áulicos entre otros cognomentos le daban.

Fue Guzmán Blanco quien comenzó a llamar al “tío Simón”, “El Libertador” y fue también quien sustituyo el “peso” como unidad monetaria por el “bolívar”.  “Tremendo daño” se diría después el que le hizo al tío el “sobrino”, pues socarronamente se le llama “bolo”; mayor desprecio no podría ser el que al Padre de la patria se le confunda con esa voz jergal tomada probablemente del gitano “bulo” “porquería”, “excremento”.

En el cambio de significado –se dice– pudo influir “bola” (mentira) en Venezuela coloquialmente “se corre una bola” es expresión que se usa para significar “cosa incierta”, mentira.  Pero ningún régimen como el que por 18 años ha gobernado este país, ha usufructuado tanto como éste para “arroparse” con el nombre glorioso de quien no era político sino un soldado, no un mito, una leyenda, como algunos pretenden, que tenia la “enfermedad” de la libertad, tanto es así que no conforme con haberla sembrado en su suelo natal la afincó en otras cuatro naciones de esta “América mestiza” como diría ese hombre de letras que era Arturo Uslar Pietri.

“Mercaderes de la política” serían quienes “han ordeñado esta “ubre petrolera” autodenominándose “bolivarianos” si realmente son lo contrario, pues Bolívar creía en la emancipación de los pueblos y nunca fue marioneta de ningún dictador, fuera barbudo o lampiño, ni tampoco pondría el oro venezolano en manos extrañas, ni entregaría a cambio de sostenerse en el poder ese “jugo de la tierra” que es el “oro negro”, a ningún déspota a cambio de apoyo militar o político.

Bolívar es patrimonio de todos los venezolanos hayan o no nacido en este “cuero seco”,  Bolívar no fue, ni jamás será político –si viviera– no permitiría que su nombre sirva de sombra para sombríos desvaríos, es más, promulgaría una Ley que impidiera que su nombre cobijara ansias de poder, Bolívar no puede ser mercancía de la política, prueba de ello es que renunció a la alícuota hereditaria que le correspondía por ser hijo de su padre y mire si ésta sería grande que la mitad de los Valles de Aragua pertenecía a su familia que era parte de la “godarria” que “por Real Cédula” gobernó éste país antes que fuera independizado por el “tío Simón”.  Parafraseándolo hoy diríamos: “Si la dictadura se opone lucharemos contra ella y haremos que liberen a todos los que están en prisión por amor a la libertad como la amó Bolívar.  Parafraseando al gran poeta de América, el nicaragüense Rubén Darío, recordemos lo que él decía: “Libertad divino tesoro que te has ido, pero ¡Volverás!  Cuando quiero llorar no lloro y a veces lloro sin querer.

APOSTILLA: “A todo Napoleón le llega su Santa Helena”. En Venezuela decimos: “A todo cochino le llega su sábado”.  Ya lo veremos.  N.B.: La democracia es ignifuga, es decir, inmune al fuego, por más que haya piromaniacos que la asedien, como es el caso de este país.

*Marioneta es persona de escasa voluntad que se deja manejar por otra.




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