Las diezmadas huestes de Lukashenko marchan en su apoyo en Minsk
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Mientras todos los domingos cerca de 100 mil ciudadanos salen a las calles de Bielorrusia para exigir la renuncia del sempiterno presidente Alexandr Lukashenko, sus seguidores hacen menos ruido: marchan una vez a la semana en grupos mucho más pequeños entre banderas rojiverdes en apoyo del mandatario.

Las diezmadas huestes de Lukashenko marchan en su apoyo en Minsk
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“He viajado 150 kilómetros para expresar mi apoyo a nuestro querido Batska” (padre), afirma a Efe Zina, de 53 años, que no se corta al ahora de llamar con ese mote familiar al presidente, mientras marcha junto a otros doscientos partidarios del mandatario por las calles de Minsk.

Contra los “nuevos fascistas”

Se niega a decir de dónde vino, ya que según ella, teme provocaciones y el acoso de “los nuevos fascistas que quieren destrozar Bielorrusia y venderla a trozos a Polonia, Lituania, la República Checa y Estados Unidos”.

Los manifestantes llegan poco a poco a la Plaza de la Independencia. Algunos empuñan las banderas del oficialismo.

“Viajo todos los años a la región de Lvov, en Ucrania. Es un dolor de cabeza, porque ellos nos odian, ellos quieren que aquí entre la OTAN”, comenta a Efe Elena, de 65.

Lleva jubilada varios años, y antes era conserje en una escuela; considera fascistas a todos los que no votaron por Lukashenko en las elecciones del pasado 9 de agosto.

“¡Leen cualquier cosa en internet y se dedican a Dios sabe qué! ¡Sinvergüenzas”, espeta.

La familia de Batska se reduce

Anteriormente los bielorrusos solían llamar Batska al presidente, debido a su forma paternalista de hablar con la gente y responder por el país como un patriarca a cargo de una gran familia.

Sin embargo, ya son pocos los que lo llaman de ese modo, que ha quedado reservado para sus partidarios políticos.

A la hora marcada por la convocatoria, en la plaza hay unas ochenta personas y pocos minutos después el grupo crece hasta doscientas personas, de las cuales la inmensa mayoría son mujeres entre los cincuenta y los sesenta años de edad.

La instrucción a los manifestantes es simple: “Si son objeto de algún ataque, deben responder con declaraciones de amor”.

Herencias soviéticas

La marcha parte al son del himno de Bielorrusia, que alterna con canciones patrióticas de la II Guerra Mundial, hacia la Plaza de la Victoria, donde tras un minuto de silencio ponen una corona junto a la llama eterna en honor a los caídos.

Aunque la política es un tema de conversación de quienes marchan, la mayoría tiene otras inquietudes, más inmediatas: sus hijos, nietos, la cosecha, recetas de remedios tradicionales.

“Me duelen las piernas, soy una paciente de oncología, pero aquí estoy. Es necesario apoyar al presidente, no podemos fallarle”, dice Liubov, de 68 años.

Aunque sus hijos le piden que se cuide, ella afirma que, como para cualquier persona de la época soviética, “el partido es lo primero”.

“Pronto me moriré, pero no puedo permitir que otros destruyan lo que hemos construido durante tanto tiempo con Lukashenko. Él hace todo por nosotros, y estamos obligados a apoyarle”, explica.

Dos bielorrusias distintas

Muchos transeúntes graban vídeos del paso de la columna, unos jóvenes se ríen en la cara de la multitud.

“A ustedes también les amamos”, grita una señora entrada en los treinta que lleva una bandera rojiverde: “¡Defendemos a Bielorrusia! Toda la gente normal votó por Lukashenko”.

Tras las elecciones del pasado 9 de agosto, en las que Lukashenko fue declarado vencedor con un 81 % de votos a su favor, y que fueron declaradas fraudulentas por la oposición y la Unión Europea (UE), el país se ha vuelto escenario de multitudinarias protestas que piden la renuncia del mandatario, en el poder desde hace 26 años. EFE




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